Una nueva oportunidad.

2356 Palabras
04 Una nueva oportunidad. ☆☆☆ El apartamento de Danna era sencillo pero lujoso. Lo primero que Kudrent notó fue los muebles blancos de telas que sin tocarlos se veían suaves y cómodos, además, del sofá de L grande y una mesita en el medio con rosas marchitas. A un lado de la sala, se encontraba el esperado piano, el que tanto Danna había hablado en todo el camino, y al lado del instrumento una biblioteca pequeña con algunos retratos. Dos ventanales con las cortinas de encaje corrida que le daba al apartamento un aura de oscuridad. Un reloj en calcomanía estaba pegado en la pared como decoración que decia: el tiempo de Dios es perfecto. —¡Adelante! —la ánimo su hermana. Con pasos temblorosos Kudrent ingresó a lo que sería su nuevo hogar, y vaya que este no tenía nada que ver con el anterior. —¿Te gusta?—preguntó Danna dirigiéndose al otro extremo de la sala que compartía cocina. La división era un mesón de piedritas de un color gris oscuro, con una cocina semi integral, gabinetes... para Kudrent era demasiada comodidad que le dió ganas de llorar. Le hubiese gustado haber tenido un lugar digno de vivir antes de todas sus desgracias. Inspiró hondo, no quería derramar lágrimas, juró que no lo volvería hacer. Era una nueva vida, con una casa bonita, con su hermana, con una nueva oportunidad. Eso era... una nueva oportunidad que está vez no estropearía. Se sentó en el sofá en forma de L, percibiendo lo suave de la tela que envolvía su cuerpo, al punto de dejarse caer por completo. ¡Que paraíso tener algo suave donde acostar tu cabeza! ¡Que envidia la de Danna! Cerró sus ojos con una risita de niña cuando tiene juguete nuevo, no podía negar que su corazón experimentaba una felicidad única que nunca había vivido, parecía que este explotaría en mil pedazos. Y si explotaba, por lo menos moriría en un lugar digno y feliz. —¿Tienes hambre?—consultó Danna desde la cocina—. Puedo prepararte un sándwich o si quieres algo...—dejó las palabras a medias cuando Kudrent le respondió acomodando su torso hasta quedar sentada. —Si, Sándwich está bien. —Vale—con paciencia, Danna se apresuró en buscar en su nevera jamón, queso. En el mesón comenzó a preparar mientras que Kudrent estaba quieta en el sillón mirando en una esquina un televisor gigante. —Tienes una bonita casa—dijo, deslumbrada por todo a su alrededor. —Gracias. Apenas vi este apartamento me gustó muchísimo—comentó enfocada en los sándwiches. —¿Es tuyo propio? —Mío y de Cole. Ambos nos esforzamos para comprarlo. —¿Cole?—Kudrent frunció el ceño. —Si, mi esposo. Sus ojos se abrieron en sorpresa. —¿Esposo?—cerró sus ojos con brusquedad—. Espera... ¿estás casada? Danna se rió, Kudrent era todo una ternura en sus expresiones. —Si. Hace tres años. —¡¿Que?! ¿Tan joven? Volvió a reírse. Esa palabra se lo expresó sus suegros cuando ambos decidieron contraer nupcias, "tan jovenes" hacia mucho tiempo no escuchaba esa expresión. Caminó con dos platos en la mano hasta su hermana dejandolos en la mesita donde se encontraban las rosas marchitas, regresando a la cocina para tomar una jarra de yogur y servirlo en vasos de vidrios. Se incorporó al lado de Kudrent que ya le había dado varios mordiscos al sándwich. —Quiero que te sientas cómoda, esta es tú casa hermana—señaló Danna con una amplia sonrisa. Kudrent visualizó todo y le agradó la ida de pertenecer a ese hogar. —Gracias, gracias, gracias—dijo con una expresión que Danna no pudo descifrar, una mezcla de felicidad con melancolía. Eso conmovió a Danna, que la observó comer hasta el último bocado como si tuviera días, meses o años sin comer. Al terminar, de reojos vió el plato de su hermana mayor. —¿Te vas a comer eso?—señaló el sándwich. Danna bajó su vista hasta el plato, luego, la ubicó en el rostro de su hermana. —¿Quieres comerlo? Asintió. Le dió el plato que Kudrent devoró hambrienta. Danna solo observaba, ¿acaso no comía? ¿cuántos días tenía sin hacerlo?. Ha pasado momentos difíciles. Su conciencia le habló por unos segundos y Danna entendió sin palabras que su hermana pequeña aguantó hambre. Ese pensamiento casi la hizo llorar, consideraba que no había peor acontecimiento que el hecho de no comer, de hecho, cuando leía en la biblia sobre la hambruna que pasó el pueblo de Israel, la hacía sentir mal y agradecida por tener alimento en su casa. Nunca más... nunca más permitiría que su hermana pasara hambre. Kudrent percibió la total atención que recibía por parte de su hermana. Eso la hizo sentir rara, supuso que era porque estaba comiendo como un animal salvaje, además, de tener ambos cachetes inflados por todos los mordiscos que se había metido de un solo golpe. —¡¿Que?!