—Eso es interesante — la voz del joven la hizo darse cuenta de que estaba viendo perdidamente a Min.
Se colocó derecha y le dio una sonrisa al cliente.
—Lo siento, divagué mucho con mi conversación — habló muy rápido dándose cuenta que el aire le estaba faltando —, iré por su café.
—No te preocupes, estuvo bastante iluminadora — sonrió y movió su mano como restando importancia —. Tienes un buen argumento.
—Gracias — asintió.
Luego caminó hacia Danna con tanta premura que sus pies chocaron entre sí y casi cae al suelo.
—Hey, hey, hey, cuidado, querida — se alejó un poco echando hacia un lado el café que tenía en la mano —. ¿Qué sucede?
Ella la conocía bien.
—Ellos… ellos… él…
—¿Quién, qué? ¿El cliente mocaccino? Ya aquí está — tomó una taza y la extendió hacia ella.
—No… — tragó y movió las manos delante de ella.
—¿Ya no quiere el café?
—Él…
—Querida, pero a veces provoca golpearte para que dejes salir las palabras, ¿qué pasa?
Respiró profundo y se acercó a ella dando la espalda a la barra.
—Está aquí — declaró al fin.
—¿Está aquí? ¿Querida, pero…?
—Min, Min está aquí con Taegan.
Los ojos de Danna se abrieron a su máxima expresión al igual que su boca.
—¿Dónde están? — se giró de golpe lejos de mantener discreción con el tono de su voz.
—¡Danna! — Reclamó y pasó un brazo por su cuello haciéndola girar — Disimula, tonta, disimula.
—Pero es que yo quiero verlo — susurró moviendo su rostro con sus característicos gestos exagerados —. Necesito comprobar que realmente es guapo.
—Bueno, dame ese mocaccino — tomó la taza que Danna había dejado en el mostrador — y en unos minutos, te giras tranquilamente como observando todo el local, y los encontrarás en la ventana a la izquierda.
—Entendido — hizo un círculo con su dedo índice y pulgar.
Cesia respiró profundo y caminó de regreso al hombre sentado en la barra con mucho cuidado, intentando que el café no se cayera a causa del temblor de sus manos.
—Acá tiene — colocó el café frente a él.
—Gracias — contestó el.
Cesia observó con cuidado en la dirección que se encontraban aquellos tres, para encontrarse que estaban siendo atendidos por Mark, eso estaba perfecto. Min estaba de espaldas a ella. Cosa que agradecía y al mismo tiempo no.
Es decir, no esperaba volverlo a ver ese mismo día y allí en la cafetería.
¿Qué debía hacer?
—Pareces muy nerviosa ahora — le habló el hombre —, ¿está aquí ese que te hizo sentir así?
Cesia lo miró con ojos muy abiertos, un poco impactada de que lo notase, no sabía por qué, pero compartió con él la verdad.
—¿Se nota tanto? — preguntó con una sonrisa nerviosa.
Él tomó un sorbo de su café.
—La verdad es que sí.
Sintió sus mejillas ruborizarse.
—Lo siento, no era mi intención incomodarte.
—No, no — agitó su mano —, no incomodas, por el contrario — dejó la taza sobre el mesón —, me has ayudado más de lo que imaginas hoy.
—¿En serio? — preguntó bastante confundida, no tenía idea de qué había podido decir o hacer.
—Claro que sí — dijo serio —. Pero, ¿quieres un consejo? — se acercó un poco sobre el mesón — Mira bien a quién estás dejando entrar a tu vida.
Él se había visto amigable todo el rato hasta ese momento, su voz cambió de forma que sus palabras se escucharon más como una amenaza.
—Gracias, pero sé que no estaré rodeada de personas que vayan a hacerme daño — intentó no sonar a la defensiva —. Soy buena notando si hay algo bueno o no en las personas.
Él tomó de su café y asintió.
—No lo dudo.
—¡Cesia!
La voz le sorprendió y la hizo saltar en su lugar.
—Taegan — sonrió y caminó hacia el extremo de la barra, donde estaba él parado —, viniste antes de lo que imaginaba.
