Regreso a Casa

1087 Palabras
El Impala avanzaba por la carretera, el rugido del motor rompiendo el silencio de la noche. Ethan iba en el asiento del copiloto, con la mirada fija en la pantalla de su teléfono. Las coordenadas que su padre les había enviado los llevaban a un lugar que no esperaban. -- Dylan… esto nos lleva a Lawrence, Kansas -- Dylan, con una expresión tensa, mantuvo los ojos en la carretera. -- No puede ser una coincidencia -- murmuró -- No lo era. Era el pasado llamándolos de vuelta. Cuando doblaron en la última calle, ahí estaba. Su antigua casa. Ethan sintió cómo el aire se atascaba en su pecho. No había vuelto desde aquella noche. Desde el incendio. Desde su madre. Dylan se bajó del auto sin decir una palabra. Su mirada estaba fija en la casa, como si su mente estuviera atrapada entre el presente y el pasado. Ethan lo siguió, con el corazón golpeándole las costillas. ¿Por qué aquí? ¿Por qué su padre los había hecho volver a este maldito lugar? Dylan caminó hasta la puerta y tocó dos veces. Los segundos pasaron en silencio hasta que una mujer abrió. Ojos amables, pero cansados. -- ¿Sí? -- Dylan tardó en hablar. -- Nosotros… crecimos en esta casa -- La mujer frunció el ceño, pero luego su expresión cambió. -- ¿Los Ravenwood? -- Ethan asintió. Ella los observó con detenimiento, como si tratara de encajar las piezas de un recuerdo lejano. -- Hay fotos de ustedes en una caja en el sótano, esperen aquí -- dijo en voz baja Dylan desvió la mirada. La mujer regresó del sótano con una caja de cartón desgastada en los brazos. -- Esto estaba allí cuando nos mudamos -- dijo, entregándosela a Ethan --. Nunca la tiramos... sentí que pertenecía a alguien -- Ethan tomó la caja con cuidado, como si sostuviera algo frágil. Dylan se acercó, mirándola en silencio. La mujer y su hija los dejaron solos en la sala. Dylan se agachó y abrió la caja. Lo primero que vio fue un osito de peluche viejo y desgastado. Ethan tragó saliva. -- Era mío… -- susurró -- Debajo, un montón de papeles, dibujos infantiles con crayones. Casas. Personas. Dos niños. Una mujer de cabello largo. Y después, las fotos. Dylan sacó la primera. Alice Ravenwood. Sonriendo, con Ethan en brazos y Dylan de pie a su lado, con apenas ocho años. -- Mamá… -- murmuró Ethan -- Dylan pasó a la siguiente. Su padre, más joven, con menos cicatrices, sosteniéndolos a ambos en el aire mientras reía. Era extraño verlo así. Viéndolos como si fueran su mundo. Dylan sintió un nudo en la garganta. La última foto los golpeó más fuerte. Una tomada dentro de esa misma casa, en la sala, frente a la chimenea. La familia completa. Antes de que todo cambiara. Ethan exhaló despacio. -- Se siente como… otra vida -- Dylan no respondió. Simplemente cerró los ojos por un segundo, sosteniendo la foto entre los dedos. Ethan por su parte le pregunta -- ¿Usted vive aquí ahora? -- La mujer asintió. -- Con mi hija. Mi esposo falleció hace un año -- Ethan echó un vistazo al interior. Las paredes parecían normales, pero había algo extraño en la casa. Algo… inquietante. -- ¿Han pasado cosas raras últimamente? -- La mujer dudó antes de responder. -- Objetos que se mueven solos. Golpes en la noche. Mi hija dice que ve a alguien en su habitación -- Dylan y Ethan intercambiaron miradas. Eran las 2:17 a.m. y Ethan bostezó dentro del Impala. -- No ha pasado nada -- Dylan, con los ojos fijos en la casa, negó con la cabeza. -- Algo no cuadra -- Y entonces, un grito de una mujer. Los hermanos salieron disparados. Cuando entraron, la mujer estaba en el suelo, abrazando a su hija, mientras una fuerza invisible la arrastraba hacia atrás. Los muebles flotaban. Las luces parpadeaban. Dylan sacó su escopeta y disparó con sal. El poltergeist rugió enojado. Ethan corrió para ayudar a la mujer, pero una fuerza lo lanzó contra la pared. El poltergeist se materializó en una silueta oscura y retorcida. Entonces, una voz que no habían escuchado en años. -- ¡Apártate de mis hijos! -- El poltergeist se congeló. Dylan y Ethan giraron al mismo tiempo. En la puerta, con un arma en mano, estaba Henry Ravenwood. Y a su lado, una mujer de cabello canoso con un rosario en la mano. Eleanor. La vidente que los había conocido cuando eran niños. Henry disparó, obligando al poltergeist a retroceder. Eleanor avanzó, murmurando palabras en un idioma antiguo. La energía de la casa cambió. El poltergeist gritó y se desintegró en un estallido de luz. El silencio llenó la casa. Henry bajó el arma y los miró. Dylan y Ethan se quedaron en el suelo, procesando todo. Su padre les tendió una mano. Dylan la miró con dureza… pero después de un segundo, la tomó. Ethan hizo lo mismo. Minutos después… Estaban afuera de la casa, sentados en el capó del Impala. Henry los observó en silencio. Su rostro estaba marcado por los años, más cansado, más duro. Pero en sus ojos… En sus ojos había algo que no veían desde niños. Dolor. -- No esperaba verlos aquí -- murmuró -- Dylan rió sin humor. -- ¿No? Pues nos enviaste las coordenadas -- Henry desvió la mirada. -- No era mi intención involucrarlos en esto -- Ethan frunció el ceño. -- ¿En serio? ¿Nos traes hasta este lugar y ahora dices que no querías que nos metiéramos? -- Henry suspiró. -- Esto es algo que debo solucionar yo -- Los hermanos se tensaron. -- Se lo debo a su madre -- continuó, con la voz más baja --. Siempre lo he sabido -- Dylan bajó la mirada, respirando hondo. Su madre. La razón por la que había seguido cazando. La razón por la que no se había detenido. Pero alzó el rostro y miró a su padre fijamente. -- No -- Henry lo observó, confundido. Dylan se puso de pie. -- No lo harás solo -- Ethan se levantó también. -- Queremos saber la verdad -- Henry apretó la mandíbula. Sabía a qué se referían. A esa noche. A su madre. A lo que realmente pasó. Pero no respondió. No todavía. Solo miró a sus hijos. Por primera vez en años, no eran un soldado y sus subordinados. Eran un padre y sus hijos. Y ahí terminó todo. Por ahora.
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