La lluvia que azota esta noche a Chicago es tremenda a tal grado que no deja ver mucho en la carretera, Steve va manejando con cuidado para no tener accidentes.
La calefacción de la camioneta está en su máxima potencia y yo aún sigo teniendo frío. No me quejo porque no quiero otra de sus miraditas. El silencio es brutal.
Al doblar la esquina de la cuadra donde vivo suspiro de alivio, al menos hemos llegado bien hasta aquí, de repente me entra miedo.
-¿Hasta dónde tienes que manejar tú?-le digo después de señalar dónde puede dejarme.
-Hasta el otro lado, pasando el centro-dice mirándome.
-Te quedaba más cerca del restaurante, me hubieras dejado venir en taxi-protesto.
-No te iba a dejar venir en taxi-dice serio.
Quizás si lo hubiera intentado un poco más, ahora él estaría a salvo en casa.
-La lluvia esta horrible, no se ve nada. Por favor, maneja con cuidado-digo. Me estremezco al recordar como yo me accidente con un clima similar y en el coche de mis papás en Oregon. Eso me dejo 1 mes en cama y sin ganas de volver a tomar un volante. No quiero que le pase nada similar.
-Lo haré-sonríe y eso me alivia un poco.
La lluvia incrementa y un rayo se deja escuchar y ver alumbrando dentro. No lo voy a dejar ir así.
-Pensándolo mejor, quédate conmigo esta noche-le digo mirando la lluvia caer.
-¿Dejarás que un extraño se quede contigo?-dice negando con su cabeza.
-Por el bien de mi consciencia, quédate. Si algo te pasa no quiero cargar con ello.
Lo medita por un momento y otro rayo se escucha haciéndome saltar. Lo miro suplicándole con la mirada que se quede. No quiero cargar con un muerto.
-Déjame creer que es por los rayos-dice y baja de la camioneta corriendo hacia mi lado.
Me quito los tacones porque quiero conservar mi cuello y bajo cuando me abre, está empapado. Asegura la camioneta y corremos hasta las escaleras del edificio y subimos despacio. Llegamos al apartamento marcado con el número 14, saco las llaves y abro la puerta. Entró con él siguiéndome, dejo caer mi bolso en la mesa junto con las llaves y me giro para verlo. ¡No puede ser posible! Denme una cubeta antes de babear.
Está todo mojado y es sexy.
-Bien, necesitas cambiarte-le digo.
-Eso creo.
-Creo tener unos pantalones deportivos que te pueden quedar y... espera.
Desaparezco en mi cuarto y busco en mi ropa innecesaria. Mis pantalones favoritos para pasar la tarde son los elegidos y mi camiseta más grande también. Salgo con las prendas en la mano.
-Este pantalón puede servirte-se lo doy, los mira y asiente-Y bueno, tengo sólo esta camiseta grande.
-No me pondré eso, estas de acuerdo-ríe.
Mi camiseta tiene estampada a Minnie en la parte delantera, no lo imagino con algo así. Niego y río. Voy al cuarto y regresó con una toalla.
-Sólo hay un baño, está en el cuarto. Puedes entrar, ducharte y darme tu ropa, la lavare y la pondré a secar para mañana.
Asiente y camina hasta el baño, lo sigo y espero afuera la ropa. Sin girarme me habla y me la pasa, le digo que hay un cepillo de dientes sin usar y me responde con un "Perfecto". Voy al otro cuarto y programó la lavadora, meto su ropa y la dejo funcionando. Espero unos 10 minutos y ya esta jabonada, programo el enjuague con 10 minutos mas hasta que esta lista para secarla, 5 minutos después y ya esta colgada.
Regreso a la sala tarareando una canción y lo encuentro de espaldas, ¡Jesús! Su espalda es... ¡por todos los cielos! Cómo es que llegue a esta situación.
