2.2 El Fin

1039 Palabras
Camila Abrí los ojos a desgana, sentándome en la cama al sentir un ruido, estaba oscuro afuera, pero ya era de día, sólo una mañana otoñal. —Soy yo —Jeremy se asomó desde el closet, con su uniforme de colegio en los brazos— me ducharé para ir a clases ¿Irás? — ¿Qué hora es? —Siete, si no te molesta, pretendía pasar por Anabel, quiero tantear un poco y ver si me dejará ir a buscarla para hablar. —No vino —susurré. —A veces los vuelos se retrasan, en esta época el frío y los vientos… —Mi teléfono tuvo un accidente y ni siquiera podrá llamarme, probablemente te llame a ti, dile que venga aquí —asintió con el ceño fruncido— voy a vestirme, le diré a mamá que me lleve, no te preocupes por mí. —Gracias y me avisas si sabes algo —presioné mis ojos con fuerza, diciéndome que aún no había motivo para llorar, pero es que otra culpa se agregaba a mi alma, era este día, este horrible día para él y yo… soy malvada ¿Cómo pude dejarlo solo en un día como hoy? Me duché rápidamente y me vestí, comprobando en el espejo que todo estuviese impecable, agarré mi mochila ya preparada y bajé a la cocina, Sophia tomaba el desayuno junto a los niños, los tres me observaron preocupados. — ¿Cómo estás? —Bien, ¿Me llevas? —Sí, salgo en diez minutos. — ¿A qué hora llega David? —Ignacia sonreía, expectante. —No lo sé, se suponía que, al amanecer, quizás… se atrasó su vuelo —originalmente había planeado no ir a clases hoy, para estar juntos todo el día, pero no me sentía capaz de estar sola en esa casa, esperando por algo que cada vez se veía menos posible. —Lo llamé la semana pasada, dijo que me traería una muñeca y un auto a control para Joaquín, él nunca nos mentiría. —Probablemente no —Sophia suspiró y me estiró un pocillo con leche y cereal— debes comer algo —cuando me vio sentada, miró fijamente mis ojos— debo viajar, los niños se quedarán con Pablo ¿Irás con ellos? —mis ojos se abrieron enormes, no podía pedirme eso justo este día. —Por favor… —Te haces responsable, porque imagino que Jeremy estará aquí. —Si algún plan cambia, te aviso. — ¿Le dirás que vaya a vernos? —Joaquín me miraba con sus ojitos tímidos y se hizo un nuevo nudo en mi garganta. —Claro que se lo diré. Me arrepentí de haber salido, toda la mañana mordiendo mis uñas, esperando la hora de irnos. Anabel se fue con Jeremy y yo tomé el autobús, deseando ya estar en casa, encajé la llave con manos temblorosas y corrí escalera arriba, una corazonada me decía que algo bueno iba a pasar, abrí la puerta del ahora dormitorio de Jeremy y lo encontré vacío, contuve la respiración, revisando algún indicio de su presencia, pero hasta la ventana estaba cerrada. Aunque mi mente trataba de enviarme las señales, me negué a creer que todo estaba acabado y fui a cambiarme por un buzo, regresando a esperar. Creo que me quedé dormida, porque cuando la puerta se abrió, me sentí levemente mareada, Jeremy estaba asomado, mirándome, con el ceño fruncido, dudando entre pasar o no. — ¿Y si lo llamas? Desde mi celular, no tendría por qué no contestarme, siquiera para saber si vendrá o si tienen alguna oportunidad de hablar. — ¿Cómo te fue? —se encogió levemente y suspiró. —Le dije todo, hablamos hasta ahora, pero dijo que lo pensaría —su mandíbula se contrajo fuertemente y chispas azules salieron de sus ojos— no fue una negativa, pero no entiendo qué tan difícil puede ser, o sea, si realmente me ama. —Dale tiempo, sólo te está castigando. —Eso es lo que más molesta, verla tan tranquila, como si supiese exactamente qué va a suceder. —Porque lo sabe, sólo espérala un día más, ya verás… —Quiero… —me interrumpió, pero dudó en el último segundo— quiero no pensar en ella, por unas horas. —Uf, ya quisiera yo dejar de pensar en David —me arrodillé sobre la cama y él entró por fin, cerrando la puerta, dejó la mochila frente a mí y sacó una botella de tequila y dos pequeños vasos de shot. — ¿Te animas? —sólo me bastó sonreír y terminó de sacar un paquete de frituras— voy a ponerme algo más cómodo. Regresó pocos minutos después, con un short de algodón y camiseta, mientras yo elegía algo de música para alegrar el ambiente, nos sentamos frente a frente, riendo, esto era una locura y si Sophia lo supiera, recibiríamos un castigo por el resto del año. —De un trago, si lo pruebas duele más —sirvió cada vasito hasta la mitad y me entregó uno— porque la espera no sea tan larga —el líquido quemó mi garganta y mi esófago hasta caer como una roca ardiente en mi estómago— mierda, quema. —Duele, duele —exclamé, dándome aire con las manos, hasta que nuestros quejidos se calmaron y nos largamos a reír— pudiste elegir algo más suave. —No, recuerda que se trata de no pensar —sirvió dos más, con manos temblorosas. —Porque podamos mejorar la comunicación —me sacudí con fuerza mientras sentía el líquido bajar, pero esta vez no fue tan desagradable, ya en los siguientes, apenas molestaba, facilitando la risa y los motivos de nuestra deprimente celebración, olvidar, sentía la lengua adormecida y de alguna manera trataba de mantener una conversación coherente. Una corriente de aire me hizo estremecer, acercándome a mi fuente de calor, me acurruqué en su pecho, sintiendo sus brazos envolverme, nuestras piernas ya estaban lo suficientemente enredadas, absorbí suavemente por mi nariz, esperando encontrar mi aroma preferido en el mundo, pero, aunque no era desagradable, no era lo mismo y mis ojos se abrieron al mismo tiempo que un grito trataba de salir por mi garganta. — ¡Jeremy! ¿Qué hicimos?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR