La noche estaba en silencio absoluto, como si el mundo se hubiera detenido por un instante. Afuera del motel, las ramas de los árboles chocaban suavemente contra las ventanas por la brisa fría que recorría la carretera. Dentro de la habitación, Ethan se retorcía entre las sábanas, con gotas de sudor resbalando por su frente. Dormía. Pero no estaba descansando. Todo era fuego. Las calles estaban completamente destruidas, cubiertas por un cielo rojo intenso, agrietado, como si se estuviera desmoronando. Edificios colapsados. Autos en llamas. Cuerpos calcinados. Y él caminaba en medio de todo ese infierno... sin miedo. Sus botas aplastaban los restos del mundo. Personas gritaban a su paso, extendían las manos, pero él no se detenía. No temía. No sentía culpa. Se detuvo frente a una super
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