06
Es de sabios callar.
☆☆☆
Hola, Cole.
Le retumbó en su cabeza el saludo. El enojo abandonó su cuerpo para darle paso al desazón de que su mundo perfectamente controlado se le venía abajo.
Tragó tan grueso que presintió tener en su boca alambres de púas que bajaban de una manera dolorosa en su faringe. Su rostro mostraba una palidez parecido a cuando vez un fantasma.
No sabía cómo reaccionar... ni que pensar... su impulso le obligó a darle la espalda a su esposa e ir directo a su alcoba para digerir lo que estaba ocurriendo. Cerró de un portazo que retumbó como un estruendo toda la sala.
Danna se quedó con los ojos pelados, sin entender que le pasaba a su marido, ¿un mal día? ¿se había enojado porque llegó tarde a casa? quien sabe...
Miró a Kudrent apenada, avergonzada por la actitud nada amable de su esposo.
—Kudrent, quédate aquí, por favor. Iré hablar con él.
—No quiero traerte problemas Danna.
—¡No eres un problema! solo necesito hablar con él. ¡Por favor, no te vayas!—cerró la puerta un poco angustiada por ambos seres que amaba. Entonces, se fue directo a la alcoba.
Kudrent quedó paralizada, mirando la puerta donde Danna y Cole mantendrían una conversación algo incómoda. Y sonrió... simplemente, no pudo evitar sonreír.
Ofuscado, Cole caminaba de un lado sin poder creer que esa mujerzuela estuviera viviendo bajo el mismo techo que él. Le dió un puñetazo a la pared cuando Danna entró.
—¿Cole?—llamó, mirándolo impasible—¿Que te pasa?, estas fuera de sí.
Cole le dió una mirada furiosa, eran como si dos dagas amenazaban por apuñalarla. Nunca lo había visto tan fuera de cordura como esa noche.
—¿Estas bien?—preguntó, quiso tocarlo para aliviar su molestia, no obstante, Cole se volteó con una agresividad que la sorprendió.
—¡¿Te parece que estoy bien?!—le gritó. El corazón de la esposa se aceleró de tal modo que estuvo a punto de infartarse. Cole nunca le había gritado de esa forma. ¿Qué rayos le pasaba?
—¿¡Que te pasa!? ¿por qué me tratas así?
Cole se alejó de Danna caminando de un lado a otro sin saber bien que hacer, el impulso de sentirse amenazado por una mujerzuela lo hacía reaccionar de manera no correcta.
—¡Cole!
—¡Dejame en paz Danna! ¡Dejame solo!
—¿Y Ya? asi termina la conversación ¿eh?
—¿Te molestó que llegara tarde? ¡lo siento!
Silencio...
—¿Te molestó Kudrent?
Cole le lanzó una mirada fulminante.
—¿Por que trajiste a una desconocida a la casa?—inquirió tragando saliva, sintiendo como el miedo abelgaba en todo su interior.
—¡No es una desconocida Cole! ¡es mi hermana!
—Hermana que no sabes nada...
—¿Que puedo hacer? es mi única pariente, además, tiene 17, 17 Cole.
Éste abrió los ojos como plato.
—¿17?—repitió.
—No puedo dejarla tirada como un saco viejo Cole, entiende, es mi única hermana, el único pariente que tengo en estos momentos. Por favor, no me hagas esto porque estoy muy feliz de tenerla conmigo
—¡Yo no! para mí es una extraña que viene a ocupar el cuarto del bebé.
Danna se quedó inmóvil, con ganas de llorar... ¿por qué era tan egoísta? él tenía a toda su familia, las veía siempre, los abrazaba a menudo, en cambio ella, su único familiar que amaba y que había sufrido lo quería lanzar a la calle como si fuera un perro. En lo absoluto lo permitiría.
Las lagrimas bajaron por sus mejillas al ver aquella actitud. Se volteó apoyando el rostro contra la pared... No podía creer que su esposo se estuviera comportando como un idiota.
