Jeff se desmoronó y le sostuvo la puerta abierta para que pasara. Tenía las llaves en la mano y ella miró hacia ellas antes de hablar. —Puedo, um... —Vamos —Jeff chasqueó los dedos—. Necesitas una cama y algo para comer. Anna, de hecho, necesitaba esas dos cosas y más. Como un cachorro perdido, lo miró y vislumbró su expresión suavizada. Su atractivo era más evidente ahora, la calentaba pero no calmaba su naturaleza nerviosa. —No voy a lastimarte, ¿de acuerdo? —Se rió Jeff, sintiendo su vacilación, —Vamos, princesa. Con las rodillas débiles, Anna siguió a su jefe hasta la habitación del hotel. Jeff no perdió tiempo en quitarse el abrigo y los zapatos mientras Anna se sentaba en una elegante silla de oficina frente al escritorio. Casi se había quitado toda la ropa cuando ella finalment

