Olas de placer revuelven mi cuerpo. Su mirada apoya sabrosamente a sentirme cada vez más cerca de perder la compostura. Baris introduce la punta de su lengua, volviéndome loca, castigándome, devorándome. Una sensación deliciosa en mi cuerpo me indica que estoy a punto de correrme. Enzo levanta una ceja retándome. Incluso una media sonrisa sale de sus labios al sentir el gemido más alto que he soltado hoy. Estoy a punto de... Me separo de Baris, dejándolo completamente aturdido. No se esperaba esto. —Lo siento cariño, soy impredecible ―expreso mientras tomo veloz el teléfono y cuelgo la video llamada—. Tal vez la próxima vez sí merezcas más. Me iba a poner la braga, pero se me ocurrió algo mejor. ―Toma —se la entrego en sus manos―, por daños y prejuicios. Salgo del baño veloz. Eil

