Después de su confrontación con Maximus, Daniel pasó varios días sumergido en sus propios pensamientos y estrategias. La mansión Blackwell, que alguna vez le había parecido el lugar donde todo era posible, ahora se sentía como una jaula dorada. Sin embargo, sabía que debía seguir adelante. Había asumido un riesgo gigantesco con la criptominería, y aunque Maximus había lanzado su desafío, Daniel estaba decidido a demostrarle que no lo necesitaba. Lo que no esperaba era la reacción inmediata de quienes antes habían mostrado interés en él por su relación con Maximus. Una mañana, mientras revisaba sus inversiones en su oficina privada, su teléfono comenzó a sonar con notificaciones. Era un torrente de mensajes provenientes de las tres mujeres que Maximus le había sugerido como posibles esposa

