Capitulo 5

2215 Palabras
DongHae -Cuidalos bien.- dejé la caja en los brazos de Yesung. -No te preocupes, sabes que lo haré.- dijo con su voz tranquila. Miré a los cachorros que me miraban atentos, les sonreí y acaricié sus pequeñas cabecitas peludas. Estaban casi desnutridos y con muchas heridas, pero sabia que las personas que ayudaban a Yesung y el mismo, se harian cargo. -Si te gustan tanto ¿Porque no te los quedas?.- preguntó haciendo que levante la  cabeza. -Te dije que no tengo tiempo, no me gusta la idea de dejarlos solos.- dije con el tono de siempre. Frio. Y odiaba responder asi. No sabia como cambiarlo. -Entiendo.- dijo Yesung sin insistír. -¿Te llegó el dinero?.- pregunté para cambiar de tema. -Si, gracias.- hizo una pequeña reverencia.- ¿Quieres pasar a verlos un ratito?. -Claro. Seguí a Yesung por el camino de tierra, y crucé una puerta a un salon inmenso. Alli habían perros. Perros viejos o demasiado grandes como para que alguien quiera adoptarlos. -Los gatos estan en la allá.- Yesung señalo hacia la ventana, de la cual se veia otro salón, a unos metros, separado de donde estabamos- Te dejo, llevaré a curar a estos pequeños. -Vale, yo cierro, no te preocupes. -Gracias, ponle seguro a las puertas, en un rato llega RyeoWook y los sacará al patio. -Está bien. -Adios. -Hasta pronto.- le dije. Una vez que Yesung salió, yo me acerqué a los perros. Algunos me recibian bien, pues ellos estaban de hacía bastante tiempo en el lugar, pero otros aun me desconocian y dudaban en dejar que los toque, hasta que se aseguraban que no era dañino. Estos últimos me  recordaban mucho a mi. Tan desconfiados y heridos en el pasado, que se negaban a conocer a otros seres, por miedo a lastimar y ser lastimados.  Perros que solos, tocaron fondo, sin elegir sufrieron. Pero a diferencia de ellos, yo no tuve la suerte de que alguien me salve. Porque nadie puede, porque nadie quiere y yo tampoco. Me quedé un rato con ellos y luego pasé al salón de los gatos. Ellos eran mucho mas parecidos a mi que los perros. Los gatos son ariscos, tal y como yo. Salí de ese lugar, el cual le habia costado muchisimo conseguir a Yesung, pero afortunadamente tuvo a su amigo RyeoWook y a miles de personas dispuestas a ayudar a los animales. Fui directo a casa, caminando porque los dias domingo el transporte era un asco. En casa, como siempre me sentí más miserable. Casa sucia, casa sola y casa  sin nadie esperando. Me senté en el sofá, dispuesto a ver la televisión para distraerme un poco, hice zapping y me detuve cuando apareció una película conocida. Una que habia visto años atrás. Ella amaba esa película. Apagué el televisor y me levanté rápidamente, busqué mi pelota de fútbol y salí al patio trasero, el cual me llevó al del centro comunitario. ¿Por que no podia dejarla ir? Todo sucedió hace muchos años... Apilé un monton de latas, y puse la pelota a una distancia considerable. Patee y tiré todas. Sonreí y lo seguí haciendo hasta que comencé a traspirar. Tuve que ir a buscar una gomillita para atar mi cabello. Cuando volví, ya no estaba desocupado el patio, y conocia al culpable de eso. El tipo. HyukJae. Estaba apilando las latas, una vez que lo consiguió dio unos pasos hacia atras, hasta donde estaba la pelota, y pateó. Hizo caer 4 latas, de las 10 que habia. -Bueno, mejor que la primera vez.- dijo en voz alta, como si estuviera hablando con alguien. Pensé en darme la vuelta y regresar a casa, pero el se giró. Sonrió. -¡Hey! Hola DongHae, mira tiré cuatro latas.- señaló.- Ah disculpa si me atreví a tocar tus cosas, es solo que me ganaron las ganas de jugar. -No hay problema.- contesté. ¿Como podía tener tanta confianza con alguien? -Veo que te hizo calor. -¿Que? -Tu cabello está recogido, es la primera vez que lo veo asi, te queda bien. No es como si nos hubiesemos visto muchas veces, pensé, pero no lo dije. -Si, hace calor.- contesté en su lugar, intentando no sonar grosero. -¿Puedo jugar contigo?.- dio unos pasos hacia mi, mientras so sonreia. Queria decirle que no, que queria estar solo. Pero el simplemente apoyó la mano en mi hombro. -Sé que no soy bueno.