—dijo con la boca llena. A su hermana se le escapó una risita. —Traga primero. Lo hizo. Luego, bebió yogurt. —¿¡Que!? —¿Que de que? —Te me has quedado mirando como si fuera un bicho raro. Danna esbozó una sonrisa. —No. Claro que no. Solo que...—suspiró —. Le estoy agradeciendo a Dios que estas aquí. Estoy feliz de habernos encontrado. La chica sonrió con una mirada cargada de agradecimiento. Esa conexión de hermandad se rompió al instante cuando la guitarra, la batería y todos los instrumentos comenzaron a efectuar una música. Un rock suave, sin embargo, era de igual de ruidoso. —¡Oh no! ya vamos de nuevo—ladeó la cabeza hacia atrás blanqueando los ojos. Kudrent alzó su vista al techo. —¿Que es? —El vecino rarito de arriba—dijo, alzándose de malas ganas, como si escuchar los instrumentos a todo volumen la indispusiera de inmediato. Tomó los platos y ambos vasos para llevarlo al fregadero. —¡Suena bien!—comentó Kudrent curveando sus labios hacia abajo. Danna le dió una mirada de pocos amigos; llenándose las manos de jabón. —¡Es muy ruidoso! —¡Así es el rock!—opinó la menor. —¡Lo sé! solo que... no sé, no logro conectar con ese tipo de música. —¿Por que? —Muy ruidosa, además, el estilo de cantar es: raro, no se como explicarlo, cantan como si estuvieran hablando y pareciera que se estuvieran desgarrando la garganta. También tiene mucho que ver la apariencia de los cantantes, pareciera que fueran a un... culto satánico. No sé... no es agradable al oído cuando te atormenta todo el día, a toda hora y con un volumen demasiado elevado—cerró el grifo, secando los platos. —Mmmm... creo que tienes el problema de prejuicios. Cualquier música es un arte al igual que el rock. No todos son satánicos Danna. —Ya, vale. Lo estás defendiendo—dijo de mala ganas, recordando como le había dicho basura a la música del rarito en su cara. Un rubor se le extendió por sus mejillas, desearía haber retirado ese calificativo y nunca haber tenido esa conversación con él. —No lo defiendo, solo que tu argumento es muy pobre. Yo diría que tienes otra perspectiva de música para ti. Pero eso es lo que hace que la música sea ingeniosa, lo diferente es lo que te hace, remover, y hacer que los demás sientan. Además, estoy de acuerdo contigo de que no es del todo agradable a los oídos. —Vale, ya escuché tu discurso. Te gusta el rock... Kudrent se rió. —A Anderson le gustaba, me enseñó apreciar la música sin importar su género. —¿Anderson?—alzó una ceja Danna. Otra vez se rió, luego, sus ojos azules se transformaron en un mar melancólico. —Era mi novio. Trató de quitarse la vida por que su novio la dejó. Danna de inmediato recordó las palabras del doctor. La música se detuvo dejando un inmenso silencio que Danna no supo como romper. Por lo menos Iban bien, empezaban a conocer las diferencias entre ambas. Kudrent le gustaba el rock, a Danna lo clásico, lo suave, lo que inspirara al amor. Kudrent tenía muchísimo más apetito que ella Quiso romper el silencio cuando la guitarra sonó. Solo que esta vez era más suave. —Me gusta esa música—dijo Kudrent sonriendo, cerrando sus ojos como si sus oídos disfrutaran de una majestuosa melodía. Danna reconoció que no sonaba mal, al contrario, todos los instrumentos interactuando a la vez en un pop lento le daba un toque romántico acompañada con una voz dulce que matizaba en la estrofa y explotaba en el coro. La observó con admiración, una parte de ella le agradaba la ternura con la que cantaba, cerraba sus ojos y entonaba la canción acompañada con la voz masculina del cantante de arriba. And fly away from here Anywhere, yeah, I don't care We just fly away from here Our hopes and dreams Are out there somewhere Danna se recostó del mueble con una mano en sus mejillas mientras veía a su hermana como un Ángel que había llegado a alegrar su vida. Dios era bueno, le estaba dando una oportunidad de conectar con su única pariente. —¿Como se llama?