—Le doy un mes Danna, un mes para que se vaya—declaró malhumorado. Danna se giró para verlo a esos ojos negros que la enamoraron, sin embargo, encontró una furia inexplicable.
—¡Cole!... No me hagas esto... no puedes ser egoísta conmigo.
—Y tú... ¿cómo estás siendo conmigo?—reclamó.
—¿Como?
—No respeta mis decisiones, ni nada de lo que yo digo en esta casa.
—¿Decisiones? todas las decisiones las tomas tú Cole.
—¿Por ejemplo?—refutó con la mandíbula tensa.
Danna no supo que decir, la mente se le puso en blanco.
—¡Un mes Danna, un mes para que se vaya!—dictaminó saliendo de la habitación como alma que se lleva el diablo. Danna salió tras él, una parte de ella creía poder convencerlo de que Kudrent se quedara hasta la mayoría de edad.
—¡Cole!—gritó, corriendo tras él.
Los pasos del esposo eran zancadas grandes, caminaba tan rápido que parecía inalcanzable. Salió del apartamento, bajó las escaleras y le pasó a un lado al vecino de arriba.
Danna trató de alcanzarlo, bajó las escaleras a toda prisa y se detuvo cuando vió al vecino paseando su vista entre un Cole furioso y una esposa angustiada.
Por unos segundos se quedaron mirando en un silencio abrumador, hasta que Danna salió corriendo escaleras arriba.
Cerró la puerta de su apartamento sollozando, ¡Cole no le podía hacer esto!. Buscó a Kudrent con su vista y al no hallarla en la sala y cocina se preocupó. Los pasos apresurados casi la hicieron tropezar cuando corrió a la segunda habitación que quedaba al lado de las de ellos. Su alma le regresó al cuerpo cuando la encontró dormida en posición fetal con la cara pegada hacia la pared.
—¡Kudrent!—llamó para sesiorarse que estaba durmiendo. Sin embargo, no hubo respuesta. Mejor así, tenía demasiada vergüenza con ella.
Cerró la puerta, apotrónandose en el mueble, rompiendo en llanto. No quería separarse de su hermana. No entendía porque Cole actuaba de una forma tan egoísta, ¡no era justo! .
Danna de Bown lloró hasta quedarse dormida.
Por otro lado, Kudrent despierta en posición fetal con la cara hundida en la pared, repasaba ese día, el día en que conoció a Cole Brown.
☆☆☆
¡Eres una sucia! ¡Una mujerzuela!
Cerró los ojos... ¡era una pesadilla! una vil y maldita pesadilla, pero no. Allí estaba ese hombre, tocandola, entrando y saliendo de su interior. Salían palabrotas de su boca, ofensas, obscenidades. Le dolía, dolia demasiado lo brusco que la tomaba. ¡No podía gritar! ¡ya no le quedaban más lágrimas!
Le había rogado a su madre, que la ignoró, la abandonó dejándola a solas con ese hombre que nunca en su puta vida olvidaría.
Gruñó como cerdo al venirse sobre ella. Sobre su cuerpo virginal, pequeño, estrecho. Desde ese día, Kudrent Alvarado perdió toda la vergüenza, el pudor y el decoro que tenía. Aprendió a usar su belleza, como un arma mortal para los que solo querían follarsela y ya.
¡Sucia! ¡Mujerzuela!
Se despertó... se despertó bañada en sudor.
Seguia soñando con ese asqueroso tocandola... ¡Que asco!... por más que quería olvidarlo, no podía, se había metido en su subconsciente como un virus en un sistema operativo.
Menos más que nunca más volvió a ver a ese hombre, y nunca más quería verlo. Lo repudiaba, le daba asco, náuseas.
Suspiró llevándose la mano a la cabeza, joder, le dolía tanto que parecía que iba a estallar.
Bostezó, observando la habitación con un clóset y una mesita de noche, en ese momento fue consciente de que estaba en un mejor lugar, en uno donde no era bienvenida por parte del esposo de su hermana.
