El aire dentro del Impala se sentía pesado, como si las palabras no dichas flotaran entre ellos. Ethan sostenía los documentos que Zoey le había dado, releyéndolos en la penumbra del auto.
Dylan, con los nudillos apretados contra el volante, echó un vistazo de reojo.
-- ¿Vas a decirme de dónde sacaste eso? -- preguntó, su voz baja, pero con filo.
Ethan tardó un segundo en responder, pero esta vez no iba a mentir.
-- Me los dio Zoey --
Dylan apretó más el volante.
-- ¿Zoey? --
-- Sí, me la encontré anoche. Dijo que esto nos va a ayudar a descubrir lo que realmente pasó con mamá --
Dylan dejó escapar un suspiro pesado.
-- ¿Y ahora confías en ella? --
-- No es cuestión de confianza, Dylan. Es cuestión de información. Sabes que necesitamos esto. No podemos ignorarlo sólo porque vino de Zoey --
Dylan apretó la mandíbula, su mirada fija en la carretera. Sabía que Ethan tenía razón, pero algo en la idea de recibir ayuda de Zoey lo ponía en guardia.
-- ¿Te dijo por qué lo hizo? --
Ethan dudó, pero finalmente decidió soltarlo todo.
-- Lo hizo por ti --
Dylan frunció el ceño.
-- ¿Qué? --
Ethan lo miró fijamente.
-- Dijo que, aunque no lo creamos, tiene sentimientos. Y todos van directo hacia ti --
El silencio se hizo espeso entre ellos. Dylan tragó saliva, pero no dijo nada.
-- Me pidió que no te lo dijera, pero… no voy a mentirte -- continuó Ethan -- Así que aquí lo tienes. Zoey está haciendo esto por ti. ¿Qué vas a hacer con eso? --
Dylan no respondió de inmediato. Se limitó a apretar el volante, los ojos oscuros con pensamientos que Ethan no podía leer.
Finalmente, soltó una risa seca, sin humor.
-- Lo que voy a hacer es leer esos papeles y averiguar si realmente nos llevan a alguna parte --
Ethan asintió.
-- Eso es lo que importa --
El motor del Impala rugió mientras avanzaban por la carretera, con la verdad ahora sobre la mesa y una nueva incertidumbre colgando entre ellos.
El Impala avanzaba por la carretera, la noche oscura envolviéndolos mientras el motor rugía bajo el capó. Ethan seguía revisando los documentos que Zoey le había dado, su mente trabajando rápido, tratando de encontrar algo que les diera una pista sobre lo que realmente pasó con su madre.
Dylan, en silencio, mantenía la vista al frente, con una expresión tensa. La revelación sobre Zoey lo había dejado más inquieto de lo que quería admitir.
Finalmente, después de un rato, fue Ethan quien rompió el silencio.
-- Aquí hay algo -- dijo, señalando una de las páginas -- Es un informe policial de la noche en que mamá murió. Mencionan a un testigo. Alguien vio lo que pasó esa noche --
Dylan giró la cabeza bruscamente.
-- ¿Un testigo? ¿Quién? --
Ethan pasó la página, leyendo en voz alta.
-- "James Callahan. Vecino de la familia Ravenwood en Lawrence, Kansas. Declaró haber visto una figura en la ventana la noche del incendio" --
Dylan frunció el ceño.
-- ¿Sigue vivo? --
Ethan sacó su teléfono y empezó a buscar. Pasaron unos segundos antes de que asintiera.
-- Sí. Parece que todavía vive en Lawrence --
Dylan giró el volante de golpe, tomando la siguiente salida de la autopista.
-- Entonces, vamos a hacerle una visita --
La casa de James Callahan era pequeña y descuidada, con el césped crecido y una luz parpadeante en el porche. Ethan y Dylan se miraron antes de que Dylan tocara la puerta con los nudillos.
Pasaron unos segundos antes de que la puerta se abriera y un hombre mayor apareciera. Su rostro era arrugado, sus ojos cansados y con ojeras. Parecía sorprendido de verlos.
-- ¿Señor Callahan? -- preguntó Ethan.
El hombre entrecerró los ojos.
-- ¿Quién pregunta? --
Dylan sacó su billetera y mostró una identificación falsa del FBI.
-- Agentes Clarkson y Matthews. Nos gustaría hacerle unas preguntas sobre la noche del incendio en la casa de los Ravenwood --
El hombre parpadeó un par de veces, como si esos recuerdos lo golpearan de golpe.
-- Yo… no he hablado de eso en años -- murmuró.
-- Pero lo recuerda -- insistió Ethan -- Vio algo, ¿no es así? --
Callahan suspiró y abrió más la puerta.
-- Pasen --
Los hermanos entraron a la casa, que olía a polvo y a café viejo. Callahan los llevó a la sala de estar y se dejó caer en un sillón con un suspiro.
-- ¿Qué es lo que quieren saber? --
Ethan sacó la copia del informe y lo puso sobre la mesa.
-- En su declaración dijo que vio una figura en la ventana. ¿Puede decirnos qué fue exactamente lo que vio? --
Callahan se frotó la cara con las manos antes de hablar.
