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Matrimonio en Ruinas

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addiction
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intro-logo
Descripción

Emma Williams es una mujer atrapada en un matrimonio sin amor con Elijah, un hombre que la desprecia y se regocija en su sufrimiento. Casados tras un compromiso forzado por sus familias, Emma ha vivido en la sombra del legado de los Williams, una familia poderosa que se mueve entre el lujo y el desprecio.

Emma Williams se enfrenta a su esposo, Elijah, en un intento desesperado de liberarse de su matrimonio tóxico:

—“Quiero el divorcio.”

Pero Elijah responde con desprecio:

—“Te juro que jamás serás feliz.”

En la lujosa fiesta de su marido, Emma se siente atrapada entre el desdén de su suegra y las burlas de sus cuñadas. Cuando su mirada se encuentra con la ex de Elijah, Caílin, el caos emocional estalla:

—“¿Qué demonios hace ella aquí?”

Mientras planea su escape, las heridas del pasado resurgen, y la lucha por su libertad se convierte en un juego peligroso. Emma debe enfrentar su dolor y luchar por la vida que merece, donde su voz finalmente será escuchada.

¿Logrará liberarse de sus cadenas antes de que Elijah cumpla su amenaza?

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Episodio 1
—Quiero el divorcio. Las palabras salieron de la boca de Emma Williams en cuanto vio a su esposo. Había estado planeando esto desde hace ya mucho tiempo, pero era realmente complicado que él la visitara en aquella casa del campo. —¿Cómo dices? —preguntó Elijah Williams. —No tengo tiempo para tus bromas. —señaló pasándole, por un lado. —Quítate que solamente vengo a reunirme con el contador y el capataz de la hacienda. —No estoy bromeando. Emma le entregó un sobre manilla que contenía los papeles del divorcio, era un acuerdo redactado más que beneficioso para ambos. —Mi abogado lo preparo, solo tienes que firmarlo, incluso renuncie a la manutención que me corresponde. —explicó, creyendo que de esa manera el hombre aceptaría. —Sabes perfectamente que es lo mejor. Elijah le arrebató los papeles y procedió a leerlos rápidamente. —¡Ja! —inquirió dejándolos caer al suelo. —¿Crees que puedes alejarte de mí? —cuestionó acercándose, Emma dio varios pasos hacía atrás presa del miedo que la expresión del hombre le provocaba. —Nuestro matrimonio no es más que de papel. —insistió. —Hace cinco años te hice una promesa. —Elijah la atrapó de un brazo antes de que pudiese escapar. —Te jure que jamás sería feliz conmigo. —Me haces daño. —se quejó viendo como la sostenía con fuerza. —¡¿Crees que esto se soluciona con dinero?! —gritó con rabia. —Si por eso te casaste conmigo, tus padres querían el poder y el dinero que mi apellido le daba. —continuó zarandeándola. —Ni creas que te salvarás. Emma notó por el rabillo del ojo como los sirvientes se acercaban. Para ninguno era una novedad como trataba su jefe a la joven señora las pocas veces que se dignaba a aparecerse por la hacienda familiar. A este punto solamente sentía lastima por la pobre mujer maltratada; aunque había dos específicamente que se mantenían impolutos ante la situación. Eran el ama de llaves y jardinero, quienes conocían al señor Elijah desde que era un niño y habían oído como esa trepadora y su familia lo obligaron a casarse con ella, alejándolo de la mujer que amaba de verdad. —Que sea la última vez que hablamos de esta estupidez. Emma estaba asustada, pero no iba a permitir que la humillarán. —¡No puedes obligarme a seguir en esta farsa! —gritó zafándose. —Querida, pero si tu fuiste quién la comenzó. —le recordó Elijah. —Y me arrepiento cada maldito día de ello. —inquirió enojada. —Al fin algo en lo que estamos de acuerdo; fue el peor día de mi vida. Emma contuvo las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos, hace tiempo había guardado la esperanza de que el hombre frente a ella llegará a amarla un día, pero ese sueño fue apagándose con la forma tan horrible en que la trataba. Elijah Williams jamás la amaría, era un ser sin corazón. —Entonces deja de torturarme y firma los malditos papeles, Elijah. La mirada en los ojos de su esposo continuaba viéndose turbia. —Jamás lo haré, mi vida es un infierno y tu serás parte de ella. Pronunciadas esas palabras paso por su lado, empujándola en el proceso. Los sentimientos que contuvo con tanta fuerza salieron de ella, volviendo la sala de estar en un auténtico mar de lágrimas. Maldecía el día en que había conocido a ese hombre y más aún, cuando decidió entregarle su corazón y permitir que la pisoteara durante tantos años sin hacer nada. —No voy a continuar en esta situación. —se dijo así misma enojada. Secó su rostro y se puso de pie nuevamente, había intentado por las buenas llegar a un acuerdo; pero aparentemente eso no sería posible de ninguna manera. Subió a su habitación ante la mirada recelosa de los trabajadores que allí se encontraban. Iba a escapar de allí cuanto antes. —María prepara mi maleta, por favor. —ordenó entrando al cuarto. Su sirvienta personal le regalo una mirada