La suite del Hotel de l'Europe se siente como una jaula de cristal roto. Lia tiembla bajo la sábana, las muñecas rojas por las ataduras que acabo de soltar, Su coño aún palpita, el cuerpo zumbando de placer prohibido que le di: penetrándola por detrás despacio al principio, el estiramiento ardiente fundiéndose en éxtasis cuando aceleré, follándola con ferocidad que la hizo gritar “más, joder, no pares”, corriéndome dentro de su ano apretado como un vicio caliente. Y ahora Isabella está aquí, vestido n***o ceñido, tacones clac clac, ojos azules perforando como cuchillos. —Sal de aquí —gruño, poniéndome entre ellas, la v***a aún semierecta bajo los pantalones, goteando restos de nuestro sexo crudo. Isabella ríe fría, cruzando los brazos, el sobre manila en la mano como arma cargada. — ¿

