Son las cinco de la mañana y estoy tumbado con ella en brazos, pensando en todo lo que tengo que cambiar en lo que a ella respecta. Algo tiene que cambiar, sobre todo conmigo. Soy el imbécil y no podemos seguir así. Por primera vez desde que la conozco, finalmente me admito que siento algo por ella y necesito mostrarle esa faceta mía. Necesito soltar el odio ardiente que siento por ella y mostrarle mi otra cara. La que nunca ha visto y que probablemente ni siquiera cree que exista. Después de un rato, suspiro y cierro los ojos, deseando dormir pronto. Es curioso que ahora sienta que encaja a la perfección conmigo, como si estuviéramos hechos el uno para el otro... Lo siento, mamá. Siento que te traiciono, pero ya no quiero odiarla ni hacerle daño... Es mi último pensamiento antes de sucu