—Danna peló los ojos, arrugando las cejas. —¿Quien? —Nuestro vecino cantante. Se encogió de hombros. —Ni idea... —¿Nunca has hablado con él? —Mientras pueda evitarlo, mejor—blanqueó los ojos. Kudrent se cruzó de brazos. —¿Es guapo? —¿Guapo? jajaja, no creo. Da miedo más bien—dijo, aunque su mente la trasladó a ese momento en que la acurrucó en su pecho cuando no podía respirar. De algo que sí sabia Danna de Brown, es que era fuerte, muy fuerte. Cerró los ojos eliminando ese recuerdo tan despreciable para ella. Nunca debió tocarla, ni mucho menos abrazarla. Por alguna razón, ese sujeto no le caía bien, tenia una mala espina que la aterraba. Quizás Kudrent acertaba un poco cuando decía que tenía prejuicios, eso se debía porque consideraba que él representaba la oscuridad en todo tiempo, con su música, con su forma de vestir, con sus amistades. La tenía harta su rock pesado que le hacía doler la cabeza, encontrarselo por los pasillos con sus extraños amigos o besándose con una chica que va en sostén y una falda que se le ve hasta el alma. Ojalá se fuera... Danna de seguro sería feliz. —Lo que tiene de feo, lo tendrá de bueno en la música. Porqué tocan excelentes —opinó. Siguió cantando. Danna quiso hablar de su novio ya que lo había mencionado antes, sin embargo, se cohibió, no quería amargarle el día a su hermana, luego, tendrán tiempo para hablar. Entonces, se le ocurrió hacer algo mejor, Cole aún no regresaba de su conferencia, por eso, decidió tener un día de salida con su hermana, irían a donde quisieran y compartirían un rato. —¿Quieres que salgamos? Kudrent peló los ojos. —¿A donde? —No sé, a caminar... al cine... a un parque... ¿quieres? Asintió, a Kudrent le gustó la idea. —¿Tú esposo no se molesta? La pregunta la tomó por sorpresa. —¿Por que se molestaría? Kudrent se encogió de hombros. —A papá le gustaba conseguir almuerzo recién caliente ¿te acuerdas? Suspiró, claro que lo recordaba. —¡Cole no es así! además, ahorita esta en una conferencia en Nueva York. No vendrá hasta mañana, así que tenemos el día para las dos. La chica sonrió. —Vale. Entonces vámonos. —Dejame tomar un chaqueta, últimamente el clima es bipolar. Se fue a la habitación a revisar su clóset en busca de un abrigo. Kudrent se quedó en el sillón mirando a todos lados. Se levantó a la pared donde observó el reloj de: todo tiene su tiempo, luego, se dirigió a la biblioteca. —¿Tienes chaqueta Kudrent?—preguntó Danna desde la habitación. —¡Nooo!—respondió fijándose en las fotografías de su hermana. Una Danna graduandose, una Danna en el coro de una iglesia, una Danna el día de su boda, una Danna con su padre, una Danna con su esposo. Kudrent se había detenido en ver el retrato con su padre y sintió unas ganas inmensa de escupirlo en el rostro, por su maldita culpa había sufrido, por su culpa su madre se convirtió en un ser despreciable, por su culpa vió arder su casa, por su culpa nunca sintió que era tener un padre que te acueste a dormir con un beso en la frente. Una parte de ella lo odiaba con todo su corazón. Su vista se centró en la foto de Danna con su esposo, y abrió mucho los ojos a recordarlo. Era él... el mismo hombre. No podía ser posible... Cole Brown, era el esposo de Danna, de su hermana. Tragó grueso y sintió desmayarse al recordarlo completamente. —Lo siento, noté que no traias maletas. Supongo que no tienes ropa—dijo Danna con dos abrigos, uno en cada mano. Kudrent la miró espantada. —¿Te sucede algo?—preguntó al verla algo pálida. Sonrió recuperando la dulzura de hace unos minutos. —Nada—dijo, aunque su corazón latía con tanta fuerza que pensó que se le saldría. Miró la fotografia—. ¿Es tu esposo? Danna se acercó colocándole el abrigo en los hombros. —Si... mi amado esposo. ☆☆☆ Notita: Me muero de curiosidad. ¿Que pasó entre Cole y Kudrent? ¿se conocen? ¿De dónde? aaaaah... ¿Que les parece el chico rarito? ¿será que logrará algo con Kudrent? Les dejo adelanto de mañana: Un día de hermanas donde comienzan a conocerse más. Cole regresa de su conferencia y no reacciona bien ante Kudrent. Los espero mañana. Leo sus comentarios, besos.
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