Capitulo 6.
Lucas a pasado los días en la terapia, sus medicamentos para dormir volvieron, por una extraña razón no puede dormir por las noches, aunque tenga la compañía de Leticia ella lo hace dudar de muchas maneras, siente que en su corazón existe un vacío difícil de llenar, la muerte de sus padres le a pegado muy fuerte, aún no puede aceptarlo y por ello la doctora se enfoca en su pasado en el tiempo que perdió y la aceptación de la muerte de sus padres en el hecho de que ya no está capacitado para volver al ejército, aceptando así que es un empresario muy reconocido, por ello tras unos días de descanso su mano derecha y fiel hombre de seguridad António lo lleva a las empresas y sus negocios.
— Yo manejo todo, recuerdo que mi padre siempre quiso que supiera cuáles eran y dónde estaban, pero no recuerdo cómo son las funciones aquí, ni quien lleva el cargo mientras no estoy. — Dice con gran confusión.
— Usted tiene un asesor mi señor, Santiago, quizás no lo recuerde porque lo conoció en la noche que a su padre le dio el infarto, pero él a sido su asesor y compañero desde siempre y es el único que lo puede poner al día sobre todas las empresas y sus funciones.
— Entonces no perdamos tiempo Antonio, llévame con él.
— Como órdenes señor, señor, ¿Puedo hacerle una pregunta? — Dice António preocupado por la salud de su jefe y la salud de Amalia quien cada día está más delgada, a duras penas come.
— Si, pregunta.
— ¿Realmente no recuerda nada después de su llegada al cumpleaños de Amalia?
— No, no recuerdo ese cumpleaños y tampoco entiendo por qué lo mencionas, no estoy jugando Antonio, no es fácil para mí no recordar 9 años de mi vida, quien soy, que hice y lo que tengo, por suerte levante un imperio pero la realidad es que no recuerdo nada, a la única mujer que recuerdo es a Leticia por la que siento tanto afecto emocional, con una ráfaga de sentimientos y de culpa, de Amalia solo recuerdo que me despedí una tarde que fue a visitarme al comando, es todo, por ello no quiero agobiarla con mis problemas, de seguro ella tiene una vida una pareja, un futuro diferente al mío, siento que es mejor así.
— Lo entiendo señor, lamento lo que está pasando. — Antonio realmente quería confirmarlo y lo a hecho no la recuerda no sabe de su vida juntos ni de sus hijos, ve lo agobiado y frustrado que está y lo abatido que está cuando habla de Amalia, es como si en el fondo la necesitará pero no quiere lastimarla, la protege para que no viva lo que él está pasando. — Señor, ¿Usted alguna vez quiere hijos? — Lucas se queda en silencio una extraña sensación lo consume, escalofríos y un leve dolor en el pecho, respira profundo tratando de calmarse y cuando lo hace mira al cielo y cierra los ojos sintiendo el aire tocar sus mejillas como una suave y pequeña manita que lo acaricia.
— Por supuesto, sería el hombre más feliz de este mundo.
Antonio sonríe y estaciona el coche. Amalia a pasado las peores semanas de su vida, ya casi no duerme y no come, a tomado la rutina de hacer ejercicio ya que el doctor se lo recetó y antes de que los niños despierten corre por el parque y de vuelta, ha bajado de peso y cada vez pierde más peso, para ella algo que jamás había pasado, el estrés y la rutina la están llevan a un colapso emocional que la hace perder peso como nunca, se ve diferente un poco más hermosa, su rutina diaria es llevar a su hijo a la escuela, quiere estar con sus hijos en esta crisis al 100% no los deja solos por nada ya que sabe que ellos la necesitan, estrella no se despega de Estrella así que la lleva con ella y junto a ellas va la nana Mary la ayuda con la bebé en todo momento, tras llevar a Dylan a la escuela ambas se van a la empresa de Amalia, las semanas trabajando en el nuevo proyecto la tienen muy agotada a un así debe cumplir su compromiso con las empresas de Lucas por ser ella la representante, es agotador para ella hacerse cargo de todo pero lo hace sin quejarse demostrando que ella puede, tiene que hacerlo, ya que es su deber personal ocuparse de todo y lo hace excelente. Mary la acompaña a la empresa élite de Lucas, es donde se mueve todo, desde aquí se dirigen todas las empresas, ingreso, comercios, todo y tras el accidente de Lucas y por obvias razones Lucas a un no está listo para asumir su responsabilidad, no aún, pero para eso está ella una mujer de negocios, quien es mamá y empresaria, con mucho para dar y lo demuestra llenándose de energías en vez de caer en depresión como sería lo normal en estas situaciones, pero Amalia utiliza el dolor como un motor para impulsarse por lograr las metas, entiende que si ella se derrumba, todo lo hará con ella por eso simplemente levanta la cabeza sabiendo que hay muchas personas más involucradas a su alrededor.
