Episodio 2

1564 Palabras
Había un montón de personas en la fiesta, lo cual sorprendió a Emma, quien creía que solamente asistirían los campesinos de la zona y sus familias. Pero también estaban varios amigos de Elijah y miembros de la familia Williams. La pobre mujer sintió como el corazón comenzaba a latirla desbocado; soportar a su esposo ya era bastante complicado y si a eso les sumaban a los parientes… Acababa de entrar a un nuevo infierno. —Quita esa cara, que hasta parece que mi familia no te ha tratado mejor de lo que te mereces. —cuestionó Elijah en un tono de voz iracundo. Tal parece que no tenemos la misma definición de buen trato. Ese pensamiento apareció en su mente, al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa cuando su suegra se acercó a ellos; Liliana Williams era la matriarca de su familia política, nadie tomaba ninguna decisión sin que hubiese sido aprobada primeramente por ella y todos deseaban su aprobación, ya que estar en la lista negra de esa mujer era el epitome de la debacle social. Emma había perdido la cuenta de las veces que lo intento. —Mi hermoso león. —saludó a su hijo, dándole un beso en la mejilla. —Que alegría por fin volver a verte, estos días se me hicieron eternos. Elijah esbozó una sonrisa, una que pocas veces iba dirigida a ella. —Mamá, pero si nos vimos hace unos tres días. —comentó riendo. Emma sintió como la piel se le ponía de gallina al escuchar el sonido desconocido. Desde hace cinco años tenía la idea de que Elijah Williams no era el tipo de hombre que sonreía, pero al parecer con otra persona que no fuese ella podía hacerlo bastante bien. Su odio por él solo aumentaba. —¡Ay cariño, sabes que soy tu madre, siempre voy a extrañarte! Su esposo era el hijo consentido de esa familia, no solo por ser el menor; sino que era quien más se parecía a su abuelo, el difunto Williams. Desde niño Liliana lo lleno de halagos y obsequio cada cosa que quiso en su vida, creciendo para convertirse en un hombre que siempre obtenía lo que deseaba. Al menos, hasta aquella noche horrible hace cinco años. Emma empezaba a sentirse ignorada, así que aclaró su garganta. —Querida suegra. —saludó cuando tuvo la atención de la mujer. —Debo decir que me sorprende verla, no se me avisó que asistiría hoy. Liliana le dedicó una mirada cargada de desagrado que la incomodo. —¿Quién eres tu para que tenga que avisarte? —preguntó burlona. —Yo vivo aquí. —le respondió insegura. —Planee esta fiesta. —Es la casa de mi hijo, puedo venir cuando se me apetezca. —Y yo soy la esposa de su hijo. —continuó estirando su mano para que pudiera ver la sortija de oro que le adornaba la mano. —Debe avisarme. Su suegra esbozó una sonrisa viperina y dio varios pasos hacía ella. —Sólo tienes ese título por las tretas que hiciste para obtenerlo, pero sabes perfectamente que estaba destinado a otra mujer. —dijo en voz baja. Las mejillas de Emma adquirieron un tono sonrojado debido a la vergüenza. Iba a responderle, pero Elijah decidió que intervendría ahora. —No vamos a dar un espectáculo en medio de todos los presentes, Emma ve por unas bebidas para los tres. —ordenó soltándole el brazo. —P-pero yo… —Iba a insistir, pero el gesto de Elijah la hizo callar. Se despidió rápidamente y fue hasta la mesa de bebidas. Lamentablemente parecía que los malos ratos no tendrían fin aquella noche, ya que sus dos cuñadas decidieron que era el mejor momento para acercársele. Emma respiró varias veces antes de poder hacerles frente. —¿Nadie te dijo que ese atuendo no es apropiado para esta noche? —preguntó con sarcasmo, Rachel, la hermana mayor de Elijah. —Ni, aunque se lo hubieran dicho, su baja alcurnia no le permite diferenciarlo. La clase es algo con lo que se nace, no que puedes comprar embaucando a un millonario. —Emma apretó fuerte la copa en su mano. Quería gritarles que ella creció con mucha más clase que ella, quien solamente se dedicaba a ganar el dinero de sus padres y ni siquiera asistía a la universidad. Emma había obtenido un postgrado en Economía. Era Sofía, la hermana menor de Elijah y por mucho, la persona que más la odiaba después de su suegra. Para desgracia de Emma, no podía devolverles los insultos, ya que ambas estaban vestidas ricamente; aunque por supuesto, eso jamás podría ocultar todos los escándalos que protagonizaban ambas hermanas. Siempre