07
¡Todos a la mesa!
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Tú puedes Kudrent, puedes mirar a los ojos a ese cerdo.
Se animó ella misma, era hora de regresar o de seguro Danna volvería por ella. Debía sonreír, fingir, no sé le daba tan mal, con tal, ya lo había hecho antes, ¿por qué no hacerlo ahora?. Inspiró hondo mirando la casa, la mansión delante de sus ojos, consideraba demasiado interesante las personas podridas que rodeaban a su hermana.
No era un buen circulo social para ella, para una mujer generosa como lo era Danna. Sin embargo, Kudrent se encargaría de todo, de mejorar el mundo de Danna, así tenga que llevarse a unas cuantas personas por delante.
Fingió una risa, un rostro amable, relajando sus hombros. Sus pasos eran lentos, suaves, determinados, al saludar a su enemigo significaba entrar en el mismo terreno del diablo, ¿qué más daba? ya ella era un diablo al igual que todos lo que estaban al lado de Danna. Solo que... fingen ser ángeles, hablan como ángeles, se comportan como angeles cuando su corazón es malvado, tan maligno como el mismo averno, tan traicionero como el de judas y tan perverso como el de satanás.
—Oh, Kudrent, ¿está mejor?—dijo Danna con preocupación evidente. Le sonrió, poniéndole una mano en el hombro.
—¡Estoy bien!—musitó.
Los padres de Cole se le quedaron mirando, mientras que el chico resoplaba ladeando la cabeza hacia arriba.
—Ehh, ella es mi hermana Kudrent...—presentó—.Kudrent, él es mi suegro, Juan Francisco Brown, y a la señora Anna de Brown.
Kudrent paseó su vista entre las dos personas. El señor Brown tenía su pelo n***o con unas canas a los lados, un bigote espeso y una barriga que le sobresalía en su camisa azul de botones. La señora, tenía un pelo largo n***o, ojos oscuros parecidos a los de Cole, con un vestido floreado, se veía más joven que el padre de Cole.
De inmediato, Kudrent notó el peso de los ojos caídos del señor Brown que la estudiaron sin vergüenza alguna. La impresión abrumó a la muchacha, quizás la haya reconocido.
Extendió sus manos con un leve miedo recorriendole en cada dedo, tocarlo era volver a sentirlo nuevamente, y eso le dió un asco que tuvo que tragarse el vómito que se efectuó por si solo.
—¡Un placer!—la primera en saludar fue la señora, que con una risa amable movia la cabeza asintiendo. La mano de Kudrent seguía extendida para el señor Brown, al darla se le quedó mirando a esos ojos azules traviesos que no dejaban de observarlo.
El contacto de sus dedos, fue como una patada al estómago de Kudrent.
—¿Nos conocemos de algún sitio?—preguntó sosteniéndo la mirada de la muchacha.
Si, si nos conocemos.
—No... nunca lo he visto señor—declaró.
—Bueno, tú rostro me es familiar—agregó.
Kudrent estuvo a punto de matarlo allí mismo con su mirada asesina, no obstante, hizo lo que debía hacer, suspirar para calmar sus nervios.
—El de usted no lo es...—dijo.
El hombre sonrió despegando sus dedos de los de ella para darse cuenta que la palma de su mano tenía unas gotitas de sangre.
—¿¡Oh, que rayos es esto!?—se quejó dejando la mano al aire.
—¡Es sangre!—exclamó la esposa mirando también la mano que le había extendido a Kudrent.
—¿Kudrent? ¿estás bien?—se preocupó Danna tomandola de las manos, viendo las palmas con sangre por rasguños.
Cole se le quedó mirando con cautela.
—No es nada... mis uñas están muy largas y me lastimé un poco.
—Vamos, te limpiaré esa sangre—dijo Danna llevándo a su hermana adentro de la casa. Kudrent miró a los lados, una sala demasiado espaciosa, de un blanco que nunca había visto, incluso, le pareció hasta resplandeciente, en su vida podría vivir en una casa como esa. De inmediato, Danna abrió una puerta metiendola a un baño impecable.
—¡Quedate quieta!—dijo, buscando unas toallas de manos, y pasarla en sus manos.
—Auch...—se quejó.
Danna vió las marcas de uñas en la palma de su mano. ¿Será que una persona con tendencia suicida hace eso? ¿qué la llevó a lastimarse ella misma?
Seguía limpiando, con un montón de hipótesis rondando su cabeza. Kudrent solo se quedó quieta, cerrando sus ojos, pasando el amargo momento de hace unos instantes.
—¡Kudrent!
—Mmmm.
—¿Por qué?
—¿Que?—abrió sus ojos frunciendo el ceño.
—¿Por qué te lastimaste? —sus ojos se centraron en ese mar azulejo que transmitía confusión.
Suspiró.
—No lo hice a cuesta.
—¿Hay algo que quieras decirme?
Kudrent se tensó.
—Soy tú hermana, trataré de ayudarte si necesitas ayuda de un psicólogo o lidiar con algo. No te voy abandonar.
