La conversación entre Esteban y Erin

1346 Palabras
A la mañana siguiente, Esteban encontró a Erin en el patio trasero, donde solía refugiarse para escapar del caos de la casa. Estaba sentada en el viejo columpio, con la mirada perdida en el horizonte. —¿Pensando en huir? —bromeó Esteban mientras se acercaba. Erin levantó la vista y esbozó una sonrisa sarcástica. —Si tuviera un mapa, ya estaría lejos.--- Esteban se sentó en el banco frente a ella, estudiando a su hermana menor. Había algo en su expresión que le recordaba a su propio reflejo cuando era más joven, determinación mezclada con una pizca de rebeldía. —¿Es tan malo que mamá quiera lo mejor para ti?--- preguntó Esteban Erin resopló,—¿Lo mejor para mí? ¿O lo mejor para ella?--- —No seas injusta. Mamá siempre ha querido protegernos. A veces sus métodos no son los mejores, pero sus intenciones sí lo son.--- respondió Esteban —¿Protegerme? —replicó Erin, con un tono que rozaba la incredulidad. —¿Y arreglar un matrimonio sin preguntarme es protección?,--- protesta Erin Esteban suspiró, sabiendo que no sería fácil. —Mira, entiendo cómo te sientes. Yo tampoco estaría de acuerdo si estuviera en tu lugar. Pero este matrimonio tiene sentido. Marcos es un buen hombre, Erin. Es inteligente, trabajador y, lo más importante, alguien en quien nuestra familia puede confiar.--- dice Esteban —No lo conozco, Esteban. Ni siquiera sé cómo es su voz.--- respondió Erin —Por eso deberías darle una oportunidad. Tal vez no sea lo que esperas, pero podría sorprenderte.--- dijo Esteban Erin lo miró fijamente, intentando descifrar si su hermano realmente creía en lo que decía o si solo estaba cumpliendo con una tarea impuesta por su madre. —¿Crees que soy incapaz de tomar mis propias decisiones? —preguntó con seriedad Erin —No. Creo que eres más capaz de lo que cualquiera aquí admite. Pero también creo que la vida no siempre se trata de lo que queremos. A veces, tenemos que hacer sacrificios por el bien común.--- respondió Esteban Erin se puso de pie, cruzando los brazos. —¿Sabes qué creo? Que si fuera uno de ustedes, no estaríamos teniendo esta conversación. Si fuera hombre, papá y mamá me estarían animando a entrar a la academia. Pero como soy mujer, me quieren encadenar a un matrimonio que no pedí.--- dijo Erin Esteban no respondió de inmediato. En el fondo, sabía que Erin tenía razón. —Solo quiero que seas feliz —dijo finalmente, levantándose también. —Entonces no me pidas que renuncie a mis sueños —replicó Erin, con un filo en su voz que cortaba como una cuchilla. Esteban la observó por un momento, queriendo decir algo más, pero sabiendo que ya había perdido la batalla. Sin decir una palabra, se dio la vuelta y regresó a la casa, dejando a Erin sola en el columpio, más decidida que nunca a luchar por su futuro. Mariana estaba en la sala de estar, fingiendo leer un libro mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Había observado a Esteban regresar del patio con las manos vacías y el semblante cansado. No necesitaba preguntarle para saber que su plan había fallado. Erin siempre ha sido testaruda, pensó. Pero si algo había aprendido en su vida era que cada persona tenía un punto débil, y Erin no era la excepción. Al día siguiente, Mariana comenzó a ejecutar su plan. Durante el desayuno, se mostró inusualmente callada, con una expresión de preocupación que no pasó desapercibida. —¿Estás bien, mamá? —preguntó Erin, alzando la vista de su taza de café. Mariana suspiró profundamente y se llevó una mano al pecho, como si le costara respirar. —No, cariño... La verdad es que no.--- respondió Mariana Lisandro y Esteban, que estaban en la mesa, intercambiaron miradas confusas. Erin dejó su taza a un lado, visiblemente alarmada. —¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?, --- preguntó con preocupación Erin Mariana asintió lentamente, con una expresión cargada de pesar. —Fui al médico hace unos días... y los resultados no fueron buenos.