aparecían las portadas. Según podía recordar, Rachel acaba de separarse de su esposo y en los círculos se rumoreaba que debido a la infidelidad y alcoholismo. En cuanto a Sofía, solo tenía veinte años, pero ya la habían expulsado de 5 universidades diferentes porque no daba el nivel. Sus suegros debieron haber gastado miles para que esa información no saliera en las noticias. —Tengo que darles la razón, queridas cuñadas, el vestido es horrendo. —dijo viendo la sorpresa en el rostro de las dos. —Se lo diré a tu hermano en cuanto lo vea, ya que fue él quien lo compro para mí. Era una mentira piadosa, pero se sintió bastante bien ver el miedo en sus ojos. Elijah era el encargado de pagar las tarjetas de crédito de esas arpías y mantener el nivel de vida que ambas llevaban. El termino de sanguijuelas les quedaba como anillo al dedo, aunque no lo admitirían. —Es obvio que mientes, Jah jamás se perdería el tiempo en ello. Sofía estaba en lo cierto, aunque no tenía por qué saberlo. —¿Quién sabe? Capaz llegamos a un acuerdo en nuestro matrimonio. —comentó guiñándole un ojo y esta la observó con desagrado. Hace mucho hubiese dado todo por caerles bien, pero eso se acabó. —Una vez eres prostituta, siempre serás una prostituta. Emma sintió la rabia bullendo dentro de ella, era una humillación total que la tratarán de esa manera. No fue su culpa que sus padres los hubiesen obligado a casarse después de pasar una noche juntos; noche que, por cierto, no recordaba para nada. Sólo despertó en la cama con Elijah a su lado, unas semanas después… Bueno, se encontraba comprometida. —No te respondo como se debe, porque yo sí sé cómo comportarme. La joven tomó un trago de su copa, disfrutando del sabor dulzón del champagne. Le molestaba que sus propios padres la hubiesen arrastrado a esa familia; maldecía el día en que se involucró con todos los Williams. —Tampoco es como si pudieras, perderías la facha de mosquita muerta de la que tanto te enorgulleces. —Rachel tiro una nueva puñalada. —¡Vamos chicas, dejen de intentar sacarse los ojos por una noche! Rob Jones deslizó uno de sus brazos por el hombro de Rachel. Era el primo de los Miller, hijo de una de las hermanas de Liliana y primo de esas dos ridículas, también el único m*****o de esa familia que le caía bien. Aunque ahora mismo, parecía bastante borracho, ¿a qué hora empezó a beber? Notó que Rachel le lanzaba una expresión de absoluto desprecio. Quizás Rob le agradaba porque también era la oveja negra en la familia. Tuvo que contener la sonrisa que empezaba a formarse en su boca. —¿Podrías una vez comportarte como m*****o de esta familia? —Sofía tiene razón, deja de avergonzarnos. —Rachel retiró el brazo de sus hombros. —¿Alguna vez te has mantenido sobrio por una noche? —Probablemente cuando nací, mi amada prima Rachel. —Eres un idiota, Robert Jones. —le reclamo está de vuelta. —Pero al menos, yo no tengo que soportar este circo sobrio. Iba a responderle nuevamente, pero entonces un auto desconocido en la entrada de la hacienda la distrajo; no solamente a ella, sino a todos los presentes de la fiesta. Por alguna extraña razón sintió como si estomago diera una vuelta y le dio opresión en el pecho, se mostraba intranquila. El auto se estacionó y abrieron la puerta, una pierna morena se bajó, seguido de un cuerpo femenino. Emma notó como su respiración se ralentizaba; la cabeza le dolía y no podía creer lo que sus ojos veían. —¡Woow! Esta fiesta comienza a ponerse por fin interesante. No supo quién dijo aquello, pero no podía estar más de acuerdo. Caílin Miller. ¡Oh, Dios definitivamente debía odiarla! ¿Qué demonios hacía la ex de Elijah en su casa? Sus pies se movieron con rapidez y antes de siquiera pensarlo, ya estaba a un lado Elijah, quien al parecer no podía apartar la mirada de la mujer que acaba de llegar. ¿Por qué tenía que pasar esto el día que decide largarse? ¿A caso él fue quién la invito? De solo pensarlo le daban nauseas. Aunque no tuvo que pasar mucho tiempo antes de que obtuviera una respuesta, ya que Liliana fue la primera en acercarse al auto, rodeando con sus brazos a la mujer, quien lucía realmente atractiva con un vestido largo de color crema y el cabello rubio recogido en una coleta bastante alta. —Caílin cariño, que bueno volver a verte mi cielo.
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