Se hizo un silencio extraño entre nosotras. Hasta que ella rompió la tensión. —¿Y qué quieres tú? Esa pregunta me atravesó. —No quiero ser otra sombra más. No quiero ser un nombre perdido en la historia del clan. Si él cree que puede usarme, que también sepa que yo puedo doblarlo si es necesario. —¿Doblarlo? Sonreí sin humor. —Las serpientes saben morder, pero también saben cuándo huir. Kaeda suspiró. Se notaba que quería advertirme algo más, pero no lo hizo. En su lugar, deslizó un pequeño rollo con los últimos informes: rumores de un grupo interno que no estaba de acuerdo con la cercanía de Hiroshi con mujeres del clan. Guerreros que consideraban impura la idea de una líder con sangre aún fresca en las manos. —No son muchos, pero están bien posicionados —dijo ella—. Si te acercas

