No fue un impulso. Fue una decisión fría, tomada días atrás, cuando el silencio de Lia empezó a olerme a despedida definitiva y a traición lenta. —Encuéntrala —le dije al investigador privado—. Ámsterdam. Barrio Rojo. Quiero saber si sigue ahí… y por qué. Si es por necesidad, si aún necesita ayuda con sus problemas, o porque sale con alguien como lo hacía conmigo. Quiero la verdad completa, sin filtros. No le pedí delicadeza ni piedad. Le pedí verdad pura, aunque doliera. Italia seguía tranquila por fuera, pero por dentro yo estaba en modo guerra pasiva, conteniendo la rabia. Jugaba con Sofía en el jardín, desayunaba con mi madre, sonreía para cumplir con los KPI emocionales que me exigía la vida, pero algo en mí ya se estaba preparando para el golpe que sabía que vendría. El silencio

