Había amanecido, el sol se asomaba por los huecos que dejaba la gran cortina de aquel ventanal. Luna estaba acurrucada en los brazos de León, aferrada a él como si tuviera temor de que se escape. El no había pegado ojo en toda la noche, se había dedicado a observarla, a contemplarla, a acariciarla , a respirar la fragancia que emanaba su piel y descubrió que no tuvo necesidad de hacerla suya para saber que esa había sido la mejor noche de su vida. Cuando vio los primeros rayos del alba, supo que la hora de marcharse había llegado... Quitó con pesar la mano de Luna que lo rodeaba por el abdomen y corrió de su rostro un mechón de cabello que le rozaba la mejilla y sintió celos, por que el quería ser el único que tocara su piel. Salió de la habitación sin hacer el mas mínimo de ruido y regr

