Cuando llego a casa, voy directo a su habitación para ver dónde se esconde. No sé por qué siento la repentina necesidad de poseerla. Odio que me moleste, y por eso siempre siento que me arde la piel al pensar en ella. Tengo la pequeña esperanza de que le esté pasando lo mismo, porque no puedo ser la única que sufre. En cuanto entro en su habitación, me doy cuenta de que está vacía y que lleva así un tiempo. ¿Dónde demonios está? Ahora estoy cabreado, preguntándome dónde demonios se ha metido, ya que no ha ido a clase. Más le vale estar lista para responderme cuando llegue a casa. Vuelvo a la cocina a picar algo. Llevo dos segundos sentado a la mesa cuando veo un coche detenerse frente a casa. Papá tiene un monitor aquí cuando está en casa para vigilar el lugar. Tenemos seguridad para es