Suspiró cerrando sus ojos.
—¡Estoy bien! ¿vale?
—Estoy preocupada por ti.
—Entonces, no te preocupes.
—Es inevitable, eres mi hermana.
—¡Y te estoy diciendo que estoy bien!—dijo elevando su tono de voz. Quitó su mano con brusquedad saliendo del baño. Danna se le quedó mirando con una mezcla de asombro y preocupación.
La adolescencia, es una adolescente, quizás de verdad no le pasa nada y solo esta en sus días.
Suspiró saliendo del baño. En la sala ya se encontraban todos.
—¿Mejor?—preguntó el señor Brown.
—Mejor—respondió la menor con un tono arisco.
—Ya tengo hambre, ¿por qué no vamos a la cocina?—dijo la madre de Cole.
—¡Sí! —todos coincidieron.
Danna vió a Kudrent marcharse al comedor, algo en su corazón le gritaba que no estaba bien, y que esa cena terminaría mal, muy mal.
Fue la última en llegar, cuando la señora Brown colocaba los platos. Estuvo a punto de sentarse al lado de su hermana cuando escuchó la voz de su suegra.
—Danna, dejan de ser holgazana y ayúdame—se quedó en pie yéndose a la cocina para tomar lo faltante.
La señora se incorporó a su lado.
—Veo a mi hijo delgado, ¿sí lo estás atendiendo bien?
El gesto que hizo con sus labios fue suficiente para demostrar la rabia que le daba que su suegra le hiciera ese tipo de preguntas.
—Por supuesto...—respondió tajante.
—No te moleste, solo me estoy asegurando del bienestar de mi hijo.
Danna tragó grueso.
Controlate Danna, no digas nada.
—Toma la lasaña, llévala a la mesa.
Lo hizo, con mala cara se condujo al comedor dejando la lasaña en la mesa.
—Mmm, huele bien—dijo Cole.
—¡Ya tengo hambre! —añadió su padre sin apartar la mirada de Kudrent.
La chica se mantenía inexpresiva, con sus ojos en los dos hombres sentados en la mesa. De tal palo, tal astilla. Su presencia en la mesa hacía similitud al de una sombra perversa que destilaba tensión, y a su vez deseo, porque los ojos negros del señor Brown se enfocaba en la belleza de esa niña que no lograba recordar. Y los de Cole en los pensamientos de un pasado que le despertaba un montón de emociones que el mismo no sabía ni controlar.
Es pecaminoso tener a una mujer hermosa en la mesa.
Acontinuacion, Danna y la señora de Brown regresaron a la mesa. Kudrent visualizó la expresión seria de su hermana que se sentó a su lado como si estuviera enojada. Y ella solo se enojaba cuando el vecino colocaba el rock pesado.
—Eres la mejor haciendo lasaña—halago Cole.
—Gracias mi amor—dijo, sirviéndole una porción—. Te voy a dar doble porque tu esposa te tiene muy delgado.
Danna los fulminó con la mirada a ambos.
—Nadie cocina como tú madre. Deberías de darle unas clases a Danna.
Ahora le repartían al señor Brown, que se unió a la conversación.
—El éxito de un matrimonio es una buena cocinera en casa—se echó a reír—. Por eso Anna y yo tenemos tanto tiempo.
—¡Eso es cierto papá!—apoyó Cole.
Kudrent se incorporó a la conversación con una risa ruidosa, llamando la atención de todos en la mesa.
—Creo que tienen en casa cocineras, no esposas—opinó—. ¡Es una lástima!
Cole la observó intrigado.
—Es un deber de las esposas. Cocinar, lavar, encargarse de los hijos, del hogar, es un principio bíblico.
—Y... ¿cuál es el deber de los esposos señor Brown?—repuso Kudrent casi de inmediato.
Todas las miradas estaban en la muchacha.
La señora de Brown se rió.
—El deber de mi esposo es cuidarme, amarme, proveerme, serme fiel.
—¿Y lo es?... ¿lo es señora de Brown?—consultó Kudrent clavando la mirada en ella.
La mujer se quedó con media lasaña que servía en el aire sin quitar la mirada de esa niña insolente.
Danna estaba pasmada a su lado.
—¡Kudrent!—dijo en voz baja su hermana.
La mujer le sirvió a Danna un trozo de lasaña cerrando sus ojos como para no perder la paciencia.
—Claro que lo es... a lo largo de nuestro matrimonio a sido un ejemplo.
Ahora una risa más ruidosa que la anterior invadió el comedor.
—¿Esta segura señora de Brown? digo... si se puede saber—dijo con una pizca de ironía en sus palabras, paseando su vista entre todos en la mesa.
—¿A que punto quieres llegar Kudrent?—señaló Cole molesto.
—A una conversación agradable.
—No es nada agradable tus preguntas—murmuró con los dientes apretados.
—¡Dejala hijo, es una adolescente! las adolescentes son así... ¿no es cierto Danna?
Danna se le quedó mirando a su suegro.
