"No vas a ir" me repetía una y otra vez. "Ni pienses en ir, toma un buen libro o busca una película y piérdete en ellas" seguía diciéndome pero no hice caso a ninguna de las dos.
Pago el taxi que se estaciona enfrente del restaurante italiano "Riccardo Trattoria", no sé qué hago aquí con un vestido n***o hasta las rodillas con la espalda escotada, un pequeño chal n***o, unos zapatos dorados y bolso combinando con ellos. Mi maquillaje es sencillo pero resaltando con un pintalabios rojo, no exagerado si no leve el color. No recuerdo nada de cómo acabe aquí así vestida, se supone que esto es lo que debo evitar.
Camino con pasos temblorosos hasta la entrada donde una chica me abre la puerta amablemente. Me indica el lugar donde un joven simpático está parado detrás de un atril. En este momento tengo miedo de preguntar... ¿Y si ese tipo sólo quiso jugarme una broma?
-Buenas Noches-saluda con una sonrisa.
-Buenas Noches-sonrió nerviosa.
-¿Tiene una reservación?-pregunta y quiero correr.
-Emmm... sí. Está a nombre del Señor Hayes -mi voz sale más nerviosa que mi risa. Me aclaro la garganta y sonrió.
-Déjeme checar-dice y busca el nombre en la computadora. Miro a ambos lados, de mi lado derecho se encuentra como un pequeño bar y de mi lado izquierdo parte del restaurante.
-Aquí está, la Señorita Soraya la llevara a su mesa-me señala a la chica que abrió la puerta. Le sonrió y vuelvo la mirada al chico frente a mí- Que tenga una buena velada y disfrute de la comida.
-Gracias-respondo con voz más clara.
La chica me indica que la siga, pasamos la parte principal del local donde veo desde parejas hasta familia comiendo, sonrió a unas cuantas personas que me sonríen. ¡Dios mio! Soy demasiado tímida pero estoy obligando a mis pies a que no hagan un ridículo aquí delante de tanta gente. Soraya abre unas puertas corredizas y me indica a que pase, doy un paso adentró esperando encontrar a Hayes pero no, no está. Suspiro de alivio pero el terror se apodera de mí. La chica se despide y cierra las puertas. Me encuentro parada en medio de una vista magnífica, toda la pared de frente es de cristal y lo que hay detrás es un pequeño jardín de tulipanes y calas, bañadas con una luz tenue.
Sólo hay una mesa para dos personas, en medio una única vela rodeada de pétalos de tulipán amarillo, dos sillas una frente a otra, un juego de vajillas de porcelana blanca con tenedores de plata aún lado y dos copas en cada lugar. Tanto las mesas como la sillas están cubiertas de blanco, la mesa con un cubre mantel encima de color dorado y las sillas con un fino listón del mismo color que termina en moño. Ambas son de madera.
Todo esto es como si hubiera sido sacado de los libros que he leído pero es tan real que siento morir. Han pasado quizás 10 minutos y yo sigo parada sin rastro de Hayes. Genial me dejo plantada. Sigo pasmada, tanta elegancia me dejaron así.
-¿Qué demonios hago aquí?-me digo y me maldijo en silencio. No debería estar aquí, no debería haber venido. Todo esto me recuerda a él y eso es lo que no quiero. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas. Tengo que salir antes que él llegue, así que giró para salir pero al hacerlo me choco con un pecho duro. Doy un paso atrás y tropiezo pero dos amables manos me agarran por mi cadera antes de que caiga y mientras coloco mis manos en unos hombros anchos para no hacerlo. Levantó la vista poco a poco y el pecado en persona me mira confundido. Viste de traje n***o con camisa blanca sin corbata, el último botón abierto. Frunce su ceño y eso hace que en su frente se dibujan tres líneas, su nariz es recta, sus cejas son pobladas y sus ojos azules oscuros están cubiertos por pestañas espesas y largas. Por un momento le tengo envidia. Miró más abajo en su rostro y me encuentro con unos labios gruesos, definitivamente son besables. Me falta el aire.
-¿Te encuentras bien?-dice esa voz con acento británico que me tramó todo el día.
-Si-consigo decir levantando la vista. Quita una mano de mi cadera y la pone sobre mi mejilla, con su pulgar seca una lágrima que se me ha escapado.
-No lo estás-dice inspeccionando mi mirada- ¿Qué pasa?
-Nada-le digo mientras me estabilizo y liberó de su agarre.
-¿Por qué te ibas?-pregunta mientras sigue con cara de confundido.
