El payaso loco.

3135 Palabras
05 El loco payaso. ☆☆☆ —Estas muy callada—señaló Danna paseando su vista entre el semáforo y su hermana que a su vez, miraba por la ventana—. ¿Que piensas? En tu esposo. Indicó la conciencia de Kudrent. Definitivamente, no había dejado de pensar en Cole Brown desde que lo vió en esa foto, sin embargo, eso no podía decírselo a Danna, en lo absoluto, perdería lo que hasta ahora tiene. Ella no puede saber, ni enterarse. Fingió una risita centrando su vista en la mayor. —En lo feliz que estoy. De verdad gracias Danna—dijo con su respiración un poco pesada. Danna le dedicó una sonrisa tierna de boca cerrada, al igual que su hermana se sentía feliz, principalmente, porque había aplacado esa tristeza interminable del no tener hijos. Es como si Dios estuviera recompensando su vida con un poco de alegría. Sabia que en cualquier momento debía decirle a Cole y aunque no había pensado en como, ni en donde, ni cuando, lo que sí determinó es el hacérselo saber. Cerró sus ojos, no quería pensar cosas tristes, por lo menos, ese día no. —¿Tú esposo viaja con frecuencia? La sacó de sus propios pensamientos su hermana. —Mmmm... antes viajaba menos, ahorita, con más frecuencia. —Mmmm... ya—se lamió los labios—. ¿Por qué tú no lo acompañas? Danna suspiró. Se había planteado esa pregunta tantas veces que le daba flojera el haber descubierto la respuesta. Dió otro largo suspiro. —Mi suegro va con él—dijo con una tenues amargura. —¿No te llevas bien con tu suegro? Otro suspiro. —Como decirte... si y no. —¿Cómo así? justifica tu respuesta—enarcó una ceja la menor, a la espera de escuchar la información completa. —Bueno... siempre está opinando en lo que hago, en como me visto, en lo que digo. Cree que debo estar sujeta a su hijo en todos los sentidos. De hecho, siempre me critica por mi profesión, es uno de los hombres que considera que la mujer debe estar en casa con hijos y atendiendo el hogar y no trabajar. Me frustra eso, por eso, trato de tenerlo de lejos. —Ya... y, ¿tú suegra, mejor que tú suegro? Una risa amarga salió de ella. —Peor. Siempre me está diciendo que debo hacer, como debo cocinarle y aaash, son tan... tan... sofocantes. Kudrent vió el desagrado completo de su hermana, su rostro era un mezcla de abatimiento amargo. —Lamento los suegros que te tocaron. —Son buenas personas, solo que... aveces me provoca decirle que: no se metan en mi matrimonio, ni en mi vida. Que se ocupen de lo suyo, de su iglesia, de sus cosas... —Y ¿por qué no se lo dices? Peló los ojos con otra risita amarga. —¡Estas loca! ¡me excomulgan de la iglesia! —¿Son predicadores?—preguntó curiosa. —¿Por que crees que Cole es teólogo? ambos son predicadores de primera y conferencistas motivadores. A Kudrent se le salió una risa hilerante. Danna frunció el ceño. —Todo eso es interesante... creen en toda esa mierda de la santidad... el amor... el perdón. Su hermana mayor peló los ojos. —¡Palabrotas!—dijo mirando a Kudrent horrorizada. Se estacionó a un lado del andén, apagando el motor del auto—Bien... ya llegamos...—musitó jugueteando con sus manos sobre el regazo, odiaba hacer eso porque la mostraba insegura, nerviosa, solo que no podía controlarlo—. Kudrent, tú eres mi hermana y daría todo porque te quedes a mi lado, solo que... en casa tenemos unas ciertas reglas para que la convivencia sea agradable, ¿entiendes? Asintió. —Una de esas reglas es el vocabulario, las malas palabras y todo eso... Y sí. Cole cree en la santidad, honestidad, fe, amor y felices pasa siempre... ¿vale?... Kudrent la miró con cautela. —¿Eres feliz Danna? Le sorprendió la pregunta. —¡Que dices! ¡por supuesto que soy feliz!... tengo todo lo que una mujer quiere. Una casa, un matrimonio estable, un marido que me ama. Una profesión. ¡Soy muy feliz!...—ensanchó una sonrisa. Kudrent analizaba sus respuestas, cada una de sus palabras porque una cosa era sonreír y la otra verdaderamente ser feliz. No conocía bien a su hermana, apenas, estaban teniendo este tipo de interacción que le parecía honesta. —Ya... vale...—sonrió—. Es verdad, tienes un matrimonio de sueño, una estabilidad envidiable y todo...