—¿Me imaginabas viniendo? — preguntó con tono pícaro alzando una de sus cejas.
—Ya, no vayas a empezar con eso — giró los ojos cansada, pero incapaz de no sonreír.
—Lo siento, Cesia, tendrás que tolerarlo — le guiñó un ojo.
—He visto que viniste acompañado — intentó sonar tranquila, como si no estuviera interesada en lo absoluto, mirando en otra dirección.
—Es que lo observas todo, ¿no es así?
—Bueno, la puerta está justo al frente — se defendió inocente.
—Claro — hizo una mueca y asintió —. Respondiendo a tu pregunta…
—No fue una pregunta exactamente.
—Lo que sea — movió una mano como restándole importancia —. He venido con mis dos hermanos.
—¿Hermanos? — preguntó incrédula.
La chica era pelirroja, Min era a******o y Taegan tenía la piel morena y el cabello ondulado.
—Sí, somos adoptados, no lo pienses mucho.
—Eso lo explica.
—Bueno, ¿han ordenado ya? ¿Los han atendido bien?
—Sí, el servicio aquí la verdad es bastante bueno, no puedo quejarme — contestó y apoyó los codos del mesón —. He querido venir a saludarte, y a decirte algo importante.
Eso la tomó por sorpresa.
—¿Importante? ¿Qué cosa?
—Verás, me agradas — movió una de sus manos explicando su punto —, le he hablado de ti a mi hermana, y ella ha estado intrigada por conocerte, además, de alguna manera has impactado a Min y no es como que él vaya a aceptarlo…
—Que yo ¿qué? — quizás preguntó un poco más fuerte de lo que debería.
—Shh — indicó que se acercara a él y lo hizo —. Lo has impactado, y vi tu rostro y sé que te impactó también.
Su rostro debía parece a punto de estallar por lo mucho que sentía que le ardía de pena.
¿Cómo era que las cosas estaban dándose de esa manera?
—Yo…
—Ya, no te preocupes, solo escucha esto atentamente — indicó alzando su dedo índice —. No somos el mejor trío con el que involucrarse por muchas razones, no dejamos que las personas entren a nuestro pequeño mundo, pero lo cierto es que tengo el presentimiento de que si intentamos alejarte o ignorarte no funcionará y en lo personal, me parece algo muy cliché, pareces ser una chica inteligente y te prometo que es la primera vez que hago una propuesta de esta manera, así que este es el asunto…
Su rostro se tornó serio, cualquier picardía quedó fuera de una manera que le hizo sentir un vuelco en el estómago.
—… vas a tomar una decisión, y lo harás ahora — continuó con firmeza —. No te conviene involucrarte con nosotros, no puedo decirte ahora el por qué, quizás nos tome mucho tiempo para poder revelarte la verdad, quizás nos tome menos tiempo o quizás nunca lo hagamos y eso sería lo mejor. Pero esto depende de ti, Cesia.
—¿De qué estás hablando? — se sintió ligeramente asustada.
Alzó su mano en un puño en medio de ellos.
—Puedes quedarte detrás de esta barra, ignorarlos como a unos clientes más — dijo alzando uno de sus dedos enumerando —. O puedes ser tú quien lleve la orden a nuestra mesa — alzó el segundo dedo —. Si haces lo segundo, sabré que has decido involucrarte con nosotros. Pero te advierto — se despegó del mesón —, tendrás que ser muy valiente y fuerte para enfrentar lo que sea que venga, porque por mí, cualquier cosa puede venir. ¿Has entendido?
Analizó sus expresiones y el tono de su voz. No parecía una amenaza, por el contrario parecía triste al hacer la propuesta.
¿Estaba perturbado?
—Ellos no saben que te estoy diciendo esto, creen que te estoy hablando de otra cosa — agregó suavemente —, pero realmente me agradas, y si te soy sincero, la vida me ha enseñado que luego puede ser tarde y estoy cansado de arrepentirme. Así que Cesia, quiero ser sincero contigo y quiero que sea tu decisión. Es injusto que no te dé más tiempo, pero temo no tengamos más tiempo después.
—Suena como que no has tenido una vida sencilla — indicó conmovida.
