Dylan y Zoey

1298 Palabras
Después de la noche anterior, la habitación está sumida en un silencio tranquilo. La luz tenue del amanecer se filtra por la ventana, iluminando los cuerpos entrelazados en la cama. Dylan, quien siempre había sido reservado y reacio a las relaciones, observa en silencio a Zoey dormida a su lado. -- Nunca pensé que me permitiría esto-- murmura para sí mismo, deslizando suavemente los dedos por la piel desnuda de su espalda. Zoey se mueve ligeramente, sintiendo el roce. Sin abrir los ojos, sonríe levemente. -- ¿Dejar qué?-- pregunta con voz adormilada. Dylan exhala, casi como si le costara admitirlo. Nunca había sido bueno expresando lo que sentía. -- Sentir-- Zoey abre los ojos, encontrándose con los de él. Por primera vez, Dylan no lleva puesta su armadura. Su mirada no es la de un cazador, ni la de un hombre que solo vive para matar monstruos. Es la de alguien que, aunque sea por un momento, ha encontrado un pequeño respiro en su guerra interminable. -- No estás solo, Dylan-- susurra ella, acercándose para besarlo suavemente. Dylan la sostiene con más fuerza, como si quisiera memorizar ese instante, como si en el fondo supiera que no duraría para siempre. Porque en su mundo, la felicidad era efímera. Y en lo más profundo de su ser, temía perderla. El aire dentro de la fortaleza era denso, impregnado con el hedor metálico de la sangre y la podredumbre. Dylan se apoyó en la pared de piedra, jadeando, con un corte profundo en la ceja que hacía que la sangre le goteara sobre el ojo. A su lado, Zoey se mantenía en pie, respirando con dificultad, los nudillos cubiertos de sangre. El cuchillo que Dylan tanto necesitaba estaba allí, a pocos metros, en un pedestal de piedra negra. Pero entre ellos y la salida, el Alfa los miraba con una sonrisa cruel. -- Sigues de pie. Admirable -- dijo el vampiro con su voz grave y burlona. -- Pero esto no es más que una causa perdida. No saldrás de aquí con vida -- -- ¿Quieres apostar? -- gruñó Dylan, preparando su arma. Zoey sintió el peso del momento aplastándola. No había forma de ganar. No contra alguien como el Alfa. Y Dylan... Dylan iba a morir aquí si ella no hacía algo. Su corazón se aceleró cuando supo lo que tenía que hacer. Pero odiaba lo que estaba a punto de hacer. Dio un paso adelante, dejando que su cuerpo se interpusiera entre Dylan y el Alfa. No se atrevió a mirarlo cuando habló. -- Hagamos un trato -- dijo Zoey, su voz firme pero con un leve temblor. El Alfa arqueó una ceja, interesado. -- ¿Un trato? Me intrigas, loba -- -- Yo me quedo. Bajo tu mando. Hago lo que quieras. Pero dejas que Dylan se lleve el cuchillo y se vaya de aquí -- Dylan se giró de inmediato, su cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse. -- ¡¿Qué demonios estás diciendo, Zoey?! -- exclamó, tratando de moverla a un lado, pero ella se mantuvo firme. -- Estoy diciendo que prefiero verte vivir a verte morir aquí, Dylan -- susurró, sin mirarlo todavía. El Alfa sonrió, disfrutando el espectáculo. -- Interesante propuesta... y me gusta -- dijo con satisfacción. -- Está hecho. Pero él no se irá por voluntad propia, ¿verdad? -- Zoey cerró los ojos por un instante, su pecho subiendo y bajando con pesadez. No. Dylan nunca la dejaría atrás. No sin pelear hasta su último aliento. Sabía lo que tenía que hacer. Antes de que Dylan pudiera reaccionar, Zoey giró sobre sus talones y lo golpeó con toda su fuerza en la cabeza. Él parpadeó, tambaleándose. -- No... no me hagas esto... -- murmuró, su voz quebrándose mientras sus rodillas fallaban. Zoey sintió que su corazón se hacía pedazos. Pero no podía detenerse ahora. -- Lo siento -- susurró, antes de darle un segundo golpe, asegurándose de que cayera inconsciente en sus brazos. Dylan se desplomó por completo, su peso inclinándola hacia atrás. Se quedó ahí, sosteniéndolo por un momento, con los ojos ardiendo por las lágrimas que no podía dejar salir. Luego, con un último esfuerzo, levantó la mirada hacia el Alfa. -- Déjalo lejos de aquí. Lo suficientemente lejos como para que no pueda volver -- El vampiro chasqueó los dedos y dos de sus subordinados se adelantaron. Tomaron a Dylan de los brazos y lo arrastraron lejos, su cabeza colgando sin vida. Zoey observó cada segundo, sintiendo que su propia alma era arrancada de su pecho. Cuando las puertas se cerraron tras él, supo que nunca lo volvería a ver. Horas Después Dylan despertó con un jadeo ahogado, su cuerpo reaccionando antes que su mente. Se incorporó de golpe, sintiendo la humedad de la hierba bajo sus manos. Su cabeza latía con un dolor punzante, y su visión estaba borrosa. Pero lo primero que hizo fue buscar a Zoey. -- ¡Zoey! -- gritó, su voz desgarrada resonando en la noche. Miró a su alrededor, tratando de ubicarse. Estaba en el bosque, pero no en el mismo lugar. Lo habían arrojado lejos del castillo. No tenía idea de cuántas horas habían pasado. El cuchillo mata demonios estaba tirado en el suelo, junto a él, como un recordatorio cruel de lo que había perdido. Sus manos temblaron al levantarlo. Sentía rabia, frustración... pero, sobre todo, un dolor insoportable en el pecho. -- No... -- susurró, sintiendo cómo su garganta se cerraba. Ella se había sacrificado por él. Y él la había perdido. Ethan estaba sentado en el sofá de una casa oscura, con una botella de cerveza a medio terminar en la mesa frente a él. La noche era silenciosa, demasiado. Su cabeza daba vueltas con pensamientos que no lograban asentarse del todo cuando el teléfono vibró en su bolsillo. Miró la pantalla. Dylan. -- ¿Dónde demonios estás? -- respondió de inmediato, su voz grave y llena de tensión. Hubo un silencio en la línea. Un maldito silencio que hizo que el pecho de Ethan se apretara. -- Tengo el cuchillo -- la voz de Dylan sonó apagada, como si cada palabra le costara. -- ¿Y Zoey? -- preguntó Ethan con el ceño fruncido, sintiendo el frío recorrerle la espalda. Dylan tardó en responder. Demasiado. Y cuando lo hizo, su voz fue un susurro ronco, como si escupiera las palabras a la fuerza. -- El Alfa la tiene... Ella se quedó para que yo pudiera salir con vida. -- Mierda... -- Ethan cerró los ojos, apretando el puente de su nariz. Su mente comenzó a procesar la información a toda velocidad. Pero más allá de la estrategia, lo único que escuchaba en la voz de Dylan era algo que pocas veces había oído en él: desesperación. -- No pienso dejarla ahí -- dijo Dylan, su tono endureciéndose de golpe. -- Necesitamos un plan. Algo grande. Algo que nos ayude a sacarla con vida. -- Lo sé... -- Ethan se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas. -- Lo haremos, Dylan. Vamos a recuperarla. El silencio volvió a la llamada, pero esta vez no fue incómodo. Fue un pacto. Una promesa no dicha. -- No voy a perderla, Ethan. No después de todo esto -- la voz de Dylan sonó firme, pero había algo más detrás. Algo que lo hacía sonar casi... roto. -- Y no lo harás -- aseguró Ethan sin dudarlo. -- Vamos a sacarla de ahí. Juntos. La llamada terminó con un último suspiro de Dylan al otro lado de la línea. Ethan bajó lentamente el teléfono y lo dejó sobre la mesa, mirando la oscuridad de la casa en la que se encontraba. Su mandíbula se tensó. Esto ya no era solo una cacería. Era personal.
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