Aarón Cerré mis ojos mientras el avión aterrizaba, no el tenía miedo a volar, pero no me agradaba nada la sensación que causaba en mi cuerpo aquel movimiento, sobre todo después de casi dieciocho horas de vuelo. — Pensé que gritarías ¡vamos a morir! – Denis mueve sus manos y yo ruedo mis ojos. — Creo que te quedaras con las ganas, no soy tan idiota, la turbulencia es algo normal cuando atraviesas todo el océano, puede que haya tormentas – chasqueo la lengua. — Claro, yo lo sé, pero te agarraste con tanta fuerza que ahora deberán comprar tapiz nuevo – volvió a burlarse. — Creo que van a tener que comprar almohadas – la mire – Sera interesante decirle por qué se rompió una de ellas – entrecerró sus ojos — No, dijiste que el avión se quedaba con nosotros – me señala. — ¿Y e

