Capítulo 26

3074 Palabras

En cuanto la vio al otro lado de la vereda no dudó en cruzar para enfrentarla. Esa muchacha imbécil no iba a venir a destruir todo su perfecto y planificado mundo con sus ideas alocadas que poco contribuían al bien de los caballeros respetables. Camila, cubierta con esa delicada sombrilla celeste, contemplaba la vidriera de aquel comercio en busca del mejor presente para el pequeño niño de Sofía. Le emocionaba ver aquellas diminutas prenditas que reposaban sobre la madera, amaba esos sonajeros y aquellos juguetitos de madera muy bien realizados. En cuanto sintió una presencia detrás de ella se giró para ver de frente a Úbeda, que le sonreía con esa expresión extraña, mezcla de malicia y algo más. Sin mostrarse perturbada saludó tal cual indicaban las normas sociales y Úbeda, amable como n

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