–No te lo creo. –sonrió Sebastian, convencido de que era una mentira–
–Bueno… Tengo veintinueve, en dos meses cumpliré los treinta.
–Sigo sin creerlo, tu cara y contextura parecen las de una chica de veinticinco. O incluso me atrevería a ponerte veinte…
–Bueno, siempre he tenido ese problema. –recordando las constantes burlas en la escuela porque su complexión y rostro aparentaba más juventud que sus compañeros– ¿Deseas que te muestre mi identificación? –se burló al ver el gesto todavía incrédulo del joven ojiverde– O quizá mi carnet de conducir…
–No hace falta, te creo… Aunque, me parece difícil de creer.
–También me lo suelen decir.
De repente Arturo y Stephany se pusieron de pie. Andy miró como su mejor amiga intentaba no tambalearse, así que la ayudó a que recuperara el equilibrio y esta solo rio.
–Arturito y yo vamos a la pista de baile ¿No quieren venir?
Sebastian miró a Andy, pero ella negó con la cabeza sin ánimos de bailar sobre sus desgracias.
–Tranquila, yo me quedaré aquí. Ve a divertirte…
Antes de pasar a retirarse, Stephany aprovechó su salida y se acercó a Sebastian para decirle algo al oído. Era imposible escucharlos gracias a la música fuerte, pero supo que se trataba de algo atrevido cuando vio al chico reír algo nervioso.
Su mejor amiga le sonrió con suficiencia al acabar y continuó su camino, no sin antes cerciorarse de que el ojiverde guardaría el secreto.
Arturo fue tras su amiga y terminaron bailando una canción extraña en portugues.
Cuando ella se retiró él cambió de tema.
Andy observó desde un lado como se movían al ritmo de la música, no pretendía quitarle la mirada de encima a Stephany.
–Pensé que te animarías a bailar… –Le dijo Sebastian y Andrea negó–
–La verdad es que no tengo nada que celebrar. –vislumbró con cierta envidia como su mejor amiga danzaba libre y se divertía junto a su acompañante. Ella también deseaba ser feliz y poder volver a sonreír como antes, pero las circunstancias y el corazón no le favorecian–
Sebastían notó la nostalgia en el aire, por lo que se acomodó y optó por suavizar la conversación para hacerlo más sencillo.
–¿Y a qué te dedicas?
Eso la hizo sonreír levemente, al parecer su trabajo era una de sus cosas más amadas.
Andy metió la mano a su bolso y revisó un poco para luego sacar una de sus nuevas tarjetas de presentación y colocarla en la mesa, muy cerca a él.
–Soy diseñadora de modas, de alta costura. Mi especialidad son los vestidos de gala y novia…
Se sintió algo afligida al mencionar lo último.
Mientras tanto Sebastían cogió la tarjeta y pasó sus hermosos ojos verdes por ella. Andy sintió como se le escarapelaba el cuerpo al solo imaginar aquella mirada concentrada en otro lado. Precisamente dentro de un lugar privado y examinando su cuerpo.
–¿Puedo quedarmela?
–Claro. Uno nunca sabe cuando puedas necesitar de mis servicios…
No pretendió sonar tan gutural y coqueta, pero notó como la expresión de aquel chico se volvió aguda y llena de deseo.
Era extraño, jamás le había pasado algo similar con otro hombre. Ni siquiera con Ayden.
–¿Y a qué te dedicas tú? –cuestionó solo para salirse de aquel momento–
–Estudio la carrera de arquitectura. Me falta tan solo un año y medio para concluir y graduarme.
Sebastían ni siquiera supo porque le dijo eso, quizá en fondo quería aparentar un poco más de estabilidad y longevidad de la que en realidad tenía, sólo para impresionarla.
–Vaya, esa si que es una carrera complicada…
–Un poco…
Andy iba a hablar un poco más, de no ser por la imagen que cruzó sus ojos cuando levantó la mirada.
Muy cerca de la barra, detectó un rostro demasiado conocido para ella. El mismo Ayden, su ex y aún no olvidado amor, se encontraba charlando amenamente y coqueteando con una mujer alta y rubia.
Aquella tipa era bien proporcionada, de cabello sedoso y malditamente guapa. Su autoestima fue destruida en menos de un segundo.
–Pero que… –ni siquiera terminó de susurrar–
–¿Andy? ¿Estás bien?
Andrea se había quedado pálida. Como si hubiese sido testigo de un crimen o una escena de otro mundo. Sebastian trató de llamar su atención pero nada funcionó, hasta minutos después que ella misma decidió ponerse de pie y coger sus cosas.
–Perdona… –la voz temblorosa la delató– Pero tengo que irme…
–Andrea, espera… Será mejor que…
Para cuando Sebastían intentó detenerla, Andy ya estaba en la pista de baile, tomando a Stephany por la muñeca para sacarla a rastras de ahí.
–¿Pero qué pasa? –preguntó Arturito, mirando aturdido a Andy– ¡Estábamos divirtiéndonos de lo mejor!
–Lo lamento, pero nos tenemos que ir.
–¿Qué? ¡Yo aún no me quiero ir! ¡Estoy pasándola bien con Arturito! –se negó Stephany de inmediato–
–Stephany… Tenemos que irnos ahora.
–¡No! ¡No quiero! Hace mucho que no me divierto así…
Andy no podía dejar se observar a Ayden junto a aquella hermosa mujer. Era inevitable captarlos tan amigables y llenos de seducción en cada flirteo.
Debía admitir que no estaba preparada para una escena así. De hecho, ni siquiera estaba lista para volver a ver a su ex tras tanto tiempo.
Era demasiado para procesar en una sola noche.
–¡Stephany! –pronunció Andy con la voz a punto de quebrarse y pese a su borrachera la mencionada notó el tono raro en su voz– Necesito salir de aquí y no pienso dejarte sola.
–Pero…
–¡Tienes que colaborar, maldición!
El comportamiento desenfrenado de su amiga menguó. Stephany estrechó su mano y asintió, volviendo en sus cinco sentidos.
–Vámonos…
Cuando Andy se dio media vuelta la presencia de Sebastián detuvo su paso. Sus grandes ojos esmeralda la atraparon, pero esta vez su pena era más grande que cualquier atracción física.
–Andrea, espera…
–Perdona, ya nos veremos en otro momento.
Y él vio como ella desaparecía entre el tumulto de gente.
–Se me fue una buena…
Escuchó maldecir a Arturito con fastidio cuando ambas desaparecieron de su vista.
Desde luego, él no pensaba lo mismo. Porque estaba dispuesto a hacer de todo para que sus caminos se cruzaran otra vez.