Sonrió, le pareció divertido molestarlo, sacarlo de su perfecta vida y introducirlo en el carril de la verdad. ¿La verdad os hará libre? lo dijo el mismísimo Jesucristo, y ciertamente, la verdad de Cole sería un infierno con mucha candela.
Se levantó de la cama en busca del baño, al abrir la puerta, lo encontró frente a ella. Era hora de ducharse. Al mirar a la sala vió a una Danna dormida en el mueble en posición fetal, hasta su manera de dormir eran iguales.
—¡Gillipolla!—dijo entre dientes. Adentrándose al baño. Se bañó, se lavó los dientes y se vistió con unos pantalones negros y una camisa roja. Se pintó los labios de un rojo intenso, dejando su cabello ondulado suelto.
Sonrió como un angelito mirando al espejo; se consideró hermosa, toda una diosa delante el espejo, en comparación con Danna que la veía como una chicle debajo de sus pies.
Salió de la habitación a la cocina, estaba viviendo en la casa de su hermana, ahora, tenía que ganarse la voluntad. Preparó desayuno, panqueques con miel y un batido de fresa.
Danna pegó un salto del mueble cuando escuchó la licuadora, casi muere de un infarto. Quedó de culo en el sillón con la mano en el corazón.
—¡Kudrent! por todos los cielos, me has pegado un susto... ¿qué haces?
Ella sonrió con la boca cerrada.
—Desayuno. Por cierto, ya esta listo.
Su hermana mayor suspiró, apoyando sus codos en el muslos, y sus muñecas en la cara.
—¡Lamento lo de anoche!
Kudrent sonrió.
—¿Anoche? ¿qué pasó anoche?—fingió demencia absoluta.
Danna la miró melancólica.
—No hagas eso, no finjas que no escuchaste.
La mira... La mira... finalmente, Kudrent se acerca, le toma de ambas manos.
—En dos meses seré mayor de edad...
—¡No es el caso!
—No quiero que tengas problemas.
—Le haré entender a Cole—dijo angustiada.
—Chii, basta... Soy un estorbo aquí Danna.
—¡No digas eso! ¡es mi deber protegerte! ¡no eres un estorbo!—sollozó alzando el tono de voz.
Kudrent la miró con expresión sombría.
—Buscaré trabajo y me marcharé en un mes ¿vale?
—¡Kudrent! ¡no, no quiero que te marches! ¡te acabo de encontrar!
Se abrió la puerta, ambas se quedaron mirando a un Cole en un estado deplorable. Principalmente, Danna lo miró mal.
—Voy a ducharme...—dijo, alzándose del mueble y sin mirar atrás se adentró al cuarto de discusión, cerrando de un portazo.
Estaban solos... Kudrent y Cole estaban en la sala mirándose con odio.
—¿17? ¿Sofía? ¡Ja! ¡puras mentiras!—reprochó Cole furioso.
—¿Casado?... mira a ver quién es el mentiroso—ladró ella.
Cole se acercó acortando la distancia entre ambos.
—Vete de mi casa ahora mismo... como te llames...
Se cruzó de brazos con una risita en los labios.
—¿De que te ríes?—se enfureció más Cole.
—¿A que le temes cuñadito? a ver... ya se...—se hizo la pensativa—. A que tu mundo perfecto se te venga encima, o darte cuenta que eres un falso.
Cole se tensó.
—Eres...
—¿Que soy?—interrumpió Kudrent desafiante—. ¿Tienes miedo de que le diga la verdad a Danna?
—No te atreverías. Te conviene quedarte callada.
—Es cierto... Nos conviene a ambos. Ya sabes... es de sabios callar—acortó más la distancia con una mirada divertida que estremeció a Cole de pies a cabeza—. ¿Dime Cole... ¿a qué le tienes miedo?...—se lamió los labios.
—¡Basta, no hagas eso!
—¿A Danna? o ¿tener mi boca entre tus piernas?
La respiración de Cole se volvió pesada, su espina dorsal le recorrió un cosquilleo cuando la mano de Kudrent apretó su pene.
