Pov Fernando Mi compañero fiel no parecía del todo contento con su cometido, según él y toda persona cuerda en este mundo, yo debiese estar en una cama, recuperándome, pero no podía hacerles caso, necesitaba verla. Golpeé la puerta con suavidad, cerrando los ojos al sentir mi corazón latir con más rapidez, pero no lo suficiente para ser doloroso, quizás estaba mejor. Fue Paula la que me dejó pasar, fue Enrique el que miró hacia todos lados, sin comprender mucho y fue Cleo la que se refugió en la pared más lejana. - ¿Sabías que vendría? —exclamó, dirigiéndose a su amiga de toda la vida y sentí la culpa de que ellas pudiesen discutir, pero, insisto, necesito verla. - Necesitan hablar, es mejor aquí, los niños están durmiendo, espero que puedan comportarse como adultos. Nos deja

