Dos caminos

1417 Palabras
El motel estaba en completo silencio. Ethan se dejó caer en la cama, con la mirada perdida en el techo. Henry se había marchado, dejándolos solos en esta cacería que parecía no tener fin. Dylan, sentado en el borde de la otra cama, afilaba su cuchillo en silencio, su mandíbula apretada con furia contenida. -- No lo entiendo -- murmuró Ethan, rompiendo el silencio. -- ¿De verdad piensa que alejándose de nosotros nos mantendrá a salvo? -- Dylan soltó un resoplido. -- Papá siempre ha sido así. Cuando las cosas se ponen jodidas, se aleja -- dijo con amargura. -- Pero yo no me voy a detener, Ethan. Si él no quiere seguir investigando, lo haré solo si es necesario. -- Ethan lo observó por un momento. Sabía que Dylan nunca dejaría esto. Era su vida. -- No estás solo, lo sabes, ¿verdad? -- Dylan dejó el cuchillo sobre la mesita de noche y se pasó las manos por la cara. -- No lo sé, hermano… A veces siento que sí. -- Ethan no supo qué responder. Después de la pequeña discusión con Dylan, Ethan salió a despejarse. Necesitaba un respiro, alejarse por un rato de todo lo que los estaba consumiendo. No sabía por qué, pero sus pasos lo llevaron hasta una cafetería abierta hasta tarde. Al entrar, la vio. Sophie estaba sentada en una mesa junto a la ventana, removiendo su café con lentitud, como si estuviera perdida en sus pensamientos. Cuando levantó la vista y lo vio, sus ojos se iluminaron. -- Ethan -- dijo, sorprendida. Él no pudo evitar sonreír. -- ¿Qué haces aquí? -- preguntó él, sentándose frente a ella. Sophie lo miró con una mezcla de timidez y emoción. -- No lo sé… Quizás esperaba encontrarte. -- Ethan arqueó una ceja. -- ¿De verdad? -- Ella soltó una pequeña risa y asintió. -- Sí. No he podido dejar de pensar en ti desde la última vez que hablamos. -- Ethan sintió un calor extraño en el pecho. Había algo en la forma en que lo miraba, como si realmente lo viera, como si le importara de verdad. -- Sophie… yo… -- -- No digas nada -- lo interrumpió ella. -- Solo pasa esta noche conmigo. Como si todo esto… no existiera. -- Ethan vaciló un momento, pero luego asintió. Se habían quedado en su apartamento, un pequeño y acogedor espacio donde por primera vez en mucho tiempo, Ethan se sintió en paz. La noche se volvió más íntima cuando Sophie se acercó a él, con una mirada que hablaba más que mil palabras. -- Ethan… -- susurró, colocando una mano en su mejilla. Él cerró los ojos por un momento, disfrutando la calidez de su toque. Cuando los abrió, Sophie estaba aún más cerca, sus labios a centímetros de los suyos. No hubo más palabras. Se besaron con urgencia, como si ambos supieran que esta noche podría ser la última. Se deshicieron de la ropa con torpeza y deseo, explorándose con caricias ansiosas. Sus cuerpos se entrelazaron en la penumbra de la habitación, y por primera vez en mucho tiempo, Ethan dejó de lado su dolor y simplemente se dejó llevar. Después, Sophie se acurrucó contra él, dibujando círculos sobre su pecho con los dedos. -- Podrías quedarte, Ethan. No tienes que seguir con esta vida. -- Ethan tragó saliva. -- Sophie, yo… -- -- Solo piénsalo. -- Y en el silencio de la noche, Ethan se preguntó por primera vez si realmente había otra opción para él. A la mañana siguiente, Dylan estaba vistiéndose cuando su teléfono sonó. -- ¿Zoey? -- respondió con el ceño fruncido. -- Necesito verte. Es importante. -- Dylan dudó, pero finalmente aceptó. Se encontraron en un callejón oscuro, donde Zoey lo esperaba con los brazos cruzados. -- ¿De qué se trata esto? -- preguntó él. Zoey sacó un sobre y se lo entregó. -- Hay una forma de matar demonios para siempre. Un cuchillo especial. -- Dylan frunció el ceño mientras leía la información. -- ¿De dónde sacaste esto? -- -- No importa. Lo que importa es que este cuchillo pertenece al Vampiro Alfa. El primer vampiro creado por Eva. -- Dylan levantó la mirada