—su expresión se ensombreció—. Alguna vez no se, si soy solo yo o te ha pasado. ¿Has sentido que te falta algo en tu vida? Los bebés que nunca podrás tener. La acusó su conciencia, eso le dolió. Ignoró sus pensamientos centrándose en su presente, y en su presente estaba Kudrent. —Solo tú... La mirada sombría cambió a una tierna. Los ojos azules se volvieron un mar claro excepcionalmente apacible. —Ya somos dos. Se sostuvieron la mirada por unos segundos hasta que Danna la abrazó. —¡Es increíble que estés aquí! ¡estoy muy feliz por eso!... por cierto, vamos... Se bajó del auto. Kudrent observó el edificio de muchos pisos de un color gris oscuro. Cuando estuvo a punto de contar los pisos, su hermana la tomó por el brazo. —¡Vamos! ¡No te quedes allí! Con una sonrisa ingresaron al centro comercial, de una vez, ambas se quedaron mirando las tiendas de ropa, desde la interior como las otras. Kudrent se probó una cantidad de pantalones, faldas, camisa, vestidos, zapatos hasta que finalmente decidió que comprar. Una ropa decorosa, vibrante. La mayoría de las camisas y vestidos eran de un rojo intenso, o un rosa pálido. Ambos colores contrastaban con lo rubio de su cabello y los ojos azules que se gastaba. —Compraste casi todo rojo, hasta la ropa interior—frunció el ceño Danna sentada en un restaurante, a la espera de un almuerzo exquisito. —¡Es mi color favorito!, representa el fuego, el amor, la pasión... Danna se echó a reír. —¿Crees en eso? los colores no definen tú personalidad Kudrent. —Aunque no lo creas, sí la definen. Por ejemplo tú... ¿cuál es tu color favorito? —Mmmm—se quedó pensando—. Creo que el amarillo. —Vez... el amarillo representa la luz, el esplendor, lo brillante y así eres tú Danna. Luz en medio de oscuridad. A Danna le gustó la alegoría. —Vale, gracias. Ya entendí—se volvió a reír, mirando a su hermana entusiasmada por todo lo que había comprado—. Me toca a mí preguntar ahora—dijo—. ¿Cual es tu comida favorita? digo... debes tener una ¿cierto? Asintió. —Pizza—comenzó a enumerar con sus dedos—, mmm, hamburguesas, pollo frito, papas fritas, coca-cola... —Ya, tús comidas no son nada nutritivas Ella se echó a reír. —¿Que comes tú? —No sé. Lo más saludable posible... granola, jamón, queso, arroz, pasta, un poco de proteína y jugos naturales, y mucha agua. —¡A la mierda lo saludable!—Danna puso mala cara. Kudrent fue consciente de la grosería que brotó sola como si fuera un río. Se dió palmadas en la boca reprendiendose a sí misma, luego, miró a su hermana apenada—. ¡Lo siento! Suspiró. —Vale, no te preocupes. El mesero se acercó con un cuaderno en su mano, y un lápiz en la otra. —¿Desean algo? —Si. Lo mismo de siempre—dijo Danna, luego, miró a Kudrent—. ¿Tú qué quieres? Parpadeó pensativa. —¿Que trae tú menú? —Bueno... pollo a la plancha, arroz, ensalada, lo normal. Kudrent le sostuvo la mirada a su hermana. —¿La presa de pollo es grande? Danna se echó a reír. —Bueno es de este tamaño—le hizo una forma con las manos. La chica la analizó. —Mediana... Bueno, que más. Lo mismo que mi hermana. —Si quieres otra cosa, puedes pedirlo. —No, quiero probar lo que tú pruebas—dijo, a Danna le pareció tierno que quiera comer lo mismo que ella. El mesero anotó alejándose de la mesa. —¡Esta como lindo ese mesero!—exclamó Kudrent sin apartar la vista de él. Danna arrugó las cejas. —¿Quien? —¡El mesero! Ella volteó para mirarlo. Llevaba su uniforme habitual, nunca se había fijado si era atractivo o no, cada vez que iba al restaurante la mayoría de veces pedía su comida y ya. —No me parece tan atractivo. Kudrent bufó. —Claro, si tienes tus ojos puestos en Cole. —Tiene que ser así, es mi esposo. —¿Y? —¿Como que Y? —¿Nunca te ha parecido nadie atractivo estando casada? —¡Kudrent por dios! ¡estoy casada! —¡Exacto! ¡estas casada, no ciega! —¡Por supuesto que no! mis deseos solo deben ser para mí marido. —Osea, solo haz estado con Cole, con nadie más ¿eh? Danna se horrorizó. —¡Kudrent! —¡Que! es normal entre hermana hablar de estas cosas ¿no? Se lo pensó bien, supuso que sí. Tú hermana era