—¡Estas duro como una piedra Cole!—dijo con cierta perversión en su expresión. No dejaba de lamerse los labios, de mirarlo de una forma que a Cole lo calentaba.
Apretó más el agarre masajeandolo. Cole soltó un gemido, el calor se había apoderado de cada extremidad, especialmente, entre sus piernas.
—¿Te gusta?—susurró.
Cole no pudo hablar, las palabras quedaban atoradas en su garganta, solo podía gruñir, gemir como un animal.
—¿Te gusta cuñado?—dijo con tono más sensual.
Asintió acalorado.
Se lamió los labios tan provocativamente que Cole quiso que se la metiera a la boca. La regadera se escuchaba desde la sala, Danna seguía en la ducha.
—¿Sabes que vas hacer cuñado?—las apretó, ahora con fuerza, con tanta que le dolió.
—¡Maldita loca!—se quejó Cole doblandose un poco.
—¿Sabes que vas hacer?—volvió a preguntar. Apretó con más fuerza. Cole gimió de dolor.
—Ausch...
—Y te lo arrancaré si no prestas atención...—miró hacia la puerta de la habitación de Danna—. Te vas a disculpar con mi hermana por tu comportamiento gilipolla anoche. Y harás que este lugar sea un ambiente agradable para todos ¿escuchaste?—apretó con todas las fuerzas que tuvo.
—Aaahh... me lastimas loca.
—Asiente si me estás escuchando...
Asintió.
—Tomarás tú culo y te sentaras en tu lujoso sillón y comerás como si no hubiese pasado nada. Vas a ser que nuestra convivencia sea tolerable o te juro...
—¿Que?—refutó adolorido. Sus gestos eran de dolor puro.
—Te corto el pene y nunca más lo volverás a utilizar cuñado—lo soltó. Cole metió sus manos entre sus piernas encorvado—. Sonríe, y duchate, pareces un desquiciado.
Danna salió de la ducha en paño, con una expresión angustiada.
—¿Va todo bien?—preguntó paseándo su vista entre ambos.
Kudrent sonrió...
—Todo va perfecto, ¿cierto cuñado?
Cole la miró con mala cara recuperando su postura.
—Perfecto... voy a la ducha.
Danna arrugó las cejas mirando a Kudrent, sin embargo, cuando su esposo pasó a su lado se fue tras él.
Cerró nuevamente la puerta.
Desde el espejo vió a Cole desvestirse. Quitarse su camisa dejando un pecho fuerte, con algunos vellos de un n***o espeso que le da el paso a un camino de músculos en su abdomen plano y una V que... la conducía a lo que era suyo, a su intimidad.
Se mordió los labios, de alguna manera, un calor le recorrió el vientre, y el deseo se encendió en sus ojos. Cole era atractivo, demasiado. Su pelo n***o, sus ojos como la noche, su vigorosos brazos, sus carnosos labios.
Se quitó la toalla dejándola en el suelo. Y caminó rumbo a donde se encontraba: bajo la ducha.
Cole la miró, estaba tan caliente que al verla desnuda le provocó entrarse en su interior como un loco. Danna lo besó con delicadeza, sin embargo, Cole no quería lo delicado, estaba en llamas, quemándose en el pensamiento de su cuñada tocandolo. La pegó de la pared hambriento con una severidad enorme, y sin compasión la penetró. Una y otra vez entraba y salía de ella sin dejar de besarla, su lengua danzaba a un punto que a Danna le costó la respiración.
—Aa–gimió apoyando sus manos en la pared. El agua de la ducha caia en su espalda mientras que Danna se agarraba de sus hombros anchos con fuerza para no caerse. Con las piernas abiertas lo sintió eyacular dentro suyo.
Soltó un suave gemido, mientra que Cole gruñó bajando la velocidad de sus movimientos hasta quedar apoyado de la pared. Dejó a su esposa a un lado y se metió a la ducha lavándose el pene.
Danna sonrió, para acariciarlo, se detuvo cuando Cole miró sus intenciones.