--- respondió Mariana El silencio cayó como un balde de agua fría sobre la mesa. —¿Qué tipo de resultados? —preguntó Lisandro, frunciendo el ceño. —Es el corazón —respondió Mariana, con un susurro apenas audible. —Dijo que... está muy débil. Que cualquier estrés o preocupación podría empeorar mi condición.--- respondió Mariana, sin mirar a su esposo Esteban apretó los puños bajo la mesa, sospechando que su madre exageraba, pero no se atrevió a interrumpirla. —Mamá... —Erin comenzó a decir, pero su voz se quebró. Mariana tomó la mano de su hija, mirándola con ojos llenos de supuesta tristeza. —Erin, lo único que quiero antes de que pase lo que tenga que pasar es verte segura, con un futuro estable. No puedo descansar tranquila sabiendo que podrías enfrentar una vida de incertidumbre.--- dijo Mariana, mirando a su hija. Erin tragó saliva, sintiendo cómo el peso de la culpa se acumulaba sobre sus hombros. —Mamá, no digas eso... No te va a pasar nada.--- dice Erin, sollozando —No lo sabemos, cariño. Por eso te pido, desde el fondo de mi corazón, que consideres esta boda. No por mí, sino por nuestra familia. Por tu padre, tus hermanos... y sí, por mí.---- dijo Mariana Erin miró a su madre, buscando señales de mentira, pero Mariana era una actriz consumada. —Está bien —dijo finalmente, con un nudo en la garganta. —Lo haré. Mariana sonrió, ocultando la victoria detrás de una fachada de fragilidad. —Gracias, hija. Eso significa el mundo para mí.--- dijo Mariana, abrazando a Erin Mientras Erin se levantaba de la mesa para procesar la noticia, Esteban se quedó atrás, observando a su madre con una mezcla de incredulidad y desagrado. —¿Qué acabas de hacer? —le susurró cuando estuvieron a solas. —Lo necesario —respondió Mariana, con frialdad. —Un día, Erin me lo agradecerá.--- --- Mamá, solo espero que no te equivoques y la que salga lastimada sea Erin, --- dijo Esteban, se levanta y se va a su trabajo En su estudio Lisandro medita cada palabra, cada expresión en el rostro de su esposa, llevan treinta años juntos y la conoce a la perfección. Sabe que esta mintiendo, pero no la desenmascaro delante de su hija, para que su esposa no pierda autoridad. Solo espero y no te equivoques con esta decisión Mariana, Erin es mi princesa y quiero lo mejor para ella, no soportará verla triste o que derrame una lágrima. Lucas que había escuchado desde las escaleras la conversación en el comedor fue al jardín en el viejo columpio esta su hermana, su semblante triste. --- oye enana, hagamos algo juntos, --- dijo Lucas revolviendo el cabello de su hermana --- no, hagas eso, me despeinas, --- protesta Erin --- vamos te va a gustar, --- dijo Lucas Erin sigue a su hermano, suben a su auto deportivo, llegando a un pequeño aeropuerto. -‐-¿ es lo que pienso?,--- pregunta Erin con una gran sonrisa en su rostro --- sabía qué te iba a gustar, vamos, --- dice Lucas Van a una avioneta donde espera Tistan el mejor amigo de Lucas, suben a la avioneta y cuando están a la altura, los hermanos se lanzan en paracaídas. Esa sensación de adrenalina y libertad le encanta a Erin, la hace sentirse viva. Mientras disfruta de las piruetas en el aire, sin ningún pensamiento, sin importar esa absurda boda o la enfermedad de su madre. Mientras tanto Tristan le mando un video a Esteban que sonríe al ver a sus hermanos menores,--- esos dos están locos,--- ríe Esteban En la casa Lisandro, al ver que sus hijos no están decidió enfrentar a su esposa. --- Mariana, ¿porqué mentiste de esa manera a nuestra hija,--- dice Lisandro La voz de Lisandro sorprendió a Mariana que pone una mano en su pecho. --- me asustaste, lo hice por el bien de nuestra hija, --- respondió Mariana
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