Ada aún no salía de su asombro, no sabía como había llegado allí pero ahí estaba, en su propia cama. Mientras se incorporaba miró alrededor. Nada había cambiado y se le estrujó el corazón. En ese pequeño cuarto dormían ella y su madre en una cama doble y en el otro los trillizos, pero la cama de ella estaba vacía, su madre no estaba y todo se encontraba muy silencioso... aunque veía un haz de luz que provenía del pasillo. Layla había ido a buscar un vaso de leche tibia con miel. Los niños se habían quedado a dormir en lo de un amigo. La casa estaba mucho más silenciosa de lo habitual. Sus hijos no sabían nada de lo que había pasado con Ada aunque Draco, su niño especial, se dió cuenta de que algo había ocurrido con su hermana. No sabía como hacía pero tenía una forma de intuir el estado