—Vístete... mis papás nos invitaron comer.
La sonrisa se desvaneció, su expresión se ensombreció por completo. Lo observó enjabonarse y cuando quiso tomar el jabón para hacerlo ella, lo volvió a escuchar.
—Dile a tú hermana que se aliste con decencia.
Suspiró. Salió de la ducha algo decepcionada.
Se puso unos jean azul claro con una camisa manga larga de rayas de un color naranja. Su pelo azabache hasta los hombros se lo dejó suelto con el flequillo de medio lado.
Abandonó la habitación encontrándose con una Kudrent sentada en el sofá.
—¡Hola!
—Hola—respondió Kudrent—. Allí en el mesón esta tú desayuno, supongo que debe estar frio, tardaste un montón vistiéndote.
Danna sonrió de medio lado algo avergonzada, recordando su demora. Sacudió la cabeza dirigiéndose hacia el mesón y masticando los panqueques.
—¡Están ricos! gracias.
Ella alzó una mano como señal de: esta bien.
Cole no tardó en salir de la recamara. Un suéter n***o ajustado a su cuerpo y unos pantalones marrones llamó la atención de Kudrent, que lo miró impresionada por su atractivo. Le observó darle un beso a su esposa en la mejilla y comer los panqueques.
—¿Le dijiste?—le dijo a Danna.
Ella negó con la boca llena.
—Iremos a casa de mis padres, así que... comportate con decencia.
Blanqueó los ojos dejando caer su cuerpo entero en el sofá ignorando lo cariñosamente asqueroso que se veían los dos jugueteando en la cocina.
Si Danna supiera... de seguros, no lo vería como una tonta.
Cole jugueteó con los panqueques de su esposa mientras ella se reía con disimulo, aunque de reojos colocaba su mirada al sofá.
Kudrent agradeció cuando el rock pesado invadió la sala, la cocina y toda la casa.
Gracias rarito... definitivamente, soy tú fans.
—Aaahs—se quejó Danna apartándose de la cocina.
La menor reconoció el rock, enter sadman de la banda Metálica. Ahora todo se tornaba ruidoso, y de algo había conocido a Danna, y era que odiaba con toda su alma ese tipo de música, por eso, no tardó en que su malhumor fluyera y se hiciera notar. Cole refunfuñaba, pero no tanto como su hermana mayor.
—¿Nos vamos?—Kudrent escuchó decir a Danna.
Cole asintió.
Ella se levantó de mala gana dedicandole una mirada a su hermana que también le sostuvo la vista.
—¡Vamos!
Asintió.
Los tres salieron del edificio, embutiendose en el carro de Cole que conducía mientras le contaba a Danna las mejores partes de su conferencias y alguna más que otra escena. Kudrent desde el asiento trasero solo podía poner los ojos en blanco al escuchar todo ese tema de amor, santidad, y perdon, sobre todo eso, el perdón porque sin duda ese tema si tocaba terreno en su corazón.
—Entonces, uno levantó la mano y hizo la pregunta más tonta del mundo.
—¿Cuál?—preguntó Danna con interés en la conversación.
—Por que Dios no destruyó al diablo cuando se rebeló contra él en vez de mandarlo a la tierra—Cole se echó a reír.
Kudrent levantó una ceja. Consideraba que esa pregunta tenía todo el sentido del mundo.
A Danna no le dió gracia su risa de suficiencia, se quedó callada cambiando su vista hacia la ventana.
Cole miró por el retrovisor encontrándose con una Kudrent distraída. En su mente aún rondaba el recuerdo de cuando le agarró el pene, y la excitación que sintió que terminó follando a Danna sin compasión alguna.
Su mente viajó, lo llevó a ese día, al que conoció a Kudrent en una de sus conferencias. Y después de invitarle una copa, terminó con su pene en la boca.
La sensaciones volvieron aparecer al recordar cómo le lamió su pene desde la base hasta la punta. Lo mordisquiaba con un cuidado tan exquisito que lo llevó a un éxtasis difícil de salir.