-- No era solo una figura… -- murmuró -- Era una sombra. Oscura. Con ojos que brillaban… y cuando su madre gritó, esa cosa estaba ahí, mirando --
Dylan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
-- ¿Recuerda algo más? ¿Algo que no haya contado a la policía? --
El anciano tragó saliva.
-- Sí… pero no me creerán --
Ethan se inclinó hacia adelante.
-- Inténtelo --
Callahan tomó aire y los miró fijamente.
-- Cuando el fuego comenzó, vi cómo esa cosa desaparecía en las sombras. Y luego… escuché su voz. Susurrando. Diciendo un nombre… Henry --
Los hermanos se miraron, sus cuerpos tensos.
-- ¿Está seguro de eso? -- preguntó Dylan, su voz baja.
Callahan asintió.
-- Lo oí claro como el agua. Como si se estuviera burlando de él --
El silencio se apoderó de la sala. Ethan sintió su corazón latir con fuerza en el pecho.
Dylan se puso de pie de golpe.
-- Gracias por su tiempo -- dijo, con la mandíbula apretada -- Nos vamos --
Ethan lo siguió sin decir nada, pero cuando llegaron al Impala, Dylan golpeó el techo del auto con frustración.
-- ¡Sabía que nuestro padre estaba ocultando algo! --
Ethan respiró hondo, intentando procesar todo.
-- Tenemos que enfrentarlo, Dylan. No podemos seguir en la oscuridad --
Dylan apretó los dientes, pero asintió.
-- Vamos a buscarlo --
Encendió el motor y el Impala rugió mientras se alejaban de la casa de Callahan, con más preguntas que respuestas y una sensación creciente de que estaban más cerca que nunca de descubrir la verdad.
Luego de que la familia Ravenwood se fuera la casa de James estaba en penumbras, solo iluminada por una lámpara vieja que titilaba en la esquina de la sala. La conversación con los Ravenwood lo había dejado inquieto. Sus manos temblaban al servirse un vaso de whisky, pero antes de que pudiera beber, un escalofrío recorrió su espalda.
Un susurro gélido llenó la habitación.
-- Hiciste mal, James --
El vaso cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. James se giró de golpe y allí estaba él. De pie en la penumbra, sus ojos ardían con un resplandor amarillo enfermizo.
-- No debiste hablar. Te advertí que guardaras silencio. Ahora mira en qué posición me has puesto --
James retrocedió, sintiendo que el aire se volvía pesado.
-- Yo… ellos me obligaron… No les dije todo, lo juro --
El demonio inclinó la cabeza, observándolo con un gesto casi divertido.
-- No importa. Ya abriste la puerta. Y ahora hay que cerrarla. Para siempre. --
Con un chasquido de dedos, el cuerpo de James se arqueó en el aire, su boca se abrió en un grito silencioso antes de que su cabeza girara en un ángulo imposible. El sonido de huesos crujiendo llenó la habitación. Cuando su cuerpo cayó al suelo, su cabeza ya no estaba sobre sus hombros.
El demonio sonrió.
Dylan, Ethan y su padre entraron en la habitación del motel, sin notar nada extraño al principio. Pero en cuanto la puerta se cerró, una sombra se deslizó en la esquina.
Un golpe brutal lanzó a Henry contra la pared.
-- ¡Papá! -- gritó Ethan, pero antes de que pudiera reaccionar, un demonio lo tomó por el cuello y lo levantó del suelo.
Dylan sacó su cuchillo, pero otro demonio lo sujetó por la muñeca y lo estrelló contra la mesa. La lámpara cayó, apagando la poca luz que había en la habitación.
-- Están jugando con fuego -- siseó uno de los demonios, con una sonrisa siniestra --. Les daremos una última advertencia.
El otro demonio se acercó a Henry, quien intentaba levantarse. Se agachó frente a él y susurró:
-- Si siguen con esto… terminarán como él. --
Con un movimiento de la mano, algo rodó por el suelo y se detuvo frente a ellos.
La cabeza de James.
Ethan sintió el estómago revolverse. Dylan apretó los puños con rabia. Henry cerró los ojos un segundo antes de fijar la vista en los demonios.
-- Nos vemos pronto, cazadores -- dijo uno de ellos antes de desaparecer en una nube de humo n***o.
El silencio en la habitación era insoportable.
Henry se sentó en el borde de la cama, con la mirada fija en el suelo.
-- Esto no es un juego… No quiero que terminen como su madre… o como James. --
Dylan frunció el ceño.
-- ¿Qué estás diciendo? --
-- Que se acabó. Me voy. No voy a permitir que mueran por esto. --
Ethan sintió que el pecho se le oprimía.
-- No puedes hacer eso. --
Henry se levantó, con los ojos llenos de dolor.
-- Escúchenme bien… Si siguen por este camino, van a terminar muertos. Y no pienso enterrar a mis hijos. No de nuevo. --
Dylan se puso de pie, furioso.
-- ¡No nos puedes abandonar! --
Henry tomó su chaqueta y se dirigió a la puerta.
-- No es abandono. Es lo único que me queda para protegerlos. --
Dicho eso, se marchó, dejando a sus hijos en un silencio lleno de rabia, confusión y dolor.