Capítulo 24

1855 Palabras

Estiró su brazo, y con un raudo movimiento, haló la cortina, dejando que los rayos del sol entraran sin clemencia en la habitación. Diana apretó los parpados de sus ojos y se removió sobre el colchón, a la vez que se colocaba una almohada sobre la cara para cubrirse de la molesta luz. Claudine dio un par de patadas al jergón de la cama. —¡Pero bueno! —la francesa se colocó ambas manos en las caderas, en jarrón y puso los ojos en blanco—. ¿Hasta cuando piensas quedarte allí tirada? —Déjame en paz —farfulló Diana, sin siquiera molestarse en mirarla. La rubia exhaló un suspiro de frustración, mezclado con un gruñido de molestia. Se arremangó la camisa y se dispuso a halar a su amiga de los pies. —Arriba. Sal de esa puta cama —espetó. —¿Pero qué te pasa, tronca? —Diana reaccionó, sujetán

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