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1280 Palabras
La noche había caído sobre la ciudad, y Elise se sentía emocionada y nerviosa al mismo tiempo. La conversación con su padre y Maurice había sido incómoda, pero ahora estaba ansiosa por salir con Héctor y olvidar sus preocupaciones. Mientras caminaba por el jardín, Héctor la siguió, su presencia silenciosa pero intensa. Elise se detuvo frente a una fuente, y Héctor se acercó a ella, su mirada fija en la suya. "¿Qué pasó ahí adentro?", preguntó Héctor, su voz baja y seductora. Elise se encogió de hombros, intentando parecer indiferente. "Nada importante. Solo mi padre y Maurice hablan de negocios." Héctor se rió, su sonrisa iluminando la oscuridad. "No me engañas, Elise. Sé que hay algo más. Algo que te preocupa." Elise se sorprendió por la percepción de Héctor. Nadie había notado su inquietud antes. "¿Cómo sabes?", preguntó, su voz apenas audible. Héctor se acercó más, su aliento cálido en la oreja de Elise. "Te estoy observando, Elise. Y veo la forma en que te miras a ti misma, como si estuvieras tratando de escapar de algo." Elise se estremeció, su corazón latiendo con fuerza. Nadie había hablado con ella de esa manera antes. "¿Qué quieres de mí, Héctor?", preguntó, su voz temblando. Héctor se rió de nuevo, su sonrisa misteriosa. "Quiero mostrarte algo, Elise. Algo que te hará sentir viva." Elise se sintió atraída por la promesa de Héctor. Quería sentirse viva, quería olvidar sus preocupaciones y dejar que la noche la llevara. "¿Qué es?", preguntó, su voz llena de anticipación. Héctor sonrió de nuevo, su mirada fija en la suya. "Es una sorpresa, Elise. Pero te prometo que te gustará." Y con eso, Héctor tomó la mano de Elise y la llevó hacia la oscuridad. Subieron a un coche y se dirigieron hacia una montaña cercana. La noche era clara y las estrellas brillaban en el cielo. Elise se sintió emocionada y nerviosa al mismo tiempo. No sabía qué esperar, pero estaba dispuesta a seguir a Héctor a cualquier lugar. Cuando llegaron a la cima de la montaña, Héctor detuvo el coche y se bajó. Elise lo siguió, y juntos se acercaron al borde de la montaña. La vista era impresionante. Las estrellas brillaban en el cielo y la ciudad se extendía a sus pies. El aire era fresco y limpio, y Elise se sintió como si estuviera en un sueño. Héctor se volvió hacia Elise y la miró con una sonrisa. "Estás muy hermosa esta noche", dijo, su voz baja y seductora. Elise se sonrojó, sintiendo un calor en su pecho. "Gracias", respondió, su voz apenas audible. Héctor se acercó más, su mirada fija en la suya. "Me gusta la forma en que te ríes", dijo, su voz llena de emoción. "Me gusta la forma en que te miras a ti misma, como si estuvieras tratando de escapar de algo." Elise se sintió como si estuviera sumergida en un océano de pasión. Héctor la estaba mirando de una manera que la hacía sentirse como si estuviera flotando en el aire. "¿Qué es lo que quieres escapar?", preguntó Héctor, su voz baja y seductora. Elise se encogió de hombros, sintiendo un nudo en su garganta. "No lo sé", respondió, su voz apenas audible. Héctor se rió, su sonrisa iluminando la oscuridad. "Creo que sí lo sabes", dijo, su voz llena de emoción. "Creo que estás tratando de escapar de ti misma." Elise se sintió como si hubiera sido un golpeada por una revelación. Nadie había hablado con ella de esa manera antes. Nadie había visto tan profundamente en su alma. Héctor se acercó más, su mirada fija en la suya. "Pero no puedes escapar de ti misma, Elise", dijo, su voz baja y seductora. "No puedes escapar de tus sentimientos, de tus deseos, de tus miedos". Elise se sintió como si estuviera sumergida en un océano de emoción. Héctor la estaba mirando de una manera que la hacía sentirse como si estuviera flotando en el aire. "¿Qué quieres de mí, Héctor?", preguntó, su voz temblando. Héctor sonrió, su mirada fija en la suya. "Quiero que te dejes llevar", dijo, su voz llena de emoción. "Quiero que te dejes llevar por tus sentimientos, por tus deseos, por tus miedos". Elise se sintió como si hubiera sido golpeada por un rayo. Nadie había hablado con ella de esa manera antes. Nadie había visto tan profundamente en su alma. Y entonces, sin decir una palabra más, Héctor se inclinó hacia ella y la besó. El beso fue como un fuego que la consumió, un fuego que la hizo sentirse viva. Elise se sintió como si estuviera flotando en el aire, como si estuviera sumergida en un océano de pasión. El beso de Héctor era como un sueño, un sueño que no quería despertar. Pero cuando finalmente se separaron, Elise se dio cuenta de que no sabía qué hacer. No sabía qué sentir. No sabía qué pensar. Miró a Héctor, y vio que él la estaba mirando con una sonrisa. "¿Qué pasa ahora?", preguntó, su voz temblando. Héctor se rió, su sonrisa iluminando la oscuridad. "Ahora", dijo, "ahora vamos a ver qué pasa cuando te dejas llevar". Y con eso, Héctor tomó la mano de Elise y la llevó hacia la oscuridad, hacia un destino desconocido. Elise se sintió como si estuviera caminando sobre una nube, su mano en la de Héctor, sin saber qué iba a pasar a continuación. La noche era oscura y silenciosa, solo interrumpida por el sonido de sus pasos sobre la grava. De repente, Héctor se detuvo y se volvió hacia ella. "¿Confías en mí?", preguntó, su voz baja y seductora. Elise se sintió un poco nerviosa, pero algo en la mirada de Héctor la hizo sentirse segura. "Sí", respondió, su voz apenas audible. Héctor sonrió y se acercó más a ella. "Entonces, cierra los ojos y déjate llevar", dijo, su aliento cálido en la oreja de Elise. Elise cerró los ojos y se dejó llevar por Héctor. No sabía dónde iban, pero se sentía segura en sus manos. La noche era oscura y silenciosa, pero Elise se sentía como si estuviera flotando en un mar de sensaciones. De repente, Héctor se detuvo y Elise sintió que estaba frente a algo. Abrió los ojos y se encontró con una vista impresionante. Estaban en la azotea de un edificio alto, y la ciudad se extendía a sus pies como un mar de luces. Elise se sintió como si estuviera en un sueño. La vista era impresionante, y la sensación de estar en lo alto de la ciudad era emocionante. Se volvió hacia Héctor y lo miró con admiración. "¿Cómo has hecho esto?", preguntó, su voz llena de asombro. Héctor sonrió y se acercó más a ella. "Tengo mis secretos", dijo, su aliento cálido en la oreja de Elise. Elise se sintió un poco nerviosa, pero algo en la mirada de Héctor la hizo sentirse segura. Se volvió hacia la vista y se sintió como si estuviera flotando en un mar de sensaciones. De repente, Héctor se acercó más a ella y la tomó en sus brazos. Elise se sintió como si estuviera en un sueño, y la sensación de estar en lo alto de la ciudad era emocionante. finalmente se dejaron llevar y Héctor la abrazó fuertemente y la besó con aún más pasión. Los besos de Héctor eran como un fuego que la consumían cada vez más, hasta el puto de perder por completo el control. No quería detenerse. Quería seguir besándolo, seguir sintiendo su calor y su pasión. Quería perderse en sus brazos y olvidar todo lo demás.
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