Capítulo 16: Entre Vitrina, mentiras y Silencios

1122 Palabras
Varias semanas después En el gimnasio —Hola, amor… ¿cómo estás? Cuántos días sin verte —dijo Jairo, acercándose a Isabella. —Hola, Jairo. Estoy bien… lidiando con mi esposo y con esa mujer —respondió ella en voz baja—. Además, no quiero que nadie sospeche. Ni él, ni nadie. Ya sabes… lo nuestro tiene que mantenerse discreto. Tú eres mi entrenador, nada más. Jairo suspiró, cansado. —¿Y cuándo vas a tomar en serio lo nuestro? Porque ya me cansé de vivir a escondidas. Isabella lo miró, tensa. —Pronto… muy pronto. El día que me canse del imbécil de mi marido, lo dejo prácticamente en la calle. Él ya no quiere una relación seria conmigo. Lo único que quiere es estar con esa prostituta. —Pero tú me dijiste que ya lo ibas a dejar —insistió Jairo—. ¿Qué pasó con eso? —Lo pensé por Sofía —admitió ella—. Va a sufrir mucho cuando todo explote. Pero si él no pone de su parte… tendré que usar un as bajo la manga. Jairo frunció el ceño. —¿Y lo nuestro? ¿Para cuándo? —Ay, Jairo… no sé —dijo pasándose la mano por el cabello—. No tengo cabeza ahora mismo. Me duele que me haya dejado por una cualquiera. Yo no quería separarme de mi esposo así. —Está bien —cedió él—. Te dejo en paz. Cuando te decidas, me avisas. ¿Estamos? —Discúlpame, amor. Yo te quiero, pero no estoy dispuesta a perder mi vida de reina. Jairo bajó la voz. —Tú no perderías nada. Si presentas esas fotos ante tus abogados, es un divorcio a tu favor. Custodia, dinero, todo. Él quedaría prácticamente en la calle por infiel. Isabella negó lentamente. —No es tan fácil. Sebastián no es cualquier hombre. Es el magnate más poderoso del país. Tiene contactos, poder… y es inteligente. Demasiado. Está muy callado, y eso me preocupa. No sé qué está tramando. Jairo la miró fijamente. —Entonces te espero. Aquí estaré, cuando te decidas. Isabella apretó los labios. —Estoy decidida, Jairo… solo dame tiempo. Por favor. narración sebastian —Lía, te he dejado cientos de llamadas y mensajes. Por favor, contesta, quiero hablar contigo, amor. No me dejes solo en esto… perdón, Lía, por ponerte en esta situación —le decía por teléfono mientras conducía su Maserati 2024. —Por Dios, ¿en qué estaba pensando al entrar a ese burdel? Tenía que separarme de Isabel primero y luego enamorarme de Lía. Pero es que la quiero… Lía es todo para mí. Me gusta todo de ella; sin ella no puedo vivir. Y ahora no me quiere ver, por culpa de Isabel y de todo lo que pasó. Mientras tanto, Sofía ya había aterrizado en Italia junto a su abuela paterna. La abuela llamó a Sebastián, y él se lo comunicó a Isabella. Ambos estuvieron de acuerdo en que Sofía estaría mejor en Italia, lejos de quedar entre la espada y la pared, en medio de la guerra silenciosa entre Sebastián e Isabella. Era lo mejor para la niña. Los papeles serían transferidos allá para que ingresara a un nuevo colegio, mientras Isabel y Sebastián intentaban, al menos, arreglar sus diferencias. Por otro lado: Sofía ya había aterrizado en Italia junto a su abuela paterna. La mujer llamó a Sebastián, y él se lo comunicó a Isabella. Ambos estuvieron de acuerdo en que Sofía estaría mejor en Italia, lejos de quedar entre la espada y la pared, atrapada en medio de la guerra silenciosa entre sus padres. Era lo mejor para la niña. Los papeles serían transferidos allá para que ingresara a un nuevo colegio, mientras Isabella y Sebastián intentaban —al menos en apariencia— arreglar su indiferencia. --- Días después Isabella voló a Ámsterdam, directo al Barrio Rojo. Allí, tras una vitrina iluminada por luces rojas y reflejos de lluvia, Lía esperaba clientes. Era un día gris, lluvioso, de poco movimiento. Isabella aprovechó que Sebastián había viajado a Venezuela para reunirse con nuevos socios de su futura empresa. Con él fuera del radar, decidió volar a Ámsterdam para enfrentar a Lía… y hacerle la vida imposible. Lía vestía uno de esos vestidos diseñados para provocar sin esfuerzo: elegante, ceñido, impecable. Su cabello rubio caía largo sobre los hombros, y sus ojos claros observaban la calle con distancia profesional. Isabella se plantó frente a la vitrina. —Así era que quería verte —dijo con una sonrisa torcida—. Qué bonita te ves ahí… exhibida. Quiero que te alejes de una vez de mi marido. Su presencia imponía: bien vestida, altiva, irradiando una arrogancia pulida que brillaba incluso en plena noche. Lía ni siquiera la miró al principio. Su indiferencia fue el primer golpe. —¿De verdad creíste que te iba a dar ese gusto? —continuó Isabella—. ¿Dejarte a mi marido para que venga a llorar en tus brazos? La recorrió de arriba abajo con desprecio calculado. Lía giró lentamente el rostro hacia ella, serena, peligrosa. —Mire, señora —respondió con voz tranquila—, su esposo vino a mí porque en su casa no encontró lo que buscaba. Atención. Deseo. Sentirse vivo. Yo solo hice mi trabajo… y, por lo visto, lo hice bien. Isabella apretó la mandíbula. —Para eso sirves —escupió—. Para venderte. Para ser una cualquiera. —No lo niego —replicó Lía sin alterarse—. Cobro caro, muy caro. Y no cualquiera puede pagarme. Un magnate como Sebastián lo hizo… y se enamoró. Saque sus propias conclusiones. En ese momento, alguien se acercó a la vitrina. Lía sonrió apenas. —Disculpe —añadió—. El trabajo me llama. Y se fue, dejándola allí, sola, expuesta, humillada. Isabella regresó al hotel donde se hospedaba, pero antes tomó una foto de Lía entrando con el cliente. La envió por w******p a Sebastián junto a un mensaje: > “Hola, querido. Estoy en el Barrio Rojo. Tu amante ya te sustituyó por otro. Más joven. Más conveniente.” La respuesta no tardó. > Sebastián: “Déjame tranquilo, Isabella. Me tienes cansado con este tema. Crees que ganaste, pero no. El juego aún no ha terminado. Prepárate.” Isabella escribió de inmediato: —¿De qué hablas, Sebastián? Tú estás acabado… y en mis manos. La respuesta fue seca, definitiva. —Nunca estuve en tus manos. Ni lo estaré. ¿Me oíste, Isabella? Nunca. Isabella se quedó mirando la pantalla de su teléfono, inmóvil. Por primera vez, el corazón le latió con fuerza… no de rabia, sino de miedo real. ¿Qué as tenía Sebastián bajo la manga?
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