Capítulo IX. Las Fiestas

653 Palabras
A pesar de la dureza de mi madre, había un espacio en el que ella era permisiva, me llevaba a tomar con ella y su nuevo novio a bares en donde bailábamos, a mí me encanta bailar, soy muy buena bailando todo tipo de música, así que la acompañaba, en esos lugares mi madre comenzó a compartirme cerveza y la sensación que me produjo el alcohol me enganchó, podía olvidar todo, el dolor, la soledad, la angustia por la vida. Estaba creciendo y me sentía incapaz de enfrentar la vida, no era buena estudiando, y no lograba que alguien me amara para siempre, debía resolver esta situación rápido. Mi madre me había cambiado del colegio ñoño, a un colegio en donde llegaban estudiantes expulsados de otros centros escolares, parecía una cárcel, revisaban las mochilas buscando drogas, y habían treinta compañeras y compañeros en el aula y eran más divertidos, en este lugar si me sentía aceptada, mis nuevas amigas eran interesantes, algunas de ellas mucho mayores que yo porque habían repetido grado varias veces, o habían dejado la escuela por algún embarazo y habían regresado ahora a terminar la secundaria. Esto si era estar en bachillerato. Comenzaron a invitarme a las fiestas y yo era muy popular, bailo muy bien, como les he contado y eso era muy atractivo, sabía ponerme ropa que causara conmoción, así que siempre había una invitación para mí. Como mi madre no estaba dispuesta a irme a recoger a las fiestas, comencé a quedarme a dormir en casa de mis amigas, y allí también comenzaron a quedarse amigos, con quienes después de tomar alcohol, las cosas se ponían intensas y terminaban en situaciones que no siempre recordaba bien al siguiente día, pero que me hacían sentir deseada por otros, me sentía especial, muy especial. Mi madre hablo con mi padre y le dijo que ya no podía controlarme y que necesitaba que me llevaran de nuevo a su casa, y así fue, el regreso fue complicado, porque mi madrastra estaba muy preocupada por mi nueva actitud, la libertad con la que hacía cosas que ella consideraba destructivas, ella tuvo contacto de primera mano con los lugares a los que iba a las fiestas, y le advirtió a mi padre que no parecían lugares seguros y adecuados para mi edad, él me permitía quedarme en casa de amigas, pero sin saber que habían hombres allí y mi madrastra se lo dijo, por lo que comenzamos a tener una relación tirante con ella, no comprendía que yo ya era una mujer y que sabía que hacer con mi vida, bueno, aún no sabía que estudiaría en la universidad pero si sabía que hacer con mi vida social. Ella era un poco ñoña, no tomaba ni fumaba y tenía alma vegana aunque comía carne para no preparar más alimentos, era un poco tontita a mi forma de ver, no tenía contacto con el verdadero mundo que yo estaba conociendo y que me encantaba. Yo sabía que un día iba a conocer al amor de mi vida, y dejaría de vivir con mis padres para iniciar una vida hermosa para siempre, siendo la reina de un hombre que me adorara sin fin, por lo que mi madrastra solo debía soportarme un par de años más. Al final de ese año, el resultado escolar fue, que aplace todas las asignaturas a excepción de deporte e informática, mi padre me echó de la casa, y nuevamente mi madrastra me ayudo a trasladar mis cosas a la casa de mi madre. Yo me sentí aliviada, en la casa de mi padre habían demasiadas reglas y yo no quería estar bajo esas normas tan ñoñas, no tomar, fiestas a las que me iban a recoger a las doce de la noche, etc, por favor!! Si ya tenía dieciocho años, era toda una mujer. Me deberían haber dado un vehículo para no tener que estar controlándome tanto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR