—Un hombre como yo realmente podría llevarte lejos, cariño. La rabia se desató y Anna se convirtió en diversión mientras lo observaba poner en práctica sus trucos. Convencerla con palabras dulces era una cosa, pero controlar su mente era difícil para una joven sensata como ella. Pero Jeff seguía tomándola por la tonta que esperaba que fuera. —Tú y yo podemos ser exclusivos una vez que demuestres tu valor. Tú no tienes experiencia, pero yo puedo ser el entrenador perfecto —se acercó y la acercó a sus brazos—. ¿Te lo imaginas? ¿Volver a casa conmigo todas las noches? ¿Ser mi único y verdadero amor? Anna retrocedió y se tapó la boca con la mano mientras se reía. —No, —se rió para no gritar histérica. —Absolutamente no, Jeff. Jeff parecía desconcertado y Anna soltó una risita y se dio la