—Sí—susurró
—Hablemos de tí Kudrent, cuéntanos de ti, ¿cómo te reencontraste con tu hermana?, ya que Danna nunca te mencionó.
Un rubor invadió el rostro de la hermana mayor, que bajó la cabeza.
Kudrent visualizó su vergüenza y como la señora de Brown le servía un pedazo de lasaña.
—Los médicos hicieron el trabajo, yo solo les dije el nombre y buala... ellos hicieron el milagro—respondió llevándose un pedazo de lasaña con sus manos.
La señora de Brown la miró horrorizada por sus modales.
—¿Médico?—Cole alzó una ceja.
—Si—tragó—. Traté de suicidarme.
—¡Jesucristo!—exclamó la señora Anna.
Cole miró a Danna, todos se miraron.
—¡Que pecado delante de Dios!—dijo el padre de Cole.
—Su misericordia la alcanzó—habló Anna.
—¡Así es señora, su misericordia me alcanzó y me trajo a ustedes, y estamos aquí, en una casa de ensueño! porque...—se dirigió a Anna—. Tiene una casa de ensueño. Todos juntos sentados a la mesa como una familia—se llevó otro bocado.
—¡Danna!—la muchacha levantó la mirada—. ¿Por qué nunca nos dijiste que tenías hermana?
Justo cuando iba a responder, Kudrent tomó la palabra.
—Porque nunca más nos vimos.
—Comprendo porque nunca lo mencionó—dijo la señora haciendo una expresión con los ojos que a Kudrent no le agradó.
—No lo mencioné porque nos separamos desde pequeña—susurró Danna sonrojada—. Cole si lo sabia.
—¿Por que se separaron Danna?—preguntó el señor.
—Porque mi padre golpeaba a mi madre y mi madre le era infiel a mi padre—Kudrent sonrió. Danna se horrorizó por esa respuesta tan cruda.
El señor de Brown se echó a reír.
—Interesante...
—Si, nuestra vida es muy interesante señor Brown, ¿y la suya?
—¡Kudrent basta!–advirtió Cole asqueado de oírla.
—Solo estamos conversando cuñado... Yo solo estoy dando mi opinión. Si una persona quiere hablar de mi vida primero deberá demostrar que su vida sea un ejemplo.
Cole endureció la mirada.
—¿Que tratas de decir?—señaló la señora.
El ambiente se había tornado demasiado tenso.
—Kudrent, ¿podemos salir un momento?
—Si—sonrió, llevándose otro bocado a la boca.
Danna se levantó.
—¡Con permiso!
Kudrent la siguió hasta afuera.
—¿Que te pasa?—reclamó alterada.
La menor suspiró.
—Relájate.
—¿Relajate? estas haciendo el ridículo delante de mis suegros.
—Solo estoy dando mi opinión.
—Opiniones bastantes ácidas y fuera de contexto.
—Creo que estoy dentro del contexto.
Danna la miró con curiosidad.
—¿Sabes algo de ellos que yo no sepa?
Kudrent le sostuvo su mirada curiosa. Si le decía la verdad no sabía cómo reaccionaría Danna, además, no era conveniente para ella.
—No.
—¿Entonces?
—Me parecen de lo más hipócritas.
—¡Cuida tu lengua Kudrent! esas personas que están sentadas en la mesa son importantes para mi. Además, mucha gente los quieren, los estiman y tienen un testimonio intachable. Ahora mismo, te consideran como una niña malcriada.
—Ya. Vale—se cruzó de brazos—. ¿Yo soy importante para ti?
La pregunta la tomó por sorpresa. Danna peló los ojos.
—No hagas esto Kudrent, no me hagas sentir culpable. Estamos hablando de tu comportamiento en la mesa.
—¿Mi comportamiento en la mesa? no dije nada malo. Solo que esta gente está acostumbrada a que todos asientan, los veneren como si fueran dioses. Pero, no lo son Danna, ese es un hombre mortal tan misógino que me da asco.
—Exactamente te estás comportando como una niña.
—¡Y tú como la sumisa que quieren que seas!
Ambas se quedaron mirándo con cierta ira.
Danna bufó enfadada.
—Creo que es mejor que regresemos a casa.
—Si, es lo mejor—coincidió Kudrent dándole la espalda a su hermana.
La mira... la mira... tiene un extraño presentimiento de que Kudrent no le está diciendo toda la verdad, sin embargo, lo ignora regresando a la casa para despedirse.
Kudrent se queda a solas, tomando aire. Le encantó todo el drama que armó, y le fuese gustado decir de más, hablar más. Si no hubiese sido por su hermana que la detuvo, los acusaría de lobos vestidos de ovejas.
Quiso reírse cuando escuchó la voz del señor Brown.
—¿Nos conocemos?
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Notita: Aquí les dejo otro capítulo. ¿Que les parece el comportamiento de Kudrent? en general, el capitulo.
Adelanto: Hay tensión entre las hermanas, y Kudrent finalmente conocerá al chico tatuado que tanto le da miedo a Danna.
Besitos, nos vemos mañana.