CHAPTER 0
Solía admirar a las mariposas, podía quedarme observándolas por horas, pues me intrigaba lo hermosas que eran.
De donde vengo, un pueblito pequeño al sur del Perú, abundan las mariposas, de varios tamaños y colores, el paisaje allí es extremadamente hermoso.
Si miras a las mariposas detenidamente te darás cuenta de lo hermoso de sus colores, de la elegancia con la que vuelan y se posan sobre una flor, son como pequeñas damas en busca de un poco de comodidad y alimento, son extrañamente hermosas.
Sin embargo, son demasiado frágiles, puedes agarrarlas de las alas, pero podría costarle a ellas su belleza e incluso su vida.Se deterioran con un mal toque o una mala acción.
Algo similar pasa con el Amor.
Es demasiado hermoso, pero si lo codicias demasiado puedes incluso destruirlo.
La felicidad que trae el Amor, es como la mariposa que se posa de rosa en rosa y va a depender mucho de la persona que la admire.
El amor debe ser cuidado y admirado de la forma más sencilla y sincera posible, para que aquella mariposa pueda seguir volando y mostrando su belleza a donde vaya.
A lo largo de mi vida, he visto muchas personas y muchas vidas -me contó un anciano de aquel pueblito- y que lo que les faltaba a cada unos de ellas era sinceridad y sencillez, amor puro, comprensión, cosas que no podrás alcanzar si solo te priorizas a ti mismo.
Aquel anciano -me dijo también que- no dependía de con quién andaba, como era y todas las demás estupideces que la gente y la cultura del hoy te mete en la cabeza. Que lo único importante era encontrar sencillez, sinceridad y respeto para forjar una relación con amor.
Pude ver que aquel anciano hablaba con el corazón. Y me comprometí conmigo misma a seguir sus consejos.
Los seguí, sí que los seguí. Hasta que un día de invierno, me encontraba en las escaleras llorando sin saber qué era ese dolor tan fuerte en el pecho.