"Te he demostrado hoy, que follar no solo es penetración y que no es necesario tocar para estremecer". Me repetía esa frase por vigésima vez en mi cabeza. A pesar de que lo que se repite varias veces pierde encanto, con esas palabras sucedía totalmente lo contrario. Cada músculo de mi cuerpo se tensaba ante el recuerdo de aquella voz. Con mi mano acariciaba lentamente mi barriga...queriendo llagar a más. El maldito olor a menta vuelve, puedo sentirlo. Incluso imagino nuevamente la sensación refrescante que producía el caramelo sobre mis pezones. Lo recuerdo todo, justo ahora, como si lo estuviese viviendo otra vez. La mano baja un poco más, despacio, disfrutando de cada milímetro antes de llegar a ese punto que me vuelve completamente loca. Son esas manos que nunca sentí en mi cuerpo las