— Llevaré a la niña a la cafetería, ve a tu reunión y cuando salga avísame. — Dice Mary acomodándole el abrigo a la traviesa Estrella.
— Este bien, Mary, por favor, no la sueltes y está pendiente al celular, este lugar me hace sentir…— Suspira al recordar a su esposo y los momentos juntos en la empresa.
—
Calma todo saldrá bien, ve tranquila, nos iremos en cuanto termine todo, ¿Vale?
— Está bien, chao cariño.
— Chao mami. — Amalia le da un peso en la frente y sube en el elevador.
Amalia se siente inquieta, nerviosa y muy preocupada algo no está bien y no sabe que la hace temblar tanto, quizás sean los recuerdos de sus momentos en la oficina con Lucas, como la hacia suya y sus caricias, todo eso la envuelve, pero se calma recordando que él aún no volverá a la empresa. Al abrirse el elevador todos la reciben con gran alegría.
— Amalia, mírate nada más, estás hermosa cariño. — Santiago la abraza.
— Gracias, Santiago, ¿Cómo estás?
— En una crisis, vamos a la oficina tengo todo para ti ahí.
— No Santiago, a la oficina no, vamos a la sala de juntas, ahí podremos hablar, firmar y hacer la reunión, luego me voy, no vine para quedarme.
— Entiendo, lo siento cariño, lo olvidé, ve a la sala de juntas yo te llevaré todo, ¿Quieres algo de tomar?
— Té, gracias.
— Bien, ya vuelvo.
Ambos se adentran a la sala de juntas y pasan varias horas entre juntas, firma de documentos y demás, dejando todo al día y aclarando las dudas de los empleados, todo está listo y Amalia se prepara para marcharse, tiene mucho que hacer en su empresa y mañana en la noche será la reunión con un nuevo cliente. Amalia toma su celular llamando a Mary para que sepa que ella va bajando sale al corredor junto a Santiago quien la acompaña al elevador que viene subiendo.
— Realmente agradezco que hayas podido venir, no sabes el peso que nos has quitado de encima y lo tranquilo que has dejado a los empleados, sin duda naciste para esto, siempre has sido fuerte y decidida, lo siento mucho hermosa. — La abraza.
— No te preocupes ya paso, gracias por todo, cualquier cosa me puedes llamas, ¿De acuerdo?
— De acuerdo, mira ya llegó. — Amalia se da vuelta acomodando su vestido que la hace lucir hermosa, cuando la voz de su esposo la hace levantar la cabeza para mirarlo.
— ¿Amalia? — Amalia no sabe que decir, es su esposo luciendo tan guapo como de costumbre y Lucas no pierde tiempo en recorrerla con la mirada, está más hermosa de lo que recuerda.
Amalia no sabe que hacer, no quiere verlo, no ahora, no antes de la sesión, no así cuando con solo verlo se quiere derrumbar, mira a Santiago y Santiago a ella, corre al segundo elevador que se abre para ella y Lucas la sigue, el elevador se cierra y todos están sin palabras, que encuentro, que conmoción, Lucas detiene el otro elevador antes de cerrarse y entra en él para seguirla, Santiago baja las escaleras corriendo para proteger a ambos de que algo salga mal, todo se salió de control en un segundo, Amalia detiene el elevador unos segundo, está llorando, no puede respirar, no puede verlo, no ahora, presiona el botón nuevamente y el elevador baja a planta donde Santiago apenas viene por la mitad del camino, el elevador de Amalia se abre, Mary y la niña vienen saliendo cuando la escena se paraliza, Amalia sale limpiando sus lágrimas mientras camina a pasos rápido siendo atrapada de espalda en los brazos de Lucas quien la sostiene con fuerza haciéndola cerrar los ojos por la electricidad que los envuelve a ambos y sus palabras al oído.
