Una semana después. Fijó su verdosa mirada sobre el estante donde se mostraba la decena de premios y reconocimientos que obtuvo Armando Vidal en vida, y los cuatro que había obtenido él, Rafael, a lo largo de casi quince años de trayectoria en el mundo taurino. Soltó otro suspiro de frustración, a la vez que se llevaba una mano a la frente y bajaba la mirada para volverla a clavar en el periódico que yacía sobre su escritorio. ¿Dónde está Diego Morante? Leyó el titular de la primea plana. —¡j***r, tío! ¿Dónde estás metido? —dijo entre dientes, rascándose la nuca con gesto pensativo. Perdió la cuenta de las veces que se hizo esa pregunta. ¿Debut y despedida? Leyó en otro. No lo entendía. Él había tratado de ser el mejor mentor para Diego, dándole su apoyo, consejos y demás, y de igual

