El día del cambio

1352 Palabras
El día de la boda llegó con un cielo despejado y un ambiente que parecía cargado de expectativas. La casa de los Linares era un hervidero de actividad, con familiares y amigos llegando de todas partes para ser testigos de la unión entre Erin y Marcos Montesano. Erin, sin embargo, se sentía como una extraña en su propia vida. Desde temprano, había sido arrastrada de un lado a otro, maquillada, peinada y vestida sin que nadie le preguntara si estaba bien. La sensación de estar atrapada en una jaula dorada se hacía más evidente con cada paso que daba hacia el altar que no había elegido. Mientras las damas de honor ajustaban los últimos detalles de su vestido, Mariana entró en la habitación, luciendo radiante. —Estás hermosa, hija —dijo, con una sonrisa cargada de orgullo. Erin asintió, sin poder encontrar las palabras para responder. —Recuerda, cariño, que esto es por el bien de todos. Estoy tan orgullosa de ti por hacer este sacrificio.--- dice Mariana Esas palabras golpearon a Erin como un martillo. Sacrificio, la misma palabra que había estado rondando su mente durante semanas, justificando cada paso que daba hacia un destino que no deseaba. —¿Y tú? —preguntó Erin de repente, mirándola fijamente. —¿Qué estás sacrificando, mamá?,--- Mariana parpadeó, sorprendida por la pregunta, pero antes de que pudiera responder, una de las damas de honor interrumpió para avisar que todo estaba listo. Mientras tanto Stifler y su esposa van llegando a la mansión de los Linares, solo que el hombre mayor tiene un mal presentimiento, había notado a su hijo con mucha calma, era extraño. Marcos vestido con su traje de bodas, estaba subiendo a su auto cuando suena su teléfono, mira el identificador, "campanita", inmediatamente toma la llamada, del otro lado se escucha el llanto de una mujer. --- No sabía a quien llamar tuve un accidente, estoy en el hospital, --- llora la mujer Marcos se desespero, tomó los documentos de la boda los firmo y se los dio a su asistente. --- llévalos a la boda, que Erin firme, --- El asistente lo mira sorprendido, pero hace lo que su jefe ordena, ve como el auto de Marcos se pierde en la transitada calle, --- el señor Stifler estará de mal humor hoy,--- Con esas palabras sube a su auto y parte a la mansión de la familia Linares. Erin caminó hacia el altar con pasos firmes pero inseguros, su rostro oculto tras el velo. Las miradas de los invitados estaban puestas en ella, y cada una de ellas se sentía como un juicio. Pero lo que más le sorprendió era no ver el rostro de Marcos al final del pasillo. Cuando llegó al altar, su corazón dio un vuelco al descubrir que en lugar de su prometido, había un hombre vestido con un traje oscuro sosteniendo un sobre. El sacerdote se aclaró la garganta, visiblemente incómodo. —Erin Linares, este es el asistente del señor Montesano. Él tiene algo para ti.--- El asistente extendió el sobre con una expresión neutra. Erin lo tomó con manos temblorosas, sintiendo que toda la sala contenía el aliento. Abrió el sobre y sacó un documento, los papeles de matrimonio ya firmados por Marcos. Junto a ellos, había una nota breve. "Lo siento. No puedo hacerlo. Espero que entiendas. Marcos." Erin leyó las palabras una y otra vez, como si al hacerlo pudiera cambiar su significado. Un murmullo recorrió la sala mientras los invitados comenzaban a comprender lo que estaba pasando. Por un momento, Erin sintió que todo se detenía. Miró a su alrededor, viendo las caras de los invitados, las expresiones de desconcierto de sus hermanos y, sobre todo, la furia contenida en el rostro de Mariana. Pero lo que más le sorprendió fue darse cuenta de que no estaba enfadada ni decepcionada. Estaba aliviada. Erin firmo los papeles en sus manos y se giró hacia el público, con la cabeza en alto. —Gracias a todos por venir —dijo, con una voz sorprendentemente