hacia ella. -- ¿Por qué me ayudas? -- Zoey se mordió el labio antes de responder. -- Porque me importas, idiota. Quizás no lo creas, pero a pesar de lo que soy, tengo sentimientos. Y todos van directo hacia ti. -- Dylan no supo qué decir. Zoey suspiró. -- Solo dime si vienes conmigo o no. -- Dylan miró el sobre una vez más y luego asintió. -- Vamos a cazar un vampiro. -- Cuando Dylan regresó al motel, Ethan estaba sentado en la cama, con Sophie a su lado. -- ¿Dónde estabas? -- preguntó Ethan. Dylan lanzó el sobre sobre la mesa. -- Me voy. Voy tras un arma que nos servirá contra los demonios. -- Ethan frunció el ceño. -- ¿Solo? -- -- No. Con Zoey. -- Ethan suspiró. -- ¿Y qué se supone que haga mientras tanto? -- Dylan miró a Sophie y luego a su hermano. -- Vive un poco. -- Ethan bajó la mirada y luego asintió. Y por primera vez en mucho tiempo, decidió hacerle caso. El viaje hacia la guarida del Vampiro Alfa iba a ser largo, así que decidieron descansar en un motel de carretera antes de continuar. Zoey estaba sentada en la cama, revisando información en su teléfono, mientras Dylan se apoyaba contra la pared, observándola en silencio. -- ¿Siempre eres tan callado cuando estás a solas con alguien? -- preguntó ella sin levantar la vista. Dylan soltó una risa seca. -- No suelo estar a solas con alguien por mucho tiempo. -- Zoey sonrió de lado y dejó el teléfono en la mesita de noche. -- ¿Y eso es porque no quieres o porque tienes miedo de que te importe alguien? -- Dylan se tensó. Zoey siempre sabía cómo leerlo, cómo atravesar esa barrera que él tanto se esforzaba en mantener. -- No soy el tipo de persona que debería importarle a alguien como tú -- murmuró, desviando la mirada. Zoey se levantó de la cama y caminó hacia él con lentitud, su expresión seria. -- ¿Alguien como yo? ¿Quieres decir una mujer lobo? -- Dylan tragó saliva cuando ella se detuvo frente a él, tan cerca que podía sentir su respiración. -- Quiero decir alguien con un buen corazón. Alguien que no merece terminar en medio de este desastre. -- Zoey inclinó la cabeza y deslizó sus dedos por la mandíbula de Dylan. -- No necesito que me protejas de esto, Dylan. Sé exactamente en qué me estoy metiendo. Y si te soy honesta... -- Se mordió el labio. -- No me importa el caos. Me importas tú. -- Dylan sintió que su autocontrol se desmoronaba. Zoey lo miraba con esa intensidad feroz que lo hacía olvidar todo lo demás. Cuando ella se puso de puntillas y rozó sus labios con los suyos, Dylan cedió. El beso fue duro, desesperado. Las manos de Dylan se aferraron a la cintura de Zoey y la atrajo hacia él, aplastando sus labios en un beso lleno de deseo contenido. Zoey gimió suavemente contra su boca, enredando sus dedos en su cabello. Sus cuerpos chocaron, y en cuestión de segundos, Dylan la levantó en brazos y la llevó hasta la cama, dejando caer su peso sobre ella. No hubo palabras. Solo el sonido de la ropa deslizándose de sus cuerpos, de la piel encontrándose con la piel. Dylan besó el cuello de Zoey, recorriendo con su lengua la curva de su clavícula, mientras sus manos exploraban cada centímetro de su piel caliente. Zoey arqueó la espalda cuando Dylan deslizó sus labios por su abdomen, marcándola con besos y mordidas. -- Maldita sea, Zoey… -- murmuró contra su piel. Ella lo atrajo hacia arriba, atrapándolo entre sus piernas, y sus labios se encontraron nuevamente en un beso profundo y hambriento. La habitación se llenó de suspiros entrecortados y jadeos. Dylan se perdió en ella, en la sensación de su cuerpo contra el suyo, en la manera en que sus uñas se clavaban en su espalda, en la forma en que su nombre escapaba de sus labios con cada movimiento. Esa noche, Dylan no pensó en su padre, ni en Ethan, ni en la caza. Solo existía Zoey. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que pertenecía a algo.
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