Pov Cleo Enjugué mis lágrimas con la orilla del edredón, observando de reojo su duda, sus largos dedos rodeando la manilla de la puerta y mi pecho comenzó a llenarse con una suave sensación de esperanza, prometiéndome a mí misma que si se quedaba, todo sería distinto. - No te preocupes por la habitación, está pagada hasta mañana si quieres —su voz, tan neutra y, si no lo miraba a los ojos, era imposible adivinar qué pensaba. - Pero… - Pide lo que desees a la habitación. - Fernando —gemí, saltando de la cama, desesperada, viéndolo salir y no poder evitarlo— no, no, no —sentí la impotencia de que mi desnudez fuese una demora, buscando mi ropa repartida por el suelo, pero las lágrimas no me dejaban ver, lamentando no haber hecho caso a mi instinto esa mañana de que solo