firme. —Pero no habrá boda hoy. Sin esperar una respuesta, le entrego los documentos al asistente de Marcos, se dio la vuelta y caminó hacia la salida, dejando a todos en un estado de asombro. El rostro de Lisandro y sus hijos era de enojo, Mariana sin saber qué hacer, solo despidió a los invitados. Stifler Montesano estaba furioso con su hijo, su esposa Patricia trataba de calmar a su esposo. Esa noche, Erin se sentó en la mesa de la cocina, todavía con el vestido de novia, pero descalza y con el cabello desordenado. Frente a ella había una lista de requisitos para la academia militar, los mismos que había guardado en un cajón hacía meses, pensando que nunca tendría el valor de usarlos. Con una determinación renovada, tomó un bolígrafo y comenzó a llenar los formularios. Cuando Lisandro entró a la cocina, la miró en silencio por un momento antes de sentarse frente a ella. —¿Estás segura de esto? —preguntó, con un tono neutral. —Más segura que nunca —respondió Erin, sin apartar la vista de los documentos. Lisandro asintió, un destello de orgullo cruzando sus ojos. —Entonces tienes mi apoyo.--- dijo Lisandro Erin lo miró, sorprendida, y por primera vez en mucho tiempo sintió que alguien en su familia la veía realmente por lo que era. Esa noche, mientras todos dormían, Erin se permitió sonreír. Había perdido algo que nunca había querido, pero había recuperado algo mucho más importante, su libertad y la posibilidad de luchar por sus sueños. Mientras tanto en una sala vip del hospital, Marcos consuela a una mujer. --- perdón amor no sabia a quien llamar, --- decía la mujer --- tranquila cariño, lo importante ahora es tu recuperación, Erin entenderá, --- respondió Marcos, abrazando a la chica que sozollaba en sus brazos. La chica que tenia la cabeza apoyada en el pecho de Marcos, esbozo una sonrisa malvada. Recuerda como se estrelló apropósito contra el árbol para poder evitar la boda de Marcos. En su mente, piensa, "solo yo puedo ser la señora Montesano, " se repetía a si misma. --- trata de dormir te hará bien, --- dice Marcos. La joven se acomoda en la cama y se duerme completamente segura que su plan había sido perfecto y pudo evitar la boda de Marcos. En la mansión de la familia Montesano, Stifler esta furioso, a llamado a su hijo por teléfono, pero no responde lo envía a buzón. Patricia su esposa trata de calmar el enojo de su esposo Stifler esta a punto de explotar. --- amor cálmate le hará mal a tu presión arterial, --- decía Patricia Esas palabras para Stifler no significan nada, piensa en la humillación que le hicieron pasar a la familia Linares. Conoce perfectamente a Lisandro y sabe que no será tarea fácil calmar el enojo del viejo General Lisandro Linares. --- espero y Lisandro perdone esta humillación que le ha hecho la familia Montesano, --- dijo Stifler tratando de sonar calmado. --- Solo espero que no estés con esa mujer,--dijo Stifler con resignación en su tono de voz En el hospital Marcos se había quedado dormido, mientras la chica lo mira, sin duda es un hombre guapo, ha sido su novia desde la secundaria, no dejará que una chica, se lo quite y menos Erin Linares, según averiguo, la hija de la familia Linares, es caprichosa, consentida, siempre tiene lo que quiere. Sus padres y hermanos siempre la han malcriado en todo, en su teléfono busca noticias del día y encuentra una donde se puede ver la foto de Erin sola en el altar, no puede evitar esbozar una sonrisa de satisfacción, por lo que hizo. Marcos se mueve en la silla, la joven esconde su celular bajo la almohada y se hace la dormida. En ese momento Marcos se levantó de la silla para estirar sus piernas al encender el teléfono puede ver las llamadas y mensajes de su padre, madre y Mariana Linares, no puede evitar pasar una mano por su cabello, despeinadolo y suspirando.
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