de tristeza que ignoró. Estaba acostumbrada a que todos por allí la mirarán de esa forma, pero ese día necesitaba la mayor cantidad de fuerza que pudiera reunir. —¿No logró llegar a un acuerdo con el señor? —preguntó. —Era de esperarse, Elijah jamás me dará el divorcio, quiere seguir castigándome por algo que paso hace años. Tengo que largarme ahora. —Señora, piénselo bien; ¿a dónde va a ir? Sabe que su familia no va a recibirla si se separa de su esposo. —continuó tratando de convencerla. —Tengo algo de dinero guardado, estaré bien mientras consigo un trabajo en la ciudad, pero primero tengo que irme lo más lejos que pueda. —¿Cuándo piensa irse? —indagó María recogiendo su ropa. —Después de la fiesta de esta noche. —respondió quitándose el vestido que llevaba puesto. Era de costoso y de marca, pero ella lo odiaba. Lo había elegido el ama de llaves, quien era su sombra en aquella casa y hacía todo lo que Elijah le ordenaba. Recordaba cómo fue de feliz al pensar que él lo había elegido para ella, pero esta ilusión se rompió cuando le agradeció. Aún podía recordar las palabras tan crueles. —No es un regalo, simplemente no quiero que te veas como una pordiosera durante la cena a la que nos invitaron, por eso di la orden de que te buscarán algo. Yo jamás perdería mi tiempo en regalarte algo. Las palabras dolían de solo recordarlas, deseaba poder olvidarlas. —Ten todo listo para la media noche, por favor. María asintió y no dijo nada más, lo cual Emma agradeció. Estando ya desvestida se metió al baño para asearse; tal y como esperaba, había un enorme hematoma azul en su muñeca. Algo como eso no podía ocultarse con maquillaje, así que lo mejor sería usar un vestido de mangas. Lo menos que le apetecía era ir a esa fiesta, pero sería raro que no lo hiciera. Tenía su amada libertad tan cerca, que casi podía tocarla con sus dedos. No iba a arriesgarla por nada en el mundo. Emma hundió su cabeza una última vez en el agua y luego salió tomando una bocanada de aire. —María guarda ese vestido, hoy me colocare el vestido azul. La sirvienta la miro extrañada, pero hace mucho tiempo decidió no cuestionar las decisiones de su señora. Unos minutos después, Emma observaba la suave tela que se deslizaba por sus curvas delicadamente. Por supuesto que era otro comprado por Elijah, ella jamás gastaría dinero en algo tan banal para usarlo solamente una noche, pero debía reconocer que era realmente hermoso. Las mangas ocultaban sus brazos por completo y solamente dejaba a la vista la espalda en un corte en “V”. —¿Quiere usar algunas joyas? —preguntó María tomando el alhajero. —Dame el collar con el dije de rosa y los aretes, por favor. Con ese atuendo no podía usar más y los brazaletes se veían altamente vulgares. Dejó que María recogiera su cabello oscuro en un moño bajo y la maquillo con simpleza, pero dejando su piel muy fresca. —Creo que eso sería todo, puedes retirarte y muchas gracias, María. Una vez estando sola, respiro varias veces para controlar la ansiedad, era la ultima oportunidad que tenía. Era bastante usual que su esposo diera una fiesta una vez al año para convivir con los arrendatarios de la hacienda. Tuvo bastante suerte de que esta fuese celebrada durante la época actual. —Mi señora, el señor Elijah la está esperando, quiere que se dé prisa. Emma levantó la vista encontrándose con la mirada escrutadora del ama de llaves. Desde el primer día que llegó a aquel lugar, nunca la había querido y el sentimiento de aborrecimiento era completamente mutuo. El desagrado de la mujer se reflejaba en que no había llamado a la puerta. —Dígale que aún me estoy arreglando, señora Jenkins. —Sabe que al señor Elijah no le gusta esperar, Emma. —“Señora Emma”, no se le olvide que sigo casada con su patrón. Vio en el espejo la mueca que hizo la mujer, probablemente estaba deseando que Elijah firmara los papeles para no tener que verla nunca más y concordaba a la perfección ella. Solamente para molestarla tardó unos minutos más de lo previsto, pero al fin bajo las escaleras con su ama de llaves siguiéndola como una abeja a la miel, captando sus movimientos. Su corazón dio un vuelco cuando vio a su esposo y durante unos instantes volvió a ser aquella jovenzuela de quince años totalmente prendada por él; pero rápidamente se recompuso. Elijah ni siquiera la miró, solo se limite a ofrecerle su brazo y ella lo tomó fríamente. —¿Acaso no gasto una gran cantidad de dinero en tu closet? —Habló cuando estaban un poco alejados de la casa. —Ese vestido es completamente inapropiado, pensé que siendo criada cómo lo fuiste al menos sabrías vestirte correctamente. —La regaño apretando los labios. —Tu compraste el vestido, Elijah. —Le recordó si mirarlo. —No creo ser yo la que no tiene buen gusto. —sentenció alzando la mano para saludar a los presentes, que empezaron a aplaudir en cuanto los vieron. —Últimamente pareces muy alzada, parece que has olvidado tu lugar dentro de esta familia. —dijo apretando su brazo nuevamente. —Créeme que no, llevo cinco años teniéndolo presente, querido.

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