Pov Fernando Di otro paso hacia atrás, consciente de cada movimiento de mi cuerpo y esperé, a ver si decía algo más, como si existiese la posibilidad de que saltara de la cama y se riera de mí, diciéndome “Lo creíste”, pero eso no sucedió, ni siquiera cuando mi espalda chocó con la puerta del baño. Entré y cerré, poniendo el pestillo, viendo en el espejo mi rostro perplejo “Es un sueño” me repetía incansables veces, “ella sólo está soñando” y comprendí, de una manera casi dolorosa, cuánto es que ansiaba poder escuchar algo parecido de sus labios, sentir que ella me necesitaba, que me quería a su lado. Salí, mucho tiempo después, con el rostro húmedo y una verdad gritando en mi cabeza, pero, aunque pecara de testarudo, me recordé que esta era mi noche. Quitándome la ropa lentamente, por