Se da cuenta de mi presencia y se gira hacia mí. ¡Mierda! Tiene cuerpo de infarto, siento babear al instante. Un six pack bien definido y su camino de la felicidad se pierde entre mis pantalones. Se aclara la garganta, lo miro a los ojos y me sonrojo cómo tomate bien maduro. ¡ME LO COMÍ CON LA MIRADA COMO SI NUNCA HUBIERA VISTO A UN HOMBRE!
-Voy a ducharme-me giro y me pierdo en mi baño.
En la tranquilidad de la ducha me desvisto y me dejo acariciar por el agua caliente cayendo sobre mí de la regadera. Me lavo mi pelo para quitar el agua de lluvia y minutos después salgo, he metido la pijama más decente que tengo, una blusa de tirantes, unos short cortos y encima me pongo la camiseta que Steve ha rechazado. La otra pijama consiste sólo en una bata así que fue descartada sin ser vista. Seco mi pelo hasta dejarlo sin gota de agua, me cepillo los dientes y quitar lo que queda de maquillaje. Ato mi cabello en un moño y salgo del baño. En la sala encuentro a Theo mandando un mensaje en su celular, gira y me mira de pies a cabeza muy despacio. ¡Oh dios!
-Vas a necesitar una almohada y cobertor-digo mientras camino al segundo cuarto por un cobertor limpio. Siento su mirada sobre mí, gracias a Dios mi camisola cubre mi trasero.
Cuando regresó lo encuentro de la misma manera que lo deje, observando. Le entregó el cobertor y voy por una almohada al cuarto la cual también le pasó. Veo el reloj de pared y son cerca de la media noche así que le deseo buenas noches, le enciendo mi lámpara vieja y apago la luz de la sala.
En el interior de mi cuarto escucho la lluvia caer y los rayos alumbrando, me tapo para intentar dormir. Cierro mis ojos y lo único que veo es la sonrisa del hombre en mi sala, los abro y me doy la vuelta. Así pasa una eternidad o lo que yo considero que lo es, entre vuelta y vuelta. El sillón de cuero es incómodo para dormir, lo sé porque el primer día me quede ahí y desperté con dolor en todo mi cuerpo. No soy muy menuda de cuerpo pero tampoco grande pero aún así, es lo más incómodo del mundo. Exhalo el aire que no me di cuenta que estaba reteniendo y cuando me doy cuenta ya estoy abriendo la puerta del cuarto.
La luz de la lámpara vieja aún sigue prendida y escucho como Steve tamborilea muy despacio el sillón.
-¿Steve?-digo desde la puerta.
-¿Sí?-se medio incorpora para verme.
-¿Quieres...-me aclaró la garganta- ¿Quieres venir a dormir a la cama? El sillón es incómodo y mañana probablemente te levantes con dolor de cuerpo si duermes ahí, por experiencia.
Lo parece pensar un segundo pero al siguiente ya se esta levantando junto con el cobertor y la almohada, me doy la vuelta y camino a la cama, prendo las pequeñas lámparas y veo cómo cierra la puerta del cuarto.
-Puedes dormir de ese lado-señaló el lugar derecho-No hay problema.
-¿Esta bien para ti?-alza una ceja.
Asiento y me meto a la cama. Siento como el colchón se hunde con su peso mientras se acomoda, apagó las luces y todo queda en oscura.
Estoy con un hombre que conozco por tres segundos durmiendo en mi cama, ¡Qué locura!
Siento como se da la vuelta y se acerca a mí, tengo su aliento en mi cuello mientras pasa un brazo por mi cintura y tira de mi hacia él para estar con mi espalda en su pecho.
-¿Steve?-digo aterrorizada.
-Tranquila Olivia, no te haré nada-habla cerca de mi oído haciendo que me de escalofríos- Jamás te haría daño. Confía en mí.
La confianza la perdí hace mucho tiempo pero algo en el fondo de mi corazón parece llamear.
-Confío en ti-suspiro.
Y es verdad, no sé que tiene este hombre que hace que confié en él, al grado de dejarlo abrazarme mientras duerme. Solo espero que esto termine bien, porque no quiero volver a tropezar con la misma piedra.