— ¿Estás huyendo de mi? — Dice Lucas a su oído y Amalia aprieta su mano por la sensación mordiendo su labio superior para calmarse.
El perfume de Amalia lo embriaga, el olor de su cabello lo hechiza, luce hermosa, mucho más de lo que él recordaba, hasta más delgada, su cara empieza a tornarse más firme, como cuando estaba en la segundaria, luce perfecta y Lucas no puede soltarla, al contrario la voltea para verla a los ojos y ella le baja la mirada.
— ¿Por qué huyes de mi? ¿Es por lo que pasó en la clínica? Perdóname si te lastime. — Amalia no responde, las lágrimas escapan recorrido sus mejillas y Lucas la abraza.
Siendo correspondido por su esposa que tiembla entre sus brazos, por más que lo intente no puede soltarla, no quiere hacerlo.
— Por favor, dime algo, ¿Qué pasa? ¿Ya no me quieres? — Le dice él sintiendo lo conmocionada que ella está al verlo.
— Si te quiero Lucas, te quiero más de lo que puedas imaginar.
— ¿Por qué lloras hermosa? — Esas palabras, la forma en que mueve su cabello a un lado y su beso suave en su cuello la hacen retroceder, se va a derrumbar por completo frente a él.
— Perdóname, debo irme. — Le dice alejándose de él, quien vuelve a tomarla de las caderas.
— Tenemos que hablar, no puedo dejarte ir así. — Dice con la sensación que ella lo hace sentirse, solo ella ocasiona algo así y no lo entiende, no puede entenderlo.
— Lo sé, pero no es…— La voz de Estrella la pone más nerviosa.
— Papá, papito, PAPÁ….— Dice la pequeña corriendo a las piernas de Lucas quien suelta Amalia confundido, la pequeña se abraza a sus piernas y el sin poder entenderlo la carga en sus brazos recibiendo de su hija un fuerte abrazo y un beso.
Lucas no entiende por qué la pequeña lo hace sentir conmovido, está en un estado de shock que no entiende y Santiago de lejos trata de calmar Amalia quien no sabe cómo reaccionar a todo esto.
— Te amo papito. — Dice la pequeña abrazando a Lucas y él le corresponde, no la puede recordar, no puede pero en el fondo la niña lo tiene en un transe lleno de dolor y solo sus caricias en su nuca lo calman.
— Hermosa, ¿Cómo te llamas? — Le dice Lucas como si el mundo no existiera solo él y su hija.
— Estrella papito, mami, gracias por traer a papi. — Dice la pequeña dándole un beso en la mejilla Amalia quien está tan nerviosa pero deja que todo fluya quizás esto ayude a su esposo a recordar.
— ¿Es tu hija?— Dice Lucas a Amalia quien asiente.
— Si, Lucas, también es tu hija y te necesita, ella está sufriendo mucho sin ti a su lado. — Lucas frunce el ceño, no entiende nada pero lo siente, siente la conexión de la pequeña con él, hasta su hoyuelo de la barbilla lo tiene, ¿Qué demonios? — Se que no lo entiendes ahora, pero la doctora te ayudará a entenderlo, te lo explicará, Lucas, yo…— Lucas interrumpe.
— ¿Cómo pasó esto? No quiero que nadie me lo explique, quiero que me lo expliques tú, ¿Qué demonios Amalia? Explícalo.
— No puedo, no así, por favor, déjame ir, nos vemos mañana en el consultorio de la doctora, Lucas, por favor.
— No papi, no quiero irme, papito, quiero quedarme contigo, no me dejes papito por favor. — Estrella llora en los brazos de su padre aferrándose a él con fuerza.— Papá, no me dejes papito, no quiero irme, te amo papito, ¿Tu no me amas? — Lucas está sin palabras, la pequeña en sus brazos tiene mucho parecido a él, sus súplicas lo tienen abatido, mira Amalia y ella está nerviosa, tiembla y sabe que oculta algo más fuerte, pero, ¿Qué puede ser peor que la muerte de sus padres? La toma de la mano a de acercándola a él.
Amalia llora y mira a los chicos, Antonio, Mary y Santiago no saben que hacer, Amalia los mira y Lucas la toma de la mandíbula para que lo vea.
— Amalia, tu de aquí no sales, tú vienes conmigo a la oficina, siento que tienes mucho que explicarme.