-Yo... Bueno verás, esto está mal. No debería de estar aquí-digo sosteniendo la mirada.
-No deberías pero estas-se acerca un paso más a mí-¿Según tú porque no deberías?
-No te conozco, no sé nada de ti sólo que...-espera, sólo sé que se llama James y nada más- Sólo sé tu nombre y ya.
-Apellido-corrige-Hayes es mi apellido.
-Ahí lo tienes. Ni tu nombre se, mira esto es una locura y no debí venir-en cualquier momento puede secuestrarme, violarme o matarme. ¡Oh dios no! Porque no le pensé antes de venir… oh no lo hice y lo olvide. Me doy una palmada mental por lo que voy hacer.
-Bueno pues es una cita para conocernos-dice sonriendo-No tengo otras intenciones contigo, ¿No crees que si te quisiera secuestrar ya lo habría hecho? Me hubiera evitado la cena.
-Lo sé pero aun así...
-¿Y qué tal si tú quieres hacerme algo?-interrumpe.
-Oh si, amigo. Tengo intenciones de violarte-digo sarcásticamente.
-No me opondría-sonríe mientras le brillan sus ojos.
-Como sea-le digo avergonzada.
-Bien, toma asiento y disfrutemos de la cena. Mis intenciones no son malas, lo juro-señala la mesa.
Estoy debatiendo en mi interior si seguir o disculparme y salir de aquí pero sé que por algo vine. Estoy tratando de comenzar de nuevo, olvidarme de él es mi principal propósito y olvidarme de todo lo que daña. Elijo quedarme, me doy media vuelta y camino a la silla, él viene detrás y me ayuda con ella. Debo de aprender a vivir y a disfrutar, no es como si me fuera a enamorar de este hombre enfrente de mí al instante. ¿Quién dice que no puedo tener amigos? Las puertas corredizas se abren y un mesero entra con dos platos.
-He pedido un Risotto con setas y aceite de trufas-dice mientras el mesero coloca un plato grande frente a mí-Es lo más rico del lugar, te va a gustar.
-Gracias-le digo a ambos.
Otro mesero llega con un cubitero y dentro una botella de vino blanco. ¡Okay! ¡Esto es mucho Hayes!
El mesero enseña la botella al hombre frente a mí y este asiente, descorcha la botella y nos sirve en una de las copas. Otro mesero llega con una pequeña jarra de agua y sirve en las segundas copas. Al término se van en silencio y nos dejan, tanta sincronización marea.
-Espero te guste el vino, es un Chardonnay joven.
-¿Chardonnay joven?-preguntó intrigada.
-Sí, se les dice así porque su tiempo de añejamiento es corto-toma un poco de su copa-Este es originario de Francia y es muy bueno para acompañar con esta comida.
Alcanzo mi copa y bebo también, el vino es un poco seco pero es rico. Tiene un sabor a fruta fresca como la pera y me gusta al instante. Necesito tener una de estas en mi apartamento.
-Es delicioso-dijo sonriendo.
-Lo es-dice y comienza a comer, lo imitó-Así que dime, ¿Hoy tendré la fortuna de conocer tu nombre, chica misteriosa?
-Sólo si me dices tu verdadero nombre, Hayes-sonrío.
-Steve-me mira y deja de comer un segundo-Mi nombre es Steve Hayes.
-Steve. Bonito nombre-le regaló una sonrisa de aprobación. El alza una ceja.
-Oh, muchas gracias.-ríe y vuelve a comer.
-Mi nombre es Olivia, Olivia Bennett.
-Olivia-saborea mi nombre como si fuera un poco de vino-Bonito nombre para una chica linda.
-Oh, muchas gracias-lo imito y ambos reímos.
Seguimos comiendo y tomando vino mientras nos damos miradas, las suyas son de seducción y por primera vez me siento sexy y hermosa a la vez. No sé qué tiene este hombre que me incita a perderme.
-Así que...-digo terminando mi plato- Eres británico, ¿No?
-¿Cómo lo supiste?-dice sorprendido.
-Tu acento.
-Pensé que ya había domado eso-medio sonríe.
-Tengo un amigo que es británico, estudiamos juntos por eso supe al instante que te escuche hablar que lo eras-digo para remediar lo que parece ser mi indiscreción-Si no lo conociera, diría que eres americano.
-He tratado de domarlo pero hay unas cosas que simplemente no puedes-me mira- Y tú, chica lista. ¿De dónde eres? Tu acento no es muy americano tampoco.
-Nací en Francia. Mi mamá es de allí y mi papá es de Oregón. Crecí allí hasta la adolescencia que me vine a vivir aquí pero como dices, algunas cosas no se pueden domar.