como una amiga íntima la cual le cuentas estas cosas con la que con una amiga simple no hablas. Ni de loca le contaba cosas así a Marisol. —¡Supongo que sí! solo que es incómodo. Kudrent se echó a reír. —¿Incómodo? ¿en pleno siglo 21? ¡no creo! creo que eres muy reservada con el tema de intimidad, y no te culpo. Vivimos en una sociedad donde la gente se esconde para hacer el amor cuando un sin fin de violencia se está haciendo en público. El mesero trajo la comida, dejándola en la mesa, interrumpiendo la conversación. Danna agradeció por eso, porque que Kudrent hubiera nombrado "hacer el amor: le hizo mucho ruido. Miró el plato: arroz, plátano maduro, ensalada verde que Kudrent visualizó con desaprobación y un pollo a la plancha mediano. —¡Provecho! —¡Gracias!—dijeron ambas. Kudrent empezó a devorar la comida sin apartar la mirada en su hermana —Bueno, él único hombre en mi vida ha sido Cole. Con él lo experimenté todo, incluso mi primer beso. —¿Solo te has besado con Cole?—se alarmó. —Siii, lo dices como si fuera algo malo. —¡No es malo, solo que es raro! —¡Yo soy rara!—dijo, llevandose un bocado de comida a la boca. Kudrent se echó a reír. —¿Ahora tú? ¿eres virgen? Negó con la boca llena. —¿Perdiste tú virginidad con Anderson? Volvió a negar. —¡Que!—se asombró Danna—. ¿Con quién? —La perdí cuando tenía 14. —¡Kudrent! ¡prácticamente una niña! —Con un amigo de mamá—confesó mordisquiando el pollo. —Oh, no... ¿mamá se enteró? Ella la miró con amargura. —Sí. —¿Que hizo? Kudrent bajó la mirada con vergüenza. —Le cobró por eso... Danna se atragantó con el pollo. Tosió un par de veces hasta que bebió del jugo de fresa que tenía en la mesa. Le costó digerir la respuesta de Kudrent. —Me estás diciendo que mamá te vendió ¿eh? —Prácticamente... con un viejo asqueroso—siguió comiendo sin alzar su mirada. Los ojos de Danna casi se llenaron de lágrimas. El corazón se le acongojó con el simple hecho de saber cómo su hermana perdió su virginidad. Debió ser difícil sentir alguien dentro de ti que no quieras, ni estuvieras enamorada. Seguia mirando a Kudrent con asombro evidente, preguntándose: ¿cómo pudo soportar eso? ¿cómo su madre lo permitió?. Perder la virginidad era un paso importante, una decisión. Imaginarse que su madre decidió venderla a un asqueroso la asqueó por completo. Recordó cuando perdió su honra, estaba tan nerviosa que no podía mantenerse en pie, y Cole sediento, queriendo que le abriera las piernas. No estaba lista, ni segura, pero Cole insistía, estaban a un mes de la boda. Se negó, su novio que ahora se había convertido en su esposo se enojó, dijo que no lo amaba lo suficiente como para darle una prueba de amor. De tanta insistencia, terminó accediendo a un momento íntimo que no fue placentero para Danna. Cole había sido tan brusco en su búsqueda de su propio placer que no le importó si a su amada le estaba gustando o doliendo. —¡Lo siento!—susurró, su voz sonó débil. Kudrent la miró con ojos humedecidos, aguantando las ganas de llorar. ¡Nooo mamá! ¡Aporta algo para esta familia Kudrent! Un cliente te espera... Cerró sus ojos, de pronto, el apetito se había ido... aún de muerta, su mamá lo estropeaba todo. —No, no te disculpes. Fui yo la que sacó el tema ¿vale?. Fue cosa del pasado y es mejor no nombrarlo. —¡Vale!—coincidió su hermana. Un silencio sepulcral se instaló en ambas, jugueteaban con su comida con el tenedor. Danna sin dudas estaba triste, una parte de ella se sentía culpable, enojada con su padre por haber dejado a su hermana en manos de alguien que no merecía ser madre. ¡Que paradójica era la vida! Las que no deberían ser madre tienen hijos por montones, las que si quieren, no tienen ninguno. ¡Sonaba injusto! así era la vida, aveces justas otras no tanto. —Ya ... dejemos la cara de funeral. Lo pasado esta pisado, toca mirar hacia el futuro y tú eres parte ahora de mi futuro. Una lágrima bajó por la mejilla de Danna que asentía frenéticamente. —¿Vamos a ver una película? ¡Yo la elijo! Volvió a sentir. Danna se secó la lágrima buscando la manera de pagar la deuda y así romper con el momento de tristeza. Al lado de su hermana se condujeron hacia el cine. Kudrent había elegido ver it. —¿En serio? ¿terror? —Me llaman la atención los payasos locos. Danna dudó entrar a la sala. —¡No es mi género favorito! —¡El mío sí! —repuso la menor casi de inmediato—. Anímate, estaré a tú lado todo el tiempo. Asintió. Buscaron sus respectivas butacas con palomitas y gaseosas en las manos, y al rodar la película, Kudrent no pudo evita reírse por las expresiones de miedo de su hermana mayor. Daba unos brincos o se aferraba a su brazo como si fuera una almohada. Al terminar la película, la menor no dudó en burlarse de la mayor. —La mayor y las más cobarde. —Vale... lo mío no es la sangre. Ese payaso estaba pegado a la pantalla, casi me muero. Tenia miedo por esos pobres niños. Una carcajada brotó de Kudrent. —Es enserio... Me encariñé con Richie, con Billie, con Beverly, con tetas, con el judío, con el de color... y me dolió demasiado la muerte de Georgi. —Mejor dicho... con todos los personajes. —¡Son niños! —Niños ficticios que viven en la mente de Stephen King. —¡Igual! Kudrent se echó a reír. —Debes de ser una excelente madre cuando tengas tus hijos, veo que te encantan. Esas palabras partieron en dos el corazón de Danna, porque ella nunca tendría hijos al menos que un milagro de Dios proceda desde su vientre seco. La entristeció demasiado el comentario. Tragó tan grueso que le dolió la garganta. —¿Nos vamos?—cambió de tema, buscando su auto con la mirada. Finalmente, cuando lo encontró caminó directo hacia él, ya había oscurecido, el aire se tornaba frío, a Danna no le gustaba estar en la noche en la calle, lo consideraba peligroso. Se subieron al vehículo, que arrancó co rapidez. —¡Gracias! ¡en serio! ¡por todo!—miró en el asiento trasero las bolsas, toda esa ropa solamente suya —No es nada...—dijo Danna. Kudrent vió el equipo de sonido y buscó música, Danna no objetó, dejó que pusiera lo que quisiera. Una música relajante las acompañó en todo el camino, ya a esas alturas estaban cansada. Una vez llegaron, Danna guardó el carro en el estacionamiento del vehículo, y rogó no encontrarse al rarito por el pasillo, ni verlo con su novia de sostén, ni a ninguno de sus amigos. Por favor Espritu Santo. Se relajó cuando el pasillo que llevaba al ascensor estaba solo, las escaleras igual, y sin ningún ruido. Paz... paz... eso necesita este edificio. Las dos subieron en el ascensor directo a su piso. —¡Estoy cansada! —¡Yo igual!—dijo Kudrent frotándose el cuello. Danna buscó las llaves de su apartamento, al conseguirla abrió la puerta, para su sorpresa había una maleta en medio de la sala. Su vista buscó a lo que esperaba conseguir. —¿Cole? —Danna, por dios... ¿dónde has estado? Parpadeó confundida. —Pensé que llegabas mañana. —Si, pero todo terminó antes. Te he llamado un montón de veces. Sacudió su cabeza. Claro, su teléfono, lo había olvidado por completo. —Lo siento, no estuve pendiente del teléfono. —Pensé que te habían secuestrado o algo por el estilo. —¡Estoy bien!—dijo, tratando de apaciguar el enojo de su esposo. Que inquieto se movía de un lado a otro—. Tuve un día de chicas con mi hermana. Se giró un poco dándole pasos a Kudrent que se había quedado atrás como un gatito asustado. —Cole... ella es Kudrent, mi hermana—miró a Kudrent—. Kudrent... él es Cole, mi esposo. Cole que caminaba de un lado a otro se quedó quieto, un poco impávido. Sus ojos se agrandaron tanto al ver a esa chica parada frente a él, y por poco casi se infarta al enterarse que es la hermana de su esposa. No... Dios estaba jugando con él. —Hola, Cole. ☆☆☆ Notita: ¿Que le ha parecido este capítulo? ¿le ha gustado al igual que a mí? seguimos sabiendo cosas del pasado de estas dos chicas. ¿Que habrá pasado entre Kudrent y Cole? ¿se lo imaginan? déjenme sus comentarios. Les dejo un adelanto: Kudrent conoce el circulo social de Danna, no le parece tan agradable a lo que profesan. La paz de Cole es irrumpida por la llegada de Kudrent. Debe hacer algo para sacarla de la vida de su esposa. Nos vemos mañana. Besitos.
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