—¿Qué fue eso, Min? — inquirió Taegan cruzando sus brazos y mirándolo de forma inquisidora.
—¿Qué? ¿De qué hablas? — preguntó girándose y comenzando a caminar en dirección al estacionamiento.
Taegan le siguió colocándose a su lado.
—Eso — señaló su rostro —, esa mirada como si hubieses visto lo más asombroso de la vida.
Min sabía de lo estaba hablando, no podía ignorarlo, pero era que seguía impactado. La imagen de la chica volvió a su mente.
—¿Qué fue eso? ¿Amor a primera vista? — insistió una vez que salieron de la tienda en dirección al auto donde los esperaba Syra.
Min fue consciente de la expresión dura que se había formado en su rostro. Se sintió expuesto.
—¿Qué? ¿Quién se enamoró a primera vista? — se burló Syra apartándose del auto del cual estaba apoyada.
—Min — lo señaló Taegan —. Tenías que haber visto cómo miró a la chica, fue tan… — abrió los ojos y colocó una expresión embelesada —... Nunca lo había visto así — colocó una mano en su pecho.
Él solo pasó delante del auto dirigiéndose al puesto del conductor.
—¿En serio, Min? ¿Al fin? — se asombró Syra fascinada.
—No tengo que hablar de eso — intentó cortar mientras abría la puerta y se subía.
Los observó subirse también. Como Min manejaba, entonces Syra iba de copiloto, mientras que Taegan se sentaba en el asiento trasero como siempre.
—¡No lo puedo creer! ¡Entonces sí fue en serio! — Continuó Syra asombrada — ¿Cómo es ella? ¿La habíamos visto antes?
Min encendió el auto.
—Obviamente Min no, fue amor a primera vista — exageró asomando la cabeza entre sus asientos —. Yo la vi primero, ¿recuerdas la chica de la cafetería que te comenté? Bueno, era ella.
—¿Con la que dices que coqueteaste pero todos sabemos que te rechazó? — se rió Syra.
—Bueno, al menos eso nos demuestra que es una chica seria — se echó hacia atrás acomodándose en su asiento —. Además, solo bromeábamos así que Min, es toda tuya, hermano.
Min negó con la cabeza en un intento por reprimir una sonrisa, no iba a negar que se sentía orgulloso de eso. Luego, miró por el retrovisor y arrancó el auto.
—¿Y cómo es? — se emocionó Syra girándose hacia él — ¿Te pareció muy linda?
La imagen de la chica apareció en su mente, produciéndole ganas de sonreír, pero las reprimió.
Min aclaró su garganta y colocó música en el reproductor.
—¡Ajá!
—¿Viste?
Hablaron los dos al mismo tiempo y lo señalaron.
—¡Sonrió! — continuó burlándose Syra.
—Claro, es que seguro te pareció muy bonita, ¿verdad, Min? — le dio un golpe en el hombro.
Min continuó ignorándolos, ellos tenían la peculiaridad de actuar como dos niños cuando querían y colmarle la paciencia.
—¿No deberías estarme preguntando si logré conseguir el sistema de vigilancia que buscábamos? — intentó cambiar el tema.
—Bueno, es que igual nos encargaríamos de eso — sacudió su mano.
—Lo encontramos, podremos venir a retirarlo esta noche — explicó, aunque ella no estaba precisamente enfocada en ello en ese momento, estaba atenta.
—Sí, perfecto. Entonces, ¿a qué hora tendremos que venir? — quiso saber Syra.
—Dijo que a la una de mañana para mantener discreción.
—¿Le prometiste el pago extra?
—Por supuesto, de cualquier otra manera no habría accedido, Syra.
—¿Y la chica te pareció hermosa?
—No, es preciosa.
Hizo una mueca reprochándose al darse cuenta de que había jugado con su mente.
—¡Ahh! — gritaron ambos con emoción haciendo un gran alboroto.
—Basta los dos, no fue justo.
—Caíste en eso, siempre caes — se burló Syra orgullosa de sí misma —. ¡Vamos, por favor, cuéntame más! ¿Qué sentiste al mirarla? ¿Fue épico? ¿Escuchaste ángeles cantar?
Min la miró con una expresión de sincera perturbación.
—Creo que más que escuchar ángeles, Min se sintió golpeado por un huracán porque tenías que ver su rostro — Taegan volvió a asomar su cabeza a través de los asientos —. Estaba tan asombrado.
—¿Es en serio? — Preguntó Syra con emoción — ¡Que romántico! Nunca creí que Min sería el primero en tener un romance tan bonito.
—Solo acabo de verla por primera vez — señaló Min, tratando de enfocarse solo en la vía.
Pero ella seguía yendo a su mente, y no ayudaba que sus dos amigos estuviesen insistiendo en el tema.
—Vamos, Min. Si es cierto lo que dice Taegan y quedaste tan impactado, tú, el ser más difícil de impresionar en este mundo. Hombre — Syra echó su cabeza hacia atrás de forma dramática —, no podrás huir de esto.
Min respiró profundo.
—De lo que quiero huir es de ustedes dos.
Hubo un silencio, Min miró a sus acompañantes y notó que compartían una mirada cómplice.
—¿Qué?
—No has dicho que quieres huir de ella — señaló Taegan con picardía.
¿Por qué las ideas tenían que golpear tan rápido? Su mente siempre analizaba todas las variables, ayudándole a medir sus acciones.
—Solo la he visto por primera vez ahora — informó intentando concluir el tema —, pero si es necesario, puedo hacerlo.
—¿Qué? ¡No! No vayas a huir — reprochó Syra.
—No es algo que podamos controlar de todos modos.
Las palabras salieron de sus labios con sinceridad, no quería sonar cruel y sabía que Taegan había aprendido a que no era su culpa tampoco.
Hubo silencio de nuevo mientras llegaban a la colina que los llevaría a la que llamarían casa por quién sabe cuánto tiempo.
—Bueno, no deberíamos pensar mucho las cosas — aplaudió Taegan —. Solo déjate guiar por nosotros.
—Eso es cierto, seremos tus mejores cómplices.
Min no pudo evitar reír.
—Claro, los expertos en relaciones.
—¿Qué más puedes pedir? — Preguntó Taegan sintiéndose orgulloso — Me tienes a mí, un chico que coquetea y desaparece antes de permitir que alguien entre a su corazón. Y a Syra, una chica que golpea a todo aquel que intenta acercarse. Somos el mejor combo del mundo, ¿qué podría salir mal?
—En realidad — expuso Syra con una mueca mientras Min aparcaba el auto —, todos sabemos que todo va a salir mal.
—¡Syra, no! — se quejó Taegan — No tienes que ser tan fatídica. Deberías esta emocionada, estamos hablando de sentimientos y citas, estamos cumpliendo el papel de las amigas que nunca has tenido. ¿No deberías seguir mostrando felicidad?
Syra lo pensó un momento, miró a Min, este alzó las cejas mostrando su frustración ante que lo tomaran de objetivo para su broma del día, y finalmente ella reaccionó dejando salir una gran sonrisa.
—Tienes razón, ¿cómo organizamos la primera cita?
Min giró los ojos y abrió la puerta.
—Ya, mejor ve a revisar la casa y yo los alrededores — indicó bajando del auto.
—Yo soy quien da las órdenes — se quejó Syra siguiéndole —. Pero es un buen plan, chico enamorado.
—Yo no…
Luego solo se resignó y continuó su camino, prefirió no pensar en eso por más tiempo.