-¿Y qué haces en Chicago?-rellena las copas.
-Cambio de vida-miento aunque también es un poco de verdad- ¿Y tú qué haces en Chicago?
-Cambio de vida, igual-sonríe.
Seguimos platicando de pequeñeces como nuestros dos encuentros anteriores. No habla mucho sobre el tema del pleito de la chica y yo no insisto tampoco, no es como si me importara. Después me pregunta sobre mis pasatiempos a lo que respondo que leer y correr son lo que más hago aparte de practicar de vez en cuando yoga y jazz. El tiempo pasa muy rápido, tanto que quiero que se detenga para saber más de él. Le gusta cantar y tiene una banda con unos amigos, me promete un día llevarme para que los conozca. Le gusta el soccer ¡Igual que a mí! y ambos coincidimos que la Premier League es una de las ligas más competitivas del mundo. Tenemos un pequeño debate entre cuál de los dos equipos de Manchester es mejor, yo digo City y él dice United. Me cuenta que nació en Oxford y se graduó en Filosofía en la Universidad de Nottingham, al principio me río y le digo qué no tiene cara de ser lo suyo. Me confiesa que después estudió actuación y que ha tenido algunos papeles en obras de teatro, vuelvo a reír y le digo que tampoco es lo suyo. Me pregunta sobre mi.
-Estudié Psicología en Oregón y me gradúe ahí. Después de eso me vine aquí a Chicago y estoy en busca de trabajo-confieso.
-Dime que no es cierto-es su hora de reír-Toda una psicóloga, que locura.
Intenta llenar mi copa pero ya sería la cuarta así que la rechazó, tres son mi límite. Tomo mi copa de agua y seguimos charlando. Miro la hora y son veinte pasada de las diez.
-Es hora de irme-digo.
-Te llevare-se pone de pie.
-Oh, no es necesario. Tomaré un taxi-le digo poniéndome de pie también.
-De ninguna manera, yo te invite yo te llevaré.
Quiero protestar pero pone su dedo anular en sus labios diciendo "Guarda silencio" mientras toma mi chal y me lo ubica sobre los hombros.
-Pudiste haber traído algo más abrigado, la temperatura no es muy buena qué digamos-me regaña.
-Entonces hubieras especificado en tu nota "Nada de ropa deportiva, jeans desgastados o chal"-le aviento una mirada asesina.
Nos mirados por un momento largo mientras él mantiene sus manos en mis hombros, las siento tan calientes que el frío se me quita. Baja sus manos hasta mis caderas y en el camino va dejando un hormigueo, al llegar a su destino me atrae hacia él. ¡Jesús! Me estoy perdiendo en su mirada y me estoy dando miedo. Me pega un poco más a su cuerpo y sus labios se entreabren un poco, su aliento a vino blanco golpeó mi mejilla. Desvío mi mirada.
-Andando-digo.
Me suelto de su agarre y caminó por la puerta corrediza, él me sigue los pasos. Nos encontramos al mesero y me detengo para pagar la cuenta pero Steve toma mi mano y seguimos andando.
-¿Y la cuenta?-preguntó con temor a estar en la cárcel.
-Ya está pagada, no te preocupes-dice mirando sobre su hombro a mí. Tiene su ceño fruncido.
Caminamos por el local y veo que ya no queda mucha gente, sólo unas cuantas mesas son ocupadas. Llegamos hasta la puerta y le sonrió al chico que me atendió, me devuelve la sonrisa amablemente. Doy gracias a Soraya mientras tiene la puerta abierta para que salgamos y nos desea una buena noche. Aún voy tomada de la mano de Steve y no me quejo, me da miedo el notar que nuestras manos encajan perfectamente. Entrega un papel al valet parking, mientras esperamos una ráfaga de viento acompañada con una lluvia torrencial nos golpea, me estremezco del frío y me da una mirada de "Te lo dije", me suelto de su mano y me abrazo a mí misma. Genial, lo único que faltaba es que él tuviera razón. Me pasa un brazo por la cintura y me atrae hacia él, no me quejo, en realidad necesito que me caliente con su cuerpo. Estoy tan bien que cuando veo que una SUV Explored blanca estacionada frente a mí y le entregan las llaves a él me quejo.
Un chico del valet se acerca a mí con un paraguas y me ayuda a llegar al coche mientras que otro va con él al lado del conductor. Estando en la comodidad de la camioneta me siento mejor, lo miro de reojo y le doy mi dirección. Asiente y nos vamos.