Capítulo 25

1682 Palabras

— Mire, señorita Olazabal… — Señora Rodríguez — corrigió —. Le recuerdo que estoy casada con su hijo — afirmó sin quitarle la mirada de encima. — Niña, no tienes lo necesario para ser la señora de esta casa. Es una pena que mi hijo haya pensado que sí — afirmó con fastidio, como si ese tema la aburriera mortalmente. — No le he preguntado si usted opina que yo puedo ser la señora de la casa, solo le aseguro que lo soy — dijo con sus mejillas comenzando a colorearse. — Oh, Juan — bufó la anciana cuando vio a su hijo ingresar a la casa —. Esta señorita… — Señora — corrigió él —, y se llama Camila, madre, llámala por su nombre. — Ya veo que te ha pegado sus malos modales — dijo rodando los ojos aquella mujer —. Creo que mejor salgo a tomar aire, por suerte Mercedes sigue siendo una niña

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