Mientras observaba a la mujer del otro lado del marco de la puerta el único pensamiento coherente que tuvo era que debería ser criminal verse así de bien. La loba changer parecía sacada de una pasarela con su corto vestido de color azul eléctrico que combinaba con sus ojos. Era de un género tipo jerjey, supuso de diseñador, y apenas tapaba su culo perfecto y redondo como un melocotón maduro. Sus piernas eternas y perfectamente torneadas, se elevaban sobre unos tacos que lucían caros también. Su piel era impecable y sin manchas, su maquillaje perfecto. Junto a ella Ada se sintió como una pordiosera. Insignificante, una pelusa en el ombligo... Justamente Eliza pensaba que esa humana insignificante era como una diminuta y pequeña piedra molesta en su zapato, que salvo sus ojos excepcionale

