Él la había colocado desnuda y con grilletes, abierta de brazos y de piernas, completamente expuesta como nunca lo había estado en su vida, no así...indefensa. Se habia despertado poco antes y se dió cuenta con el horror de los recuerdos que se agolpaban en su mente : ella estaba cautiva, de ese maldito bastardo...nunca debió confiar en el humano se recriminó Eliza por dentro. Todavía estaba mareada por lo que le había inyectado el muy maldito, miró a su alrededor, era una habitación blanca, como de hospital. Ella observó sus brazos estirados y tiró de los grilletes, sin conseguir nada...de hecho se sentía debilitada. Como si la hubiera olido él apareció, como por arte de magia. —Veo que por fin has despertado — dijo y le sonrió acercandose con su bata también blanca. —¿Qué hago aqu

