—Amor, no deberías estar enojada con él. Tu padre fue una víctima más de las mentiras de José. —Pero no creyó en mí. —Tú tampoco estás creyendo en mí —sonrió y llevó sus manos a mi cuello. —Es distinto, yo te vi con ella. —Pero que ella estuviera así no quiere decir que intimáramos. Se soltó y caminó suspirando. La contemplé por unos segundos y la vi diferente. Ya no era la misma adolescente, se había convertido en una mujer, más hermosa de lo que era antes. —¿Por qué me miras tanto? —Porque se me hace increíble creer que estés aquí. Sonreí y caminé hacia ella. Le tomé las manos y la besé. —¿Y tú anillo? —se soltó de mi agarre y volvió a caminar. —Lo guardé en la caja fuerte. —¿Volverás a usarlo? —¿Por qué debería usarlo? Esa pregunta no me gustó. Me acerqué a ella quedando a