Él miró en otra dirección y asintió.
—Todos tienen una vida complicada a su propia manera.
—Taegan, ¿tienes un pasado oscuro? — quiso saber intentando no sonar brusca y mucho menos asustada.
Este la miró con su expresión divertida.
—No somos criminales, no temas por eso. Solo estoy siendo así porque creo que mereces más que solo ser dejada pasar.
Cesia sintió que su corazón latió más rápido, tal como si hubiese estado corriendo por mucho tiempo.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué él estaba siendo así?
—¿Podré sabré todo más adelante?
—Cesia, tienes que pensar inteligentemente si eres alguien capaz de enfrentar lo que haga falta— insistió de nuevo con seriedad y sinceridad —. Si no te da miedo saber que cualquier cosa podría suceder en tu vida a partir de ahora.
—¿Intentas asustarme o solo estás siendo dramático?
Él sonrió ampliamente.
—Es tu decisión, Cesia.
Sin darle tiempo a nada más, él le dio la espalda y caminó hacia la mesa, dejándola con muchas interrogantes.
¿Por qué parecía una premonición? ¿De qué la estaba advirtiendo?
Miró a Taegan acercarse a la mesa, cuando estuvo por sentarse, Min le miró de manera que Cesia pudo observar su perfil.
Su mente se sintió en paz a pesar de lo rápido que estaba latiendo su corazón.
Siempre había anhelado sentir algo así. Había soñado toda su vida con experimentar algo que venciera toda la cotidianidad que había abrazado su existencia.
¿Dejaría pasar eso porque probablemente tendría algo fuerte que enfrentar?
Taegan le dio una mirada antes de sentarse. No había picardía en sus ojos, sino genuina preocupación. Él le agradó desde el primer momento.
Y la chica hablaba con elegancia y una sonrisa llena de gracia.
¿Qué sería lo que envolvía sus vidas? Aunque Taegan había dicho que por él era por quien podrían venir las cosas inesperadas, lo cierto es que si eran hermanos estaban envueltos en la misma situación.
Pensó en su vida, tranquila y normal.
Había estudiado gerencia empresarial, se había graduado, había aprendido a tocar algunos instrumentos musicales, se había enfocado en apoyar y hacer crecer el negocio familiar hasta ahora.
Se había dedicado mucho tiempo a sí misma, a crecer, a estar bien en la soledad, respecto a amistades, que la había perseguido desde joven. Su familia era amorosa y funcional, a pesar de que a veces la sacaban de quicio.
No se quejaba de la vida que le había tocado, pero ciertamente en todo momento anheló algo más.
¿O sería que su ser sabía que algo más le estaba esperando?
Notó a Mark acercarse a la barra donde Danna le había colocado la orden.
¿Se sentía incorrecto ir hacia el grupo?
Teniendo la respuesta en mente, Cesia tomó la decisión saliendo de detrás de la barra.
—Mark, ven, déjame llevar la orden, siéntate unos minutos.
—¿Qué? No, tranquila, estoy bien — respondió con una sonrisa tímida mientras ella se acercaba.
—No, déjame llevarla — se colocó a su lado —. Quiero hacerlo.
—¿Estás segura? — preguntó haciéndose hacia un lado tímidamente.
—Claro que está segura — Danna le golpeó el hombro —, ya entiendo para dónde va, déjala, tiene que hacerlo — se llenó de energía —. Ve por ello, querida — alzó sus dos manos en puño como dándole fuerza.
Cesia sintió su corazón latir desenfrenado, una energía que no podía explicar recorría su cuerpo, se sentía feliz.
Caminó hacia la mesa con cuidado, enfocándose en no tropezar porque a veces podía ser muy torpe, supo que había tomado la decisión correcta.
Porque no, no se sentía incorrecto y esa era otra de las cosas que siempre había esperado.
Nunca esperó que fuese sencillo, de hecho, anhelaba que no lo fuera.
Haría lo que fuese necesario, soportaría lo que tuviese que soportar, sea cual fuese el riesgo, lo tomaría, porque esa era la historia de su vida, por la que tanto había esperado y no tendría reservas.