Jeff tenía un dedo largo girando alrededor de su vulva y su nudillo se posó contra su clítoris. Ella estaba mojada como el pecado, goteando jugo que coloreó su dedo. Mordiéndose el labio, movió las caderas en busca de más, sintiendo esa picazón familiar de la nada y, de repente, sintiendo el calor de su abrazo atrevido. —Así de fácil, nena. Quieres correrte para mí —susurró Jeff, deslizando la lengua por su oreja. Anna no podía pensar con tanto placer a su alrededor y emitió un gemido chirriante que hizo palpitar su dolorida polla. "Uh, ooh, Dios mío", anunció, sintiéndose a punto de cruzar al paraíso. "¿Quieres ser mi novia, dulce niña?" El placer no era deseado, pero era necesario. Pero su afecto y sus mentiras eran algo sin lo que ella podía vivir. "Uh, mm, oh, no. Sólo haz que me