- comentó haciendo movimientos raros con la otra mano.- Por eso quiero que me enseñes. ¿Sabes? yo jugaba de pequeño, siempre amé el fútbol. Prometo que aprendo rapido. -Tambien hablas rapido.- comenté sin querer. Pensé que se enojaria, pero simplemente rió. -¡Soy rapido!.- exclamó. Me soltó y fue a apilar de nuevo las latas. Me atreví a mirar su vestimenta, y como las veces anteriores que lo habia visto, vestia de un pantalón elegante, zapatos perfectamente limpios, camisa suelta y su cabello perfectamente peinado. Claramente venía de la iglesia, temblo o donde sea que hacian las reuniones en su religión. -Por cierto, ¿Como estan los perritos? Estuve pensando que si me lo permites les puedo regalar un par de cositas. -Ya no los tengo.- contesté. -¿Por que?.- me miró sorprendido. -Los llevé a un refugio de animales. -¿Y es seguro?. -Si. -Mmmmm bueno.- hizo una mueca y se giró a tomar la pelota. Me sentí inquieto ante esa mueca, es como si no me creyera, como si pensara que les hice daño. Aclaré mi garganta.- Es el refugio de un conocido.- solté.- Tienen voluntarios y veterinarios alli. Una vez curados y vacunados, los daran en adopción. Me sentí casi sin aire al hablar tanto, y un poco avergonzado de como habia salido mi voz. -¡Eso es bueno!.- otra vez me dio una sonrisa grande, y pude ver sus encias. Asentí y el vino hasta mi, puso la pelota frente de mi. -¿Como haces?. -Eh.. yo... Me quedé sin palabras, sin saber que hacer. -¿Pasa algo?.- preguntó ante mi silencio. -No... -¿No quieres enseñarme? -No es eso... es solo que. Todas mis alarmas se encendieron de repente. ¿Que me estaba sucediendo? Estaba relacionandome con alguien. Estaba acercandome demasiado a alguien que recien conocia, estaba permitiendo que altere mi cabeza. Debia alejarme, alejarme rapido, antes de que descubra que soy vulnerable, antes de que me lastime, antes de que lo lastime... como lo hice con todos. No podia ser amigo de esta persona. -Tengo cosas que hacer.- dije una vez que salí de mis pensamientos. Tomé la pelota que estaba en el piso y giré sobre mis talones. Cuando cruce los pequeños arbustos que separaban los dos patios, lo escuche despedirse de mi. -¡Cuidate!. No respondí, simplemente entré a casa, aunque alli no me sentia mejor, me sentia sofocado. Fui directo al baño a darme una ducha, para vestirme bien y salir de casa. A pesar de ser las 6 de la tarde. Busqué en mi celular, algun bar que estuviera abierto. Encontré uno a unas cuadras del bar al que asistía siempre. Necesitaba alcohol, y el lugar donde lo conseguiría era lo de menos. Queria olvidar el hecho de haber dejado que ese tal HyukJae altere mis emociones. Cuando salí de casa, para mi disgusto lo encontré en frente, con su estúpida bicicleta. Al verme sonrió. -Hey, me olvidé de decirte que mañana estaré hasta mas tarde, si quieres pasarte para que merendemos juntos.. puedo esperarte si quieres. No le respondí, me quedé mirandole. ¿Como podía ser tan tonto? ¿No se dio cuenta de que estaba escapando de el?. -Oh que guapo te ves.- habló ante mi silencio, sin parecer afectado por ello.- ¿A donde vas?. -A follar con desconocidas.- contesté de mala manera. Su expresion por fin cambió, hizo una mueca. -No deberias hacer eso...- dijo con ese tono de preocupación que no escuchaba hacia bastante tiempo. Ni siquiera Liz se preocupaba por esas cosas, pues a ellas nunca se las contaba. ¿Por que se las estaba contando a este tipo que vi unas cinco veces en mi vida? De repente me sentí mas enojado conmigo mismo,pero me las agarré con el. -¿Por que? ¿Por que tu estupido Dios se enojará?.- solté una risa amarga.- Pues dejame decirte que no creo en esas estúpidas cosas. No esperé a que respondiera, y comencé a caminar. Pensé que por fin me dejaria en paz, pero me siguió. Me detuvo de la muñeca. -Espera DongHae... mira si estas triste, esa no es la manera de afrontarlo. Me giré bruscamente y lo enfrenté. Me acerqué demasiado a el, nuestros zapatos chocaron. -¿Entonces cual es la manera? ¿Ir a rezar en la iglesia? ¿Por eso estas aquí? ¿Quieres que sea parte de tu estupida secta?. HyukJae frunció el ceño. -No estoy queriendo meterte en mi religión... solo quiero ayudarte. -Pues la unica ayuda que necesito es sexo.