Cesia no había dejado de sentirse ansiosa. Apenas esa mañana había tenido el encuentro más importante de su vida y no paraba de pensar en ello.
Ella era una joven enfocada en hacer lo que estaba en su alcance y al mismo tiempo era una total soñadora. Desde muy joven descubrió que no debía preocuparse por el amor o las relaciones, de alguna manera supo que en algún lugar, en alguna parte del mundo, estaba alguien que un día la amaría y a quien ella amaría de regreso. Así que en determinado momento de su juventud dejó de preocuparse por eso y se dedicó a crecer, a encontrarse a sí misma, a saber lo que definitivamente quería y lo que no.
Ciertamente aún era joven, aun había millones de cosas por descubrir, pero creía fielmente que una persona nunca estaría completamente lista.
Al ver a ese chico, y lo que sintió en ese instante, solo supo como una certeza que su espera había terminado y no había algo más emocionante que eso. Era una de las cosas que más había soñado y que más había esperado en su vida.
Su amiga Danna compartía su emoción porque bastante que la había escuchado hablar del tema. Por eso, esa tarde se la habían pasado colocando canciones eufóricas en la cafetería y riendo por cualquier tontería.
Pero precisamente por esa reacción de su cuerpo, Cesia sabía que estaba ansiosa y nerviosa.
¿Cuándo le volvería a ver? ¿Por qué no le pidió su número? ¿Eso todavía se hacía? La verdad es que Cesia no estaba muy segura de cómo se coqueteaba en lo absoluto, lo único que sabía es que Taegan había prometido que se verían de nuevo, así que solo debía esperar un poco más.
Cesia estaba atendiendo pedidos detrás de la barra, Martha, quien era la encargada, había tenido un malestar estomacal así que era deber de Cesia ocupar el puesto.
No estaban tan llenos esa tarde, después de todo era jueves, pero sí que había sido un día movido, lo cual era algo que agradecía.
Estaba secando un par de vasos y ordenándolos cuando escuchó a alguien llamarle:
—Disculpe.
—Bienvenido, ¿en qué puedo servirle? — preguntó girándose con una sonrisa en el rostro.
No había dejado de sonreír y dudaba poder hacerlo durante el resto del día.
El joven que se sentó en la barra sin duda era mucho mayor que ella, sus rasgos faciales eran fuertes, su piel tostada y su cabello era rubio, no era natural, pero le sentaba bien.
—Un mocaccino, por favor — pidió observando en otra dirección.
—Claro, un momento.
Cesia escribió la orden y la colocó junto a las demás al lado de Danna.
—¿Qué es? — preguntó ella concentrada en preparar los cafés.
—Mocaccino, ¿sale antes?
—No, dame cinco minutos — contestó.
Sin decir nada más, Cesia regresó al lugar donde estaba acomodando los vasos.
—Que asco el amor — escuchó que el chico se quejó detrás de ella.
Sintiéndose un poco confundida y de alguna manera divertida, preguntó:
—¿Alguna decepción amorosa?
—No precisamente — se escuchó como asqueado —, es que aquella parece es demasiado melosa.
Curiosa, Cesia se giró y miró en la dirección en la que lo hacía el hombre. Se encontró a una pareja en una mesa y bueno, no tenía nada que decir en contra.
—Bueno, cada quien vive el amor a su manera — dijo comprensiva y regresando a su labor.
Ella nunca había estado en una relación, así que no sabía cómo sería ella dentro de una, no podía juzgar.
—Creo que es una pérdida de tiempo.
Cesia lo pensó un instante. La verdad era que había escuchado eso muchas veces, y considerando la sensación tan gratificante y que la llenó de adrenalina y esperanza esa misma mañana, no pudo contenerse de compartir su opinión.
—Creo que es una pérdida de tiempo cuando no sabes lo que quieres, y aun así, cada persona tiene un proceso diferente así que quizás eso le ayuda a encontrarse a sí misma, pero creo que el amor no es una pérdida de tiempo, sino lo que las personas hacen sin saber su significado — explicó y tomó un paquete de vasos plásticos de la repisa de abajo para sacarlos y acomodarlos para Danna.
—¿Tú estás en una relación? — preguntó el hombre.
La imagen de Min ocupó su mente y sonrió emocionada como una adolescente, sin embargo contestó:
—No, pero aun así no considero el amor una pérdida, para mí es algo grande y creo que las personas han comenzado a infravalorar el amor, restándole importancia.
—¿Por qué lo crees?
—Bueno, es que te dicen — cambió un poco el tono de su voz—: no te enamores, vive para ti, sé feliz para ti, no para nadie más — dejó los vasos en orden —, y eso está bien, es cierto, pero en determinado punto se vuelve egoísta, frío y solitario.
Se giró hacia él sintiéndose confiada de continuar con su punto de vista, este la miró atento.
—Creo que por miedo a resultar heridos te dicen que solo basta con amarse a sí mismo, pero si pudiésemos salvarnos a nosotros mismos, no habría necesidad de un guardavida en una playa o piscina, ni de los rescatistas bien capacitados, ni mucho menos existiría un redentor que murió en una cruz por la humanidad — movió sus manos más de la cuenta a causa de la misma energía que inundaba su cuerpo desde muy temprano esa mañana —. El caso es que creo que si fuese suficiente amarnos a nosotros mismos, no habríamos sido colocados en esta tierra con la necesidad de tratar a otras personas para poder vivir — llevó las manos a su pecho —, es decir, puedo ser feliz sola, lo he estado hasta ahora, pero quiero alguien con quien compartir la vida, alguien a quien abrazar cuando la euforia llene mi cuerpo y no creo que eso esté mal o incluso esté fuera de lugar.
Él la miró con cejas alzadas como si algo le causara gracia.
—Entonces ¿por qué estás soltera?
Abrió la boca para hablar, la cerró pensando un momento y finalmente contestó:
—Esa es una gran pregunta — lo señaló riendo —. Pero la verdad es que soy una romántica empedernida, esperaba por una persona que ni siquiera sabía si existía para vivir una historia de amor profundo, lleno de euforia y adrenalina.
En ese momento se abrazó a sí misma, se había sentido un poco apenada luego de decirlo en voz alta a un desconocido.
—¿Esperabas? ¿Ya la has encontrado?
Como si fuese obra de un ser superior, la puerta de la cafetería se abrió y el corazón de Cesia dejó de latir un instante.
Primero entró Taegan, justo detrás de él una chica y de último…
La persona que le hizo experimentar lo que solo había sido capaz de soñar.
—Sí, ya le he encontrado — declaró segura y casi sin aliento.
Se dirigieron a una mesa a la izquierda, junto a una ventana. El caminar de Min estaba lleno de gracia y seguridad, como si supiese controlar su cuerpo a la perfección cual bailarín, sin embargo, su postura no era perfecta, aunque podría verse de esa manera por el tamaño de su espalda.
—¿Y cómo lo sabes? ¿cómo puedes estar segura?
—Por lo que sentí al verle — continuó respondiendo como si no tuviese control de sí misma, sin dejar de mirar a Min.
—¿Qué sentiste?
Pensó por un instante, analizó la sensación de calma y felicidad que la recorrió y al mismo tiempo la forma en la que su corazón latió desenfrenado.
—Como que llegue a casa luego de un día pesado, como cuando sientes alivio justo cuando has estado tolerado un fuerte dolor de cabeza, y al mismo tiempo como si estuviera a punto de caer en picada del punto más alto de la montaña rusa.