Su lengua jugueteó como si fuera una paleta de helado, y ese gesto lo llevó a la locura, al tocar el tercer cielo con solo su boca. Si así era su boca, no se imaginaba introducirse dentro de ella, por delante, por detrás, por todos lados.
Se estacionó sudando, empapado, caliente que sentía la sangre hervirle. Bajó la mirada a sus pantalones y vió su pene erecto, durísimo, se notaría al bajarse del auto.
—¿Vamos cariño? —dijo Danna, bajándose del auto.
—Eh, me estacionaré más adelante. Pero ustedes adelantense, las alcanzo en un segundo.
—Bueno...
Danna y Kudrent se bajaron del auto y caminaron a una casa campestre lujosisima, si el apartamento de Danna le pareció a Kudrent un paraíso, esta casa era el mismísimo cielo.
Por otro lado, Cole las vió caminar desde su auto, tenía que hacerlo ahora, o su erección nunca bajaría. Se sacó su polla y la frotó, arriba y abajo, pero la masturbación no es solo tocarse, los pensamientos tenían mucho que ver. Entonces, revivió el día en que Kudrent se lo metió a la boca.
Tan exquisito fue el momento que soltó un gemido profundo. Esos labios rojos, esa lengua, cuando eyaculó dentro de su boca y ella se tragó toda su leche.
—¡Aaaahwww!—gritó, eyaculando en su mano. Su pensamiento perverso se fue, su ansiedad, su deseo, sus ganas. ¡Era libre! pero... ¿por cuánto tiempo?
Se bajó del auto, retomando el aire perdido y se fue rumbo a sus familiares.
Por otro lado, Kudrent caminaba al lado de Danna cuando vió de lejos a sus dos suegros en la puerta de la casa.
Se paralizó, sintió como si dos manos fuertes le apretaban el cuello cortándole la respiración al ver a ese hombre que reconoció perfectamente.
¡Sucia! ¡Mujerzuela! ¡Mama no! ¡Aporta algo para esta familia Kudrent!
Danna continuó y se detuvo cuando vió el rostro pálido de su hermana.
—¿Éstas bien?—consultó.
Asintio.
—Esta pálida.
—Solo un mareo. Pero estoy bien, adelante ya te alcanzó—dijo, buscando la forma de recobrar la compostura. Se curveó un poco aspirando el aire del campo aunque por dentro se estaba muriendo asfixiada.
Cole apareció y le miró con desprecio.
—¿Que tiene?—le preguntó a Danna señalando a Kudrent, que seguía encorvada como si tuviese un peso gigante en su espalda.
—Esta mareada—respondió.
—MMM.
—¡Adelantense, ya los alcanzó!
—¿Segura?
—Sí—le confirmó Kudrent.
La vió alejarse y llegar a la casa saludando de besos en la mejilla a sus suegros. Kudrent se quedó allí, observando como esa familia estaba podrida, de como ese hombre era el culpable de lo dañada que estaba.
Sus ojos azules se volvieron más claro cuando las lágrimas hicieron estragos. Hizo puños con sus dedos enterrando las uñas en las palmas de las mismas. Gotitas de sangre empezaron a salir, al igual que unas interminables ganas de gritar.
Era él... sin duda alguna.
El hombre que le robó su virginidad...
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Notita: a partir de aquí creo que las cosas van a ser algo turbias. No sólo porque padre e hijo probaron de Kudrent, si no porque ante todo, Danna está de por medio en una familia que no sabe nada en lo absoluto. Sin embargo, Kudrent ha visto el lado oscuro de los Brown, lo pecaminoso que pueden ser... Agarrense si le gusta el sexo explicito porque tendremos mucho.
Adelanto: Kudrent se sienta a la mesa con el hombre con que estuvo, fingir no se le da tan mal después de todo. Hay otro acercamiento con Cole y otro con el padre de Cole.
Así es gente!! las relaciones son complicadas... un beso, nos vemos mañana.