¿Acaso tu me lo daras?. Ante aquella mención, dió unos pasos hacia atrás. Lo dejé sin palabras. Sin más, seguí mi camino al bar. Todo el recorrido me sentí un imbécil. Habia confesado en voz alta, que estaba triste. En el bar no había mucha gente y mucho menos mujeres, supuse que debia esperar hasta que llegaran. Me senté en la barra y alli me tomé una botella de whisky, olvidando de a poco todo lo que me atormentaba. Me estaba sintiendo mejor. -Una botella más de whisky.- escuché decir a mi lado. La miré y esta mujer me sonrió coqueta. -Hola bombom.- dijo poniendo su mano en mi rodilla. -Hola.-  respondí. No me gustaba, no era guapa, era quizas dos o tres décadas mayor que yo, y tampoco daba buena espina. Trajeron la botella y ella misma me sirvió un vaso. -Yo invito.- su mano volvio a mi rodilla y comenzó a subir. -No tendré sexo con usted. -¿Eres exigente?. -Algo asi. -Entonces te pagaré. -¿Eh?. -Lo que quieras.- se inclinó hacia mi y me besó los labios. Ese beso me hizo olvidar más rapido de toda la mierda que me rodeaba. Dejé que me besara, dejé que me diera de beber todo lo que quisiera. La seguí a su coche, deje que conduzca hasta un lujoso hotel. La besé en el ascensor, ella me besó el cuello en la puerta de la habitación. Permití que me quite la camisa, que desabroche mis pantalones. La seguí desnudo hasta la cama, donde antes de besarla, tomé un trago de alguna bebida alcohólica que llevó. Dejé que me tocara todo el cuerpo, que besara todo lo que quisiera. Dejé que se subiera sobre mi, que se autopenetrara. Pero lo unico que me gustó de todo fue cuando ella se abrazó a mi. Sentir calidos brazos alrededor de mi cuello, me hizo sonreír un poco. Solo necesitaba un abrazo.. de quien sea, para seguir viviendo. Tan triste como enfermo. **** Me desperté con un dolor inmenso de cabeza, de esos que te hacen querer cerrar los ojos, pero no me permití hacerlo.  No me encontraban en mi cama, no podía estar tranquilo alli. Me senté y recordé un poco, esa mujer aun estaba en esa cama, aun estaba abrazada a mi. Sentí nauseas, me levanté rapido y crucé la primera puerta que vi, afortundamente esa me llevaba al baño. Caí de rodillas y vomité todo el alcohol que habia ingerido la noche anterior. Una vez que pude ponerme de pie, fui hasta la dicha y dejé caer agua fria sobre mi.  Me lavé y me quité el condón que aun tenia en mi. Sucio.. como yo. Una vez limpio, tomé una toalla y me sequé. Volví a la habitación y mientras encontraba la ropa, me la ponía.  Mi celular ya marcaba el mediodia del dia lunes, y obviamente tenia llamadas y un mensaje del hombre que me habia contratado en la fábrica. "Estas despedido". Suspiré con pesadez. Mierda. -Oh buen dia amor.- dijo la mujer sentandose en la cama, sin verguenza de mostrar su desnudez.- ¿Ya te vas?. -Si. -Mira alli.- señaló su cartera.- saca 150 dolares. Dudé.. ¿Estaba bien hacer eso? ¿Pero que estaba pensando? Toda mi maldita vida estaba mal. Tomé ese dinero, que era mas del doble de lo que me pagaban por dia en la fábrica. -Anoté mi numero en tu celular.- me avisó.- Cuando quieras vender tu hermoso cuerpo, llamame y si quieres te puedo recomendar con algunas amigas. No respondí, simplemente sali de alli. En el exterior, llovia, lo unico que protegí con una bolsa plástica, fue mi celular y partí. Conocia ese motel... sabia como llegar a casa. "Sexo por dinero" era de las pocas cosas que me faltan para ser una peor persona. ¿Pero que importaba? No tenía a nadie a quien les importará. Aun asi, me sentí peor, me dolia la cabeza, el cuerpo y el alma. Dejé que la lluvia me mojara, caminé solo pues asi estaba y llegué a una casa, donde nadie me esperaba. Me quité la ropa y me dejé caer en la cama, cerré los ojos. Si me sentia tan mal ¿Por que no podia llorar? Hacia años que no